Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Parejas de hecho y recesión económica

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 20 de agosto de 2007, 02:30 h (CET)
Cuando hace unos años hablabamos de una pareja no teníamos mecesidad de más aclaraciones, porque se daba por supuesto que se traba de un hombre y una mujer. Si nos referíamos a otra clase de parejas, especificábamos quienes o qué cosas las componían, por ejemplo, una pareja de guardiaciviles o una pareja de rufianes. Pero esta simplicidad del concepto hace ya tiempo que ha desaparecido, al menos desde que la democracia ¡qué tanto bueno trajo y tanto malo nos ha dejado!, se encargó de complicarnos la vida al inventarse más géneros de los que tradicionalmente nos habían legado nuestros ancestros. La modernidad, la progresía, el laicismo, el feminismo y el relativismo se conjuraron para intentar convecernos de que lo de macho y hembra no era más que un anacronismo trasladado, a la fuerza, por mentes oprimidas y reprimidas sexualmente; empeñadas en no reconocer las nuevas variantes que el exceso de libertad sexual, la promiscuidad desde tempranas edades entre hombres y mujeres y el precoz hastío que tanta facilidad pudiera causar, en unos y otros, el deseo de querer experimentar, como si se tratara de una droga más, otros placeres que, por el hecho de estar secularmente prohibidos y rechazados por la sociedad, contenían el aliciente añadido de lo vedado (recuerden lo de Adán y Eva en el Paraiso y sus consecuencias).

No niego, por supuesto, que un tanto por ciento de este tercer sexo pueda provenir de una alteración hormonal de nacimiento, pero el auge que la homosexualidad ha adquirido de unos años a esta parte, el enorme tanto por ciento de gente joven y vieja que se pasan de bando cada día, no puede ser más que el fruto de una relajación cada día más evidente de las costumbres. Se me podrá argumentar que siempre los ha habido y que si no se manifestaban era por miedo al rechazo de la Sociedad; lo admito, pero me cuesta creer que fueran tantos, de tantas clases y por supuesto tan horteras y exhibicionistas como los que tenemos que soportar en las calles de nuestras ciudades.

Lo que ocurre es que, tanto divorcio, tantas parejas de hecho, tantas separaciones de hecho y derecho, tantos jóvenes que se quieren independizar, tantas parejas homosexuales, tantas parejas de lesbianas han traido, como no podía ser menos, un cambio en nuestra Sociedad y, hay que decirlo, otro cambio en algunos sectores de la economía nacional. Veamos, si no, lo que ocurre con al Seguridad Social que se ve obligada a contemplar viudos de machos y viudas de hembras (veremos si algún día se extenderá a la zoofilia) lo que significa una carga adicional que, cada vez, será más gravosa para las pensiones de las clases pasivas. En otro aspecto, el de la vivienda, no hay duda de que la facilidad para casarse y descasarse (divorcio expres) provoca entre nuestra juventud una tendencia a juntarse (hombres con mujeres, hombres con hombres y mujeres con mujeres) lo que viene provocando una demanda extra de viviendas porque, todavía hay muchas familias que no admiten tener en casa a un sarasa como nuera y viceversa. Esta demanda tiene la particularidad de que, dados los alquileres elevados que se piden en las grandes ciudades, las jóvenes parejas tienden a la compra de vivienda, para lo cual les piden a los padres que paguen la entrada y, para cubrir el resto del precio, solicitan una hipoteca. ¡Perfecto! parece que todo está arreglado, pero están equivocados. El deseo sexual, que no amor, les hace confundir el culo con las témporas y resulta que, cuando se dan cuenta de que las heces del novio o el sudor de la novia (desconocidos para ambos durante el precontrato) no son tan agradables como habían pensado y empiezan a recriminárselo mutuamente; entonces es cuando comienzan los problemas. No tienen paciencia para aguantarse, porque no hay el vínculo del amor y esto les lleva a partir peras y, si no hay niños de por medio (lo cual complica más el tema), se pasa el nublado separándose. ¿Qué pasa con la casa y la hipoteca? Juzgados, reyertas familiares ¡qué si el dinero lo puso mi padre!,¡qué si mi madre pagó los muebles¡ ¡qué si tal!¡que si cual!... Uno a vivir con sus padres y el otro con los suyos, hasta que encuentren nueva pareja y ¡vuelta a empezar! ¿Son los matrimonios de homosexuales más estables? No lo sé, puede que su amor sea más profundo, puede que sus tendencias sexuales sean más polimórficas y puede que un día cojan el sida. No están exentos de celos, de broncas y de los mismos problemas de las otras parejas, lo que ocurre que aquí no hay sexo débil. Si dos hombrones deciden dilucidar una discusión a golpes la batalla puede ser cruenta y lo mismo entre dos mujeres. Miren, una ventaja, porque aquí si que es difícil una acusación por violencia de sexo ¿cuál es el sexo débil? Por cierto, hablando de este tipo de violencia, ¿me quieren decir lo que se ha adelantado en el esfuerzo para erradicarla? El señor Fernández Bermejo ha dicho que las víctimas no quieren que se las ayude. Vamos señor ministro, cuide sus expresiones, porque de todos es sabido que hay a cientos de mujeres que denuncian a su pareja por malos tratos varias veces y en los juzgados hacen oídos sordos hasta que tienen que comparecer para levantar el cadáver de las infelices. Lo que ocurre es que los políticos se han dedicado a toda clase de actividades ajenas a atender las demandas verdaderas de la sociedad. Una observación, una gran mayoría de casos afectan a inmigrantes y a parejas de hecho.

Pero atengamos a todos aquellos que consiguen conservar la unión durante unos años y unámoslos a aquellos otros que se casaron por amor, pero con sueldos justitos. Hoy en día, a diferencia de lo que ocurría en nuestros tiempos, los que se juntan o casan dan por descontado que deberán tener casa propia; que disfrutarán de coche; que saldrán el fin de semana a la playa, a la montaña o al campo y que irán a ver un espectáculo semanalmente. Mientras el país lo aguante irán tirando, pero yo me pregunto ¿y si las cosas se tuercen? Supongamos (que no es mucho suponer si uno sigue la economía) que la burbuja inmobiliaria se viene para abajo; si, como viene sucediendo, el ibor aumenta (está al 4’6%) y si la construcción, como ya se está notando, entra en recesión. Aquí veremos a nuestro Gobierno sufrir, porque no está preparado para que la gente deje de pagar las hipotecas por falta de liquidez; deba suprimir el salir de excursión; deje de comer fuera los domingos o tenga que dejar el coche en casa para poder llevar al niño al colegio. Entonces el señor Zapatero sabrá lo que es que las cañas se le vuelvan lanzas y que, aquellos que le alababan, le exijan cuentas por su gestión y su falta de previsión. Entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes. Quisiera equivocarme, pero me temo que no.

Noticias relacionadas

La Querulante

Cree que el mundo entero está contra él y por lo tanto se defiende atacando con contenciosos de todo tipo

Tras una elección histórica, comienza el trabajo de verdad

El Partido Republicano aumenta su mayoría en el Senado mientras que los demócratas logran obtener el control de la Cámara de Representantes

Extraños movimientos políticos que alertan de un invierno caliente

“El verdadero valor consiste en saber sufrir” Voltaire

Uno ha de empezar por combatirse a sí mismo

Obligación de vencer ese mal autodestructivo que a veces, queriendo o sin querer, fermentamos en nuestro propio mundo interno

Ataque al museo

Hay colectivos que van a terminar comiéndose las patas, como los pulpos.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris