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Etiquetas:   Carta al director  

Los robos de todos los veranos

Francisco Arias Solís
Redacción
viernes, 10 de agosto de 2007, 02:55 h (CET)
«“Hostería del buen ladrón”:
aquí al huésped se le roba
con mucha moderación.»
José Bergamín

Agosto ya está aquí y con él los días de vacaciones. Pero la supuesta tranquilidad de estos días puede verse alterada por numerosos riesgos que aparecen tras las puertas de las casas al marcharnos de viaje y muy especialmente si algún profesional de la ajeno se da cuenta de que quedan deshabitadas.

Desde hace unos cuantos años se ha comenzado a tomar conciencia de la importancia que tiene el factor seguridad. Primero fue la Banca la que tomó medidas para protegerse. Después vendrían los demás: los centros comerciales, hoteles, organismos oficiales... Pero, a medida que los más fuertes iban aumentando su seguridad, la desprotección de los más débiles se hacía más manifiesta.

Los delincuentes rápidamente advirtieron que les estaban poniendo cada vez más difícil su trabajo y rápidamente cambiaron los objetivos y se desplazaron hacia otros más fáciles. Y la vivienda se ha convertido en el más fácil de todos.

El robo es el riesgo más preocupante de los que acechan a la vivienda. Las estadísticas de los robos a domicilios, van engordando de forma preocupante y si bien estos se producen durante todo el año, en verano, las cifras se disparan.

Lógicamente, para un caco es más fácil actuar cuando nadie pueda interrumpir su trabajo, cuando menos posibles visitas imprevistas puedan sobresaltarle. La situación idónea para limpiar una casa es aquella en la que, además, del inquilino de la casa en cuestión, se encuentran ausentes los restantes vecinos del inmueble o una mayoría de ellos. De ahí que a nadie le extrañe que la temporada estival sea la preferida de los profesionales de lo ajeno para hacer su agosto.

Conocida esta predilección de los cacos no estaría mal recordar que las puertas de la vivienda debe reunir siempre, unas condiciones mínimas de seguridad; que no se debe abrir la puerta a desconocidos, y en caso de tener que hacerlo se utilizará siempre la mirilla y la cadena de seguridad, y que hay que desconfiar de los servicios técnicos que no se hayan solicitados. Además, cuando el domicilio quede vacío, aunque sea por un breve espacio de tiempo se mantendrá cerrado con llave.

En lo que se refiere a ausencias largas se recomienda cerrar perfectamente todas las entradas de la casa; no dejar señales visibles de que la vivienda está desocupada encargar a algún vecino o familiar la recogida de la correspondencia del buzón, no comentar la ausencia con personas desconocidas; no dejar nunca en casa joyas o dinero y es conveniente que algún vecino tenga un teléfono de contacto por si han de avisarle.

El punto más vulnerable de la casa es la puerta de acceso. Sobre ella hay que fijar la máxima atención. En el 80% de los robos a pisos se penetra por la puerta. Sin embargo y contra toda lógica, es el punto más desprotegido.

En la prevención y erradicación de los delitos que afectan a los domicilios las Fuerzas y Cuerpos de la seguridad del Estado tienen mucho que decir y son uno de los principios puntos de apoyo y protección con que cuenta el ciudadano, por lo que es sorprendente que en esta época se reduzca al mínimo el número de policías.

Todas las viviendas están expuestas a este riesgo y son necesarias más y mejores medidas de seguridad. Sólo hay que observar las estadísticas: uno de cada cien hogares ha sido objeto de robo en nuestro país. Y es que, como dijo el poeta: “Mas si se ofrece ocasión / te pueden robar / el alma y el corazón”.

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