Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Agosto insoportable, zarrapastrosa España

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 19 de agosto de 2007, 06:48 h (CET)
Me he cogido debajo del brazo a Misanta y Misantita y me he largao de España. En principio nuestra intención era ver mundo pero al regresar a casa, leer los periódicos atrasados y ponerme al día con la radio y la televisión, me he preguntado si en realidad no pretendía huir, dar un tiempo a los políticos y esperar a ver si a mi vuelta se habían empezado a solucionar los problemas. La decepción ha sido todo lo grande que ustedes se pueden imaginar, claro.

He llegado a la clara conclusión de que he hecho mal, agosto no nos ha salido en exceso cálido y lo mejor hubiera sido quedarse en casa. Desde hace años, agosto se ha convertido en un mes para encerrarse y no salir. En agosto la gente coge vacaciones, sale a correr mundo y te la puedes encontrar en cualquier parte. Abandonan momentáneamente la colmena periurbana en la que viven, prescinden durante unos días de la telebasura y te arruinan los días que tanto habías estado esperando. Tengo un compañero que dice que desde que todos tenemos coche da asco. Me permito superar la hipérbole: Desde que cualquier mindundi puede coger un avión mejor encerrarse en la fresquerilla y esperar a que agosto escampe.

En España tenemos mucho más dinero que educación y cuentas de ahorro mucho más grandes que nuestra cultura, somos nuevos ricos preocupados en exceso por disfrutar de nuestra súbita opulencia y despreocupados de mejorar nuestra conciencia. A eso se llama empezar la casa por la ventana. O sea, un asco de país, mire usté. Empiezo a creer que viajamos para poder contarlo, como el torero aquel cuando se benefició a la actriz de Jólivuz. Lo importante no es conocer el cabo Norte, sino venirnos a casa cargaditos de videos y fotos con los que dar la inmensa tabarra a los vecinos y demostrarles lo pudientes y viajaos que somos.

Al mismo tiempo hacemos pública ostentación de nuestras limitaciones de educación y cultura. Por algún motivo el español cree que no es lícito afeitarse y ducharse mientras se está de vacaciones y asalta los más sagrados monumentos a voz en grito, con barba de seis días y en camiseta de tirantes, quizá con el secreto afán de mostrar pública e impúdicamente sus tatuajes en el hombro, sus musculosos bíceps y el vello de las axilas, que hace muy machote. Así ¿vestido? el ciudadano invade estaciones y aeropuertos y colapsa todo tipo de trasportes. Y tú tienes que convivir con ellos encerrado en el inconfortable espacio de una reducida cabina de pasajeros o en un abarrotado tren.

Zarrapastrosa España que todavía no ha olvidado los trenes de vapor de la posguerra, cuando el olor a bocadillo de tortilla de patata -¿Gusta usté?- y a vino peleón inundaban trenes con asiento de madera. En una sola generación hemos descubierto el AVE pero seguimos ignorando las más elementales normas de comportamiento social. El dinero no lo es todo y llena el bolsillo de los que lo ignoran.

No es la cultura el principal motor de todos los que se acercan a Roma, de los que pasean por los museos vaticanos o se agolpan miserablemente en la capilla Sixtina. Se trata sobre todo, además de poder enseñar la foto al vecino, de un estúpido mimetismo social, de seguir la corriente que nos lleva no sabemos dónde no sabemos a qué para gastar tanto dinero como hemos acumulado en esta época de vacas gordas.

La ordinariez ramplona del viajero, su ignorancia y sus limitaciones en todo terreno que no sea el crematístico quedan demostradas cuando ataviado con visera, gafas oscuras, polo y pantalones de la marca del más caro diseñador de moda se te acerca en una terraza de Roma y con gesto de gran consuelo dice: “Ay, españoles, por fin, oír hablar en español, qué alivio, qué alegría, es que acabamos de llegar a Roma, nos podéis decir qué se puede ver aquí?”. Y juro que es estricta verdad, a menos de cincuenta metros el Coloseo y el Foro fueron testigos de cómo a ese español le fueron señalados en Roma cinco o seis de los monumentos más importantes de la ciudad, para qué más.

Mejor volverse a casa, empeñarse en la lectura de libros y periódicos y olvidarse del mundanal ruido de una sociedad cochambrosa, torpe, zafia que tantos años después sigue, impertérrita, adorando al becerro de oro. Sin haber escarmentado, coño.

Noticias relacionadas

Gobernantes y gobernados

De la adicción a los sobornos, a la adhesión de los enfrentamientos: ¡Váyanse al destierro ya los guerrilleros!

Borrell en retirada o táctica del PSOE

Pátina de sensatez capaz de equilibrar unos nombramientos en su momento tomados como extravagancias

Plagscan desmiente a la Moncloa y R.Mª.Mateo censura la TV1

Un gobierno enfocado únicamente a conseguir mantenerse en el poder

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris