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Turquía ante el dilema: hiyab o Europa

Marianna Bélenkaya
Redacción
martes, 21 de agosto de 2007, 04:09 h (CET)
El 20 de agosto el parlamento elegirá al presidente de Turquía.

Hasta ahora existe una sola candidatura: Abdullah Gül, representante del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), hoy Ministro de Exteriores del país. De hecho, su elección no suscita dudas, y si incluso no se produce en la primera vuelta, será en la última a celebrarse el 28 del presente.

Por primera vez en la historia de la República de Turquía donde la religión está separada del Estado, podrá ser elegido presidente un adepto al chariat. La elección que en fechas próximas harán los diputados al parlamento turco determinará en muchos aspectos el futuro desarrollo no sólo de Turquía sino también de Europa.

Y no se trata de que Turquía ingrese o no en la Unión Europea llevando consigo a la casa común a unos 70 millones de musulmanes. Procede señalar que quienes intervienen contra esta perspectiva, tienen miedo al cambio del equilibrio demográfico en Europa y a la crisis de la idiosincrasia europea, en primer lugar la cristiana. Sin embargo, el número de musulmanes en Europa viene creciendo sin "ayuda" turca, y no sólo a costa de la población "westernizada" y laica de Turquía.
Es más importante el proceso paralelo: la "islamización" de los países musulmanes con regímenes laicos, incluida Turquía, donde va aumentando impetuosamente la población que apela a la religión y al modo de vida musulmán. Se podrá observarlo comparando el número de mujeres con velo en las calles de las ciudades de estos países con la situación existente hace 5 ó 10 años. Su número crece rápidamente.
Uno de los problemas más debatidos en vísperas de las presidenciales es el velo que usa la esposa de Gül: Hayrunisa Gül. En la república laica fundada por Mustafá Kemal Atatürk a principios de los años 20, hasta hoy seguía siendo inconcebible la aparición de la mujer con velo en las instituciones estatales, incluidas las escuelas y universidades. Procede señalar que en su tiempo Hayrunisa Gül se hizo célebre porque se dirigió al Juzgado Europeo de Derechos Humanos solicitando reconocer el derecho de la mujer a usar el velo en la universidad.
La discusión del problema del velo que usa la esposa del primer mandatario puede parecer poco importante, máxime que el presidente Gül en persona jura defender los valores laicos de muchos ciudadanos formulados por el fundador del país Atatürk. Sin embargo, para muchos ciudadanos de Turquía la simbólica, es decir, una mujer envelada en el palacio presidencial es mucho más importante que el intento de cambiar el sistema de organización estatal.
Ya esta primavera, cuando el PJD promovió por primera vez la candidatura de Gül para el cargo de presidente, el ejército que se considera garante del régimen laico, expresó su descontento por el desarrollo del acontecer, mientras que la líder de la oposición ( el Partido Popular Republicano) se negó a participar en la votación de entonces y luego recurrió sus resultados ante el Juzgado. La superior instancia judicial de Turquía declaró nulos los comicios por falta de quórum en el parlamento. En pos de ello, Gül, el único aspirante al cargo presidencial, retiró su candidatura y en el país fueron anunciadas las elecciones anticipadas celebradas el 22 de julio. Como resultado el PJD recibió el 46,6% de votos habiendo mejorado sus posiciones (antes tenía el 34,4%). Aunque en la primera vuelta el parlamento no reunió el 75% de votos necesarios para elegir al presidente, podrá asegurar la victoria de su candidato en la tercera vuelta que requiere simple mayoría de votos. No es casual que después de las parlamentarias que pusieron de manifiesto la influencia del PJD, el ejército pasara en silencio la segunda promoción de la candidatura de Gül, pero indudablemente seguirá ojo avizor todas sus acciones, dispuesto a inmiscuirse en cualquier momento como lo sucedía ya en la historia del país.
Entretanto, Gül rechaza todas las críticas respecto a la posible aparición de su esposa con velo en el palacio presidencial de su país señalando que es su derecho garantizado por la Constitución. "Turquía es un país en que predomina la Ley y, además su Constitución garantiza los principios fundamentales de los derechos humanos incluido el derecho a vestirse a su gusto", declaró a periodistas.
Es de recalcar que los debates librados hoy en Turquía son copia absolutamente exacta de aquello lo que sucede en Europa. A ello se debe agregar la prohibición del hiyab y otros atributos religiosos en los centros de estudios franceses y el examen por el parlamento de los Países Bajos de la posible prohibición de la paranjá en los lugares públicos.
A propósito, es un problema de actualidad no sólo para esos países, sino para el resto de Europa. No se trata del hiyab, sino de la posibilidad de integrar las culturas.
Se trata de buscar un compromiso entre la observancia de los derechos humanos y la conservación de la idiosincrasia de tal o cual Estado o de un grupo de Estados (UE) y a veces también de la seguridad (en el caso de paranjá). Otro asunto es el de la coexistencia de las culturas, mejor dicho, la elaboración de nuevos principios de esta. El diálogo entre las civilizaciones es aplaudido de palabra, pero cuando llega el momento de aplicarlo concretamente, por ejemplo en el caso de hiyab, sin saber por qué, las palabras quedan en el aire, incluidas las declaraciones sobre los derechos y libertades del hombre. En la actualidad está en boga la opinión de que Europa y el mundo islámico tienen la experiencia de fructífera coexistencia pacífica. Pero entonces era otra Europa, otro mundo islámico y otras reglas de juego. Pero ¿cómo adaptarse hoy a los nuevos rasgos de la faz europea que varía de día en día, proceso que sin duda es inevitable?

Tal vez, en caso de su elección para el puesto presidencial, Abdullah Gül, adicto a los valores islámicos y al chariat, pero orientado hacia Europa, pueda dar respuesta a este interrogante.

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Marianna Bélenkaya, para RIA Novosti.


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