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Calidad de la carne

Mijaíl Jmeliov
Redacción
viernes, 17 de agosto de 2007, 06:18 h (CET)
El problema de calidad de la carne polaca suministrada a Rusia, imperceptiblemente se ha convertido en el principal obstáculo que impide el desarrollo de la cooperación entre Rusia y la Unión Europea (UE).

Las últimas noticias confirman que las partes de manera rotunda se abstienen de escucharse mutuamente. Rusia no está dispuesta a abrir su mercado a la carne polaca porque tiene objeciones sobre su procedencia y calidad. Y Polonia y la UE, en lugar de disipar esas dudas, cada vez que pueden inculpan a Moscú de adoptar actitudes preconcebidas.
La prohibición a los suministros de la carne polaca impuesto por Rusia en 2005 no sólo es la piedra de tropiezo en las relaciones entre ambos países, sino también un freno a la interacción de Rusia y la UE. Debido a este contencioso, se paralizó el proceso para la adopción de un nuevo tratado de asociación y cooperación entre Rusia y la UE. El plazo del convenio vigente expira en diciembre, y la ofendida Polonia bloquea la concertación de uno nuevo. De por sí, el tratado no es una cosa del otro mundo, pero si no se firma puede influir negativamente en el ánimo de los inversores, o frenar la concertación de nuevos contratos comerciales. Por añadidura, pende el riesgo de que se denuncie el acuerdo ya suscrito con la UE sobre el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Polonia, en represalia por las sanciones comerciales rusas plenamente está en condiciones de revocar su firma de ese documento.
Ha transcurrido más de año y medio desde el momento en que Moscú estableció su veto a Polonia. Los reclamos rusos a la calidad de los productos cárnicos polacos se han confirmado y existen documentos que los certifican.
Esas objeciones incluye los suministros de carne de mala calidad procedentes de terceros países, y el incumplimiento de las normas fitosanitarias por parte de empresas del sector cárnico en la misma Polonia. Desafortunadamente, en el momento en que se impusieron las sanciones no fue posible establecer el dialogo entre los funcionarios fitosanitarios de los dos países. Como admite la parte rusa, los polacos simplemente renunciaron al cualquier tipo de contacto para abordar el tema, declarando de forma inapelable la irreprochable calidad de sus productos alimenticios destinados a la exportación. Además de eso, desde Varsovia cada vez se escuchan con más frecuencia las acusaciones de que Moscú utiliza el asunto de la carne en calidad de instrumento de presión política sobre su vecino.
En esta disputa, la UE apoya a Polonia al afirmar que la prohibición impuesta absolutamente a toda la carne y a todas las hortalizas de ese país es inadecuada porque es excesivamente severa en comparación con la gravedad de las violaciones imputadas a la parte polaca. En cierta forma, es una recriminación justa, pero también se puede comprender a Rusia que no puede imponer sanciones correspondientes (menos severas) mientras los polacos continúen ignorando la existencia misma del problema.
Finalmente, ¡Cómo puede afirmarse de que en el asunto de la carne hay un trasfondo político por parte de Rusia, cuando precisamente debido a ése contencioso se pone en juego el futuro de la cooperación económica de Rusia con toda Europa!
En los últimos días de julio, la Comisión Europea publicó los resultados de inspecciones sanitarias realizadas en 27 empresas del sector cárnico en Polonia. En quince de las empresas las revisiones no revelaron ninguna irregularidad, en otras siete se descubrieron violaciones insignificantes, y en las cinco compañías restantes las inspecciones establecieron que sus productos no se corresponden con las normas sanitarias europeas.
Pero los esfuerzos de la comisión europea no ayudaron a resolver el problema, pues las partes involucradas en el conflicto interpretaron de forma diferente los resultados de las revisiones.
En Moscú se impuso la opinión de que, "nosotros ya habíamos advertido, ahora se pueden cerciorar por su cuenta". Bruselas no renunció a su postura inicial al afirmar que en general, "la producción cárnica polaca se corresponde con las normas de la legislación sanitaria europea". Y efectivamente, las inspecciones descubrieron irregularidades en empresas polacas pequeñas y sin licencia de exportación. Así que la UE como antes insiste en que Rusia carece de motivos para imponer sanciones y el embargo cárnico debe ser obligatoriamente levantado.
Pero el asunto es que la mayor parte de los reclamos de Rusia a Polonia no están relacionados con la carne polaca, el embargo fue impuesto contra las enormes cantidades de carne de mala calidad que desde el territorio polaco se reexportaba a Rusia procedente de países, cuya exportaciones de productos cárnicos habían sido prohibidas por Moscú.
Todos esos productos eran introducidos a Rusia con certificados de origen y calidad falsos supuestamente como carne de producción polaca. En los últimos meses, ni Polonia y tampoco la UE han podido convencer a los funcionarios fitosanitarios rusos de que han resuelto el problema de la reexportación de carne de mala calidad.

Al tanto, los incidentes de intoxicaciones masivas con productos cárnico en la propia Polonia, y la detención en Berlín de furgones polacos con carne inadecuada para el consumo, únicamente han aumentado la seguridad de las autoridades rusas que consideran que obraron con certeza al imponer esa prohibición.

La falta de un dialogo normal entre los países está dilatando todavía más el levantamiento del embargo a los suministros de carne polaca a Rusia. Ni Bruselas y tampoco Varsovia quieren escuchar los argumentos de la entidad sanitaria rusa, y bajo la presión de la severa retórica que se pronuncia en Europa, Moscú, a su vez, es más intransigente. Desafortunadamente, si se mantiene el actual tono en las negociaciones el contencioso cárnico no podrá ser resuelto pronto. Circunstancia más que extraña, pues la dilatación del conflicto va en contra de los intereses de todas las partes involucradas sin excepción.

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Mijaíl Jmeliov, para RIA Novosti.


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