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Rusia perdona a los que estaban en deuda con la URSS

Oleg Mityáiev
Redacción
sábado, 18 de agosto de 2007, 04:23 h (CET)
Se presenta como un acontecimiento positivo lo sucedido el pasado 6 de agosto, cuando Rusia condonó a Afganistán la deuda de 10.400 millones de dólares, contraída en su tiempo con la Unión Soviética. En efecto, es mejor olvidarse del dinero que hace mucho un país ya inexistente prestó a un régimen ya no inexistente de otro país para comprar armas que ya no sirven para nada. No obstante, conforme a las prácticas mundiales, el país que hace gestos tan generosos recibe a cambio unas preferencias sustanciales por parte de su antiguo deudor. El acuerdo alcanzado con Afganistán no depara ventajas algunas a Rusia. Es más: las autoridades de Moscú llevan el propósito de seguir perdonando las deudas “malas” a otros países.

Hay motivos para afirmar que las deudas afganas pertenecían a la categoría de muertas. La URSS desde los años sesenta del pasado siglo concedía créditos a este país, un 95% de los cuales se utilizaban para financiar las adquisiciones de armamento de fabricación soviética. Primero, recibía el dinero el monarca afgano y desde 1978, el régimen comunista, para apoyar al cual la URSS en 1979 envió sus tropas a Afganistán. Pero 10 años después el contingente soviético se retiró del país y la URSS, al conceder el último crédito a los amigos afganos en mayo de 1991, tardó pocos meses en dejar de existir. Así que las deudas afganas ante Rusia moderna fueron contraídas hace 16-18 años.
Importa señalar que Afganistán apenas se las arregla, manteniéndose a flote exclusivamente a expensas de la ayuda financiera internacional. Por eso el viceministro ruso de Finanzas, Serguei Storchak, pintó en color de rosa la condonación oficial del débito afgano. Resulta que antes de hacerse con el derecho de no devolver el dinero a Rusia, la actual cúpula gobernante afgana tuvo que reconocer que la deuda existía. La parte rusa ayudó a documentarla, pues las guerras permanentes que desde decenios se conducen en el suelo afgano causaron estragos en los archivos locales. A consecuencia del esfuerzo titánico aplicado por los dos países “se logró dejar sin efecto” los compromisos financieros de Afganistán ante Rusia, según dijera Storchak.
Es curioso que Afganistán tampoco pretenda devolvernos una deuda “pequeña” de 730 millones de dólares, pendiente tras la condonación del débito principal. Para quedarse con este dinero nuestro vecino sureño tan solo debería demostrar dentro de dos años haber gastado una suma similar en proyectos domésticos en el marco del programa internacional HIPC.
Vale la pena hace recordar que ya a principios de 2006 las autoridades de Moscú prometieron al omnipotente Club de París condonar la deuda afgana. En los años noventa del pasado sus miembros condonaron a Rusia una parte sustancial de los intereses adeudados por la URSS y hace poco ofrecieron la posibilidad de devolver por anticipado la deuda soviética, pese a las pérdidas financieras que ello implicaba en concepto de intereses. Por eso Rusia resolvió olvidarse de los créditos que su antecesor concedió en su tiempo a los regímenes de toda laya.
Conforme a las prácticas extendidas en las relaciones internacionales, el país que haya perdonado al deudor –en este caso, Rusia- podría esperar que obtendría a cambio determinadas preferencias. He aquí el último ejemplo. El pasado mes de julio Francia “ayudó” a Libia resolver el problema de enfermeras búlgaras y por ende acabar con el duradero aislamiento internacional. Acto seguido, Libia cerró con compañías francesas contratos multimillionarios.
Según parece, el acuerdo entre Rusia y Afganistán no contempla cláusulas similares algunas. Las autoridades rusas afirman que el documento facilitaría el desarrollo de la cooperación económica bilateral. Pero no está claro en qué ámbitos. El ministro de Finanzas, Alexei Kudrin, tan sólo mencionó el posible suministro a Afganistán de 550 vehículos todo terreno de fabricación rusa. ¿Por qué entonces cantaban victoria funcionarios rusos?
A juzgar por todos los indicios, las autoridades de Moscú pretenden continuar con estas prácticas y estudian arreglar, o sea, condonar, antes de que finalice el año la deuda iraquí de 10.000 millones ante la antigua URSS. Storchak, adjunto de Kudrin, ya habla de ello con “optimismo cauteloso”. Según parece, en esta ocasión el Ministerio de Finanzas tampoco lleva el propósito de vincular el proceso de arreglo de la deuda con la participación de las compañías rusas en el desarrollo de los yacimientos petrolíferos en Iraq.

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Oleg Mityáiev, para RIA Novosti.


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