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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Políglotas, pero menos

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 10 de agosto de 2007, 02:55 h (CET)
Una nota de una agrupación de los empresarios de restauración de Catalunya me ha hecho reflexionar y me ha llevado a la redacción de estas notas. Los empresarios de bares y restaurantes del territorio catalán constataban que en la mayoría de los locales con menos de diez trabajadores ocho de ellos solían ser de una nacionalidad diferente a la española. La aparición de estas estadísticas denota que los naturales del país van dejando los trabajos más pesados, menos remunerados y con peores horarios para aquellos que vienen a España buscando aquel El Dorado que, hace años, los españolitos fueron a buscar más allá de los Pirineos. También los empresarios hosteleros han mostrado en más de una ocasión sus quejas por la falta de trabajadores dispuestos a trabajar las horas que se les pedían y por el salario que se les ofrecía, pero siempre han encontrado a algún forastero que les ha servido para tapar el hueco dejado por un natural del país que había conseguido avanzar en la escala laboral.

Pero la aparición de tanto personal de origen latino o eslavo sirviendo en las barras y terrazas de bares y restaurantes ha hecho que hoy en día a los catalanoparlantes nos sea prácticamente imposible ser atendidos en nuestra lengua y que, la inmensa mayoría de las veces, seamos los naturales del país los que tengamos que cambiar de lengua para hacernos entender ante quienes, muchas veces, se niegan por sistema a aprender el idioma del país en el que viven y trabajan .Hoy por hoy Barcelona es, tal vez, la única capital del mundo en la que hay que cambiar de lengua para poder pedir un café con leche y en la que hablar la lengua del país no es necesario para poder ocupar un trabajo en el que se está en continuo trato con el público. Es cierto que en todas partes, París, Nueva York o Londres por poner algún ejemplo, los puestos de camarero están ocupados por la inmigración pero también es una verdad constatada que aquellos que no hablan el idioma del país se ven relegados a ejercer de pinche de cocina.

Aquí no, aquí es más fácil pedir un café con hielo en inglés que en catalán. Y ello es debido a que los inmigrantes, especialmente los latinos, no sienten la necesidad de aprender una nueva lengua ya que pueden manejarse perfectamente en español, aunque, todo hay que decirlo, también me he encontrado con las excepciones que confirman la regla y algunos inmigrantes se han dirigido a mi en un catalán precario pero muestra de su buena disposición para integrarse, pero lo más normal es que al cruzar el umbral de cualquier restaurante o cafetería céntrica el maître o encargado se dirija a uno en un precario inglés tomándole por un foráneo en vacaciones.

Por eso me hace gracia cuando alguien dice que es imposible vivir en castellano en Barcelona cuando en mis paseos diarios es la lengua que más suelo escuchar en las calles y también en el transporte público. Lo difícil, muchas veces, es llegar a una cafetería y ser atendido en catalán por unos camareros que presumen de poliglotas hablando inglés o italiano pero olvidando que están en Catalunya y que Catalunya tiene una lengua propia. Poliglotas, pero menos.

Y no hablemos del trato que, en algunos negocios de hostelera, suelen dar al cliente. Malos gestos, poca atención, imposibilidad de tomar un vaso de vino o una caña de cerveza y alimentos que rezuman aceite por sus cuatro costados es lo que hemos podido encontrar en casi todas las terrazas de las concurridas Ramblas donde, al parecer, el grueso de los turistas no hace ascos a este mal trato por parte de algunos malos profesionales del sector.

Es preocupante que, en algunos casos, un ochenta por ciento de los puestos de trabajo en la hostelería esté ocupado por inmigrantes pero más debería preocupar a los dueños de estos locales el trato que se está dando a los clientes por parte de un personal nada profesionalizado, con una deficiente formación y, tal vez, con unos salarios ínfimos y unos horarios amplios y que hacen que su mal humor lo paguemos los clientes. Y eso sin contar con el hecho de que al no atender a los clientes en catalán, al fin y al cabo la lengua del país, se está incumpliendo una ley. Quizás es verdad que en la hosteleria catalana hace falta personal pero los responsables deben tener claro que lo que hace falta en realidad son profesionales con una buena formación tanto en hostelería como en idiomas. Que sean poliglotas está bien, pero que entre sus lenguas esté también el catalán estará mejor.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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