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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Adios mi España querida

Marino Iglesias Pidal
Redacción
viernes, 17 de agosto de 2007, 06:18 h (CET)
Así se despedía Juanito Valderrama asumiendo en su canción el papel de un emigrante español. Yo he sido emigrante, y no recuerdo haberme despedido cuando me fui, porque no tuve la sensación de irme. Era como cuando en mi juventud salía del barrio de la periferia en que vivía para pasar unas horas de esparcimiento en otro punto de la ciudad. A la vuelta, tanto el barrio como yo, seguíamos siendo los mismos, la diferencia, al emigrar, di por sentado que sólo estaría en la longitud y el tiempo de recorrido. Ahora, en el presente, he cambiado para el espejo y para los ojos que me ven desde y por fuera, no así para la mirada perceptiva de mi interior. Todo discurre en el tiempo. Es natural que así, a simple vista, a mí se me vea más viejo y a la ciudad más joven. A pesar de todo, hace unos días me crucé en la calle con un compañero de estudios al que no veía desde hace cincuenta años, él me saludo por mi nombre y yo le saludé por el suyo. Sin embargo, y aunque mis años en el extranjero han sido bastantes menos y a pesar de que el paso de los pueblos por el tiempo es mucho más lento, no reconozco esta “España”, y ahora, cada día, algo me recuerda que me equivoqué al no despedirme cuando me fui. No tuve en cuanta que un país, como todo lo que tiene vida, puede morirse en cualquier momento. Una vez más me ratifico en mi error al leer en el diario: FÚTBOL TVE – 1. Es difícil saber si quienes estaban ante la pantalla deseaban ver ganar al Madrid o deseaban verle perder, pero el hecho es que el amistoso entre el Real Madrid y el Hannover, en TVE-1, fue lo más visto del martes noche...

Pobre España. Lamento no haberme despedido de ti. En ningún momento adiviné el hipoespañolismo que traidoramente agazapado esperaba la ocasión propicia para darte muerte con impunidad.

Pensar que por allá me llamaban, como a todos los españoles a pesar de saber que muchos no lo éramos, gallego presumiendo que ambos gentilicios eran la misma cosa, y ahora vengo a enterarme de que ni siquiera muchos de los gallegos son españoles. No puedo evitar el lugar común: Vivir para ver. Las nuevas generaciones no respetan a sus padres ni dudan, incluso, en arremeter contra ellos, y tanto las nuevas como las viejas mancillan la madre patria sometiéndola a cismas, expolios y vejaciones de toda índole.

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