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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Ciclismo

Ángel Miguel Alonso (Madrid)
Redacción
sábado, 18 de agosto de 2007, 04:23 h (CET)
“Soy inocente, nunca me he dopado”. Con estas palabras se defendía Alberto Contador, actual ganador del Tour de Francia. La cuestión que me preocupa no es si Contador ha mentido en particular, sino por qué y desde cuándo lleva haciéndolo el ciclismo en general. No me parece legítimo ni moral que la mayoría de los ciclistas se dopen y que del grupo de los que lo hacen gane el mejor.

Nadie habla ya de José María Jiménez ni de Marco Pantani. Dos víctimas del ciclismo. ¿Eran adictos a las drogas cuando debutaron o contrajeron esa lepra durante su carrera profesional? Es duro pensar que “El Chava” se pudre en un cementerio por la única razón de ser ciclista.

Si esto es así, este deporte no merece la pena. No se puede jugar con la admiración de esos niños que se pegaban a la tele para ver ganar a Indurain sus cinco Tours. Y lo que el niño admiraba era precisamente ese esfuerzo excepcional que se hacía en los puertos de alta montaña. O ese morirse en la bicicleta para ganar la crono. Yo fui niño. Devuélvanme la ilusión.

Todos los que se dopan no merecen ser llamados ciclistas. Ni se merecen el respeto de nadie. Todos ellos deberían de perder su licencia para siempre. Quizás al final quedarían cuatro, pero esos cuatro merecerán la pena. Los otros no. Y los directores y médicos que se apliquen el cuento. Si no se puede ganar con esfuerzo se pierde con honor.

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