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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Bucles grotescos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 12 de agosto de 2007, 22:26 h (CET)
¿Por qué nos resulta chistoso o grotesco algo del entorno? En muchas ocasiones, la distancia entre una actitud o un suceso con fundamento y los mismos cuando nos hacen sonreír, es realmente pequeña. Un sesudo planteamiento, queda en grotesco por el momento elegido, por el ambiente o por muy mínimas variaciones. Si añadimos equívocos o rebuscadas intencionalidades, como si el aderezo de la ignorancia es excesivo; apreciaremos como muchos caminos provocan esas CARICATURAS grotescas de la vida.

Este toque estrambótico nos facilita una ampliación de matices muy enriquecedora y necesaria a un tiempo, sobre todo para una visión relajada de ciertos acontecimientos. Nadie como el escultor de Cambados, Francisco Leiro, para introducirnos con alegría en esas miradas. Sus figuras son portadoras de la deformidad y el salero a partes iguales. Su fina ironía y el desplante ingenuo nos atraen por lo chocante de la impresión. Hasta cuando plantea una amenaza seria, como lo es un temporal en costas gallegas, su figura humana en la estación viguesa refleja una pequeñez ridícula de la persona ante los arrechuchos marinos. Es la ironía de una persona reducida a su minúscula supervivencia, irreconocibles sus actitudes presuntuosas de otros momentos.

El disparate de sus figuras introduce un sello cómico entrañable, sin eludir nunca la denuncia informativa de posturas anacrónicas y destartaladas. Su "Escorado" gracioso, insinúa unos andares desequilibrados, en ellos la mirada habla también de otras pérdidas y descentramientos. El "Acólito" es digno de un museo antropológico por su vetustez, su comicidad se desprende de esos hábitos rutinarios entrevistos. Si pasamos a la admiración de "Los tres graciosos", dibujan una superficialidad de gestos en los tres farsantes desnudos; uno no sabe si aprecia más su aparición chistosa, su denuncia o su camaradería capaz de reunir a tres amigos. Constituyen como una especie de resumen de lo descabellado en las situaciones cotidianas.

Si alguno duda de la veracidad de estos expresionismos un tanto esperpénticos, acojamos alguna descripción literaria de contenidos comparables, también muy hispánicos. Aprovechando la lectura más relajada en ambientes estivales, me entretengo en algunas frases de Benito Pérez Galdós sacadas de su episodio sobre la Revolución de Julio en 1854. Como enseguida se distingue, lo antiguo no deja de ser actual, anacrónico, increíble, pero humorístico al cabo.

Hablando de la propuesta de PROGRESO y que las cosas permanezcan como están, uno de los personajes responde: "Por mí. Ya estoy curado de espanto...Dos caras tengo yo, una me sirve para mirar al pasado, otra para mirar al porvenir... Pero a veces, señor mío, me equivoco de cara, y cuando me pongo a mirar lo nuevo, veo lo viejo, y viceversa... De modo que ya no sé si empeorando mejoramos, o si mejorando vamos a peor". Esta si que es una disyuntiva de postín, por que las metas del progreso no dejan de enseñarnos las deformidades de los humanos. Cómo vamos a discutirnos el progreso cuando caminamos absortos, con los auriculares altisonantes cual zombi peripatético ajeno al entorno, o procedemos a la invasión de las aceras como ciclistas eufóricos, o si cruzamos una gran avenida de automóviles veloces como peatones provocativos. El retroceso se aproxima a los avances, su cercanía plasma ironías de cuerpo presente.

¿Y los sueños, sueños son? Placentera evasión, PRETENSIONES, alucinaciones o paranoias; quizá dependa de la profundidad de la siesta y de la temperatura; ¿cómo será lo mismo en el Agosto tórrido que durante la tensión del frío? Pérez Galdós se asoma a esas profundas simas de lo invisible, "Y detrás de lo visible, ¿Qué se encuentra? Se encuentra lo que se busca...una imagen que al encarar con ella nos dice: No soy lo que quieres..., lo que quieres viene detrás... Y así sucesivamente hasta lo infinito". Así sucede que se viaja a los confines de los Alpes sin conocer la sierra del pueblo, se olvida la ternura persiguiendo las biogenéticas, o nos enredamos en sexos virtuales desdeñando las espeluznantes tragedias reales, la última en Tenerife, pero tantas... Inverosímil desliz entre ensoñaciones.

¿Todo va a cambiar de forma inmediata?¿Quién logrará tamañas reparaciones? En estas elucubraciones por lo fronterizo y aberrante, nadamos con pocos ropajes y el agua puede estar gélida. ¡Clamemos por la novedad resolutiva! Se anhela el talante REVOLUCIONARIO debido a la tozudez de las inconveniencias a las que nos enfrentamos. Es preciso un cambio. Mas no olvidemos el comentario galdosiano cuando analiza los avatares de 1854, "No se hacen las revoluciones por las ideas puras, sino por los sentimientos, revestidos del ropaje de las ideas". No deberá extrañarnos que la velocidad de la luz se aminore en Cataluña o que la reforestación sea una maravilla. Es la pura tgeatralidad de los ropajes.

Suena a muy antigua y fuera de contexto la ADMONICIÓN del maestro al aprendiz de violinista, "Afina, hijo, afina ..., no rasgues el sonido. Hay que ahilar, ahilar ... busca el hilo del sonido ... el hilo delgado, delgadísimo ... Repite, hijo: Otra vez ..., otra". Ya disfrutamos de una técnica que no precisa de estos afinamientos y melindres. ¿Tocar mejor el violín? Si no van a ser capaces de reconocerle la magia a un gran violinista ubicado entre cientos de viandantes, los CD se gravan con un canón se copie en ellos o no, y ya se admite todo como arte. ¿A qué viene aquello de tanta finura? Las audiencias no precisan excelencias, son otros sus derroteros. Lo irónico y lo humorístico se torna sarcástico a veces.

Las esculturas de Leiro devienen voluntariamente en unos trazos exagerados, chocantes y elocuentes dentro de su distorsión; resultan ideales para plasmarnos la realidad de la vida, desmitificando los grandes conceptos, desdibujados a la sombra de unos comportamientos un tanto dislocados. La sorna de lo galdosiano entrecruza a los petimetres cortesanos con los sufridos representantes de la llaneza popular. Podremos colegir unas facetas comunes, muy de la moda actual, muy de la moda de siempre.

A fuer de pretensiones de alto rango y desprecios hacia los pasos intermedios, entramos en los predios de lo grotesco y chabacano. Risas y lamentaciones que no son nuevas.

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