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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

¿Ecologismo o involucionismo?

Raúl Tristán

viernes, 10 de agosto de 2007, 02:55 h (CET)
Desde siempre me he hallado cercano al medio natural, ya fuera por mi (breve) paso por los scouts, mi militancia juvenil entre los linces de Adena-WWF, mi época montañera en el Club de Montañismo del Colegio Cristo Rey, las pateadas por los ibones del Pirineo aragonés con mi familia, continuada a posteriori (a pie y en 4x4) con la que hoy es mi mujer, y la confección de herbarios o la observación y recogida de insectos.

Esa unión con la Madre Naturaleza, a la que respeto, he estudiado y considero un bien supremo, se ha planteado desde siempre desde una óptica lógica, de sostenibilidad no ajena al progreso, razonable y alejada de las posiciones extremistas y radicales de quienes se arrogan todos los derechos ambientales, enarbolando la bandera del ecologismo sin otro bagaje a sus espaldas que unas ideas inmaduras y propias de la cerrazón mental más cavernícola y troglodita. Y es que, ese acercamiento, además de con el corazón (y/o las ideas políticas envenenadas) debe hacerse desde el conocimiento y la luz de la razón.

Si por una lado me muestro en contra de las corridas de toros, por su crueldad y gratuita violencia para con los animales, por otro debo reconocer que la existencia del toro bravo como especie, no hubiera sido posible sin la correlativa presencia de la mal llamada "fiesta nacional". Y tampoco podemos obviar la tradición cultural, que nos recuerda, entre razas malditas y otras historias de la España mágica, con sabiduría en su magistral obra "Gárgoris y Hábidis" uno de mis escritores icono, Fernando Sánchez Dragó: "Sabemos, efectivamente, que el culto al toro fue prehistórico y sagrado, mientras la tauromaquia ó fiesta nacional es histórica y profana".

Otro ejemplo: no podemos vociferar alarmados por el calentamiento global, acusando del mismo a los automóviles, abogando por el empleo de la bicicleta y, cuando estos transforman sus motores en eléctricos, de hidrógeno o biodiésel, seguir atacándolos como si fueran obra del demonio. Y olvidarnos de un hecho fundamental: el transporte público no resulta barato, ni es una opción válida para todos los ciudadanos, y mucho menos válida resulta la bicicleta. En el término medio está la virtud.

Otro: no podemos clamar contra las centrales térmicas, las nucleares, las hidroeléctricas y ya, en el colmo de los colmos actuales, contra los parques eólicos y los solares porque, estos dos últimos ocupan estepas, molestan a las aves, etc. La energía tiene que obtenerse de alguna manera, señores.

Y a lo que iba este articulillo: ahora la polémica es el dragado del río Ebro, en cierto tramo entre puentes en Zaragoza, con el fin de asegurar cierta navegabilidad con motivo de la Expo Zaragoza 2008. Este asunto, precedido por la polémica construcción del azud, ha soliviantado a los "ecologistas". Según estos, IU, y algunos estudiosos allegados a estos movimientos o ideas políticas, tanto el azud como el dragado son una aberrante intervención humana en el río, por lo que se oponen a cualquier intervención en el cauce que altere lo que ellos llaman "equilibrio natural".

Señores míos, a lo que ustedes se oponen, siempre, es al progreso, a avanzar, a crecer.

Si los romanos hubieran tenido esa mentalidad suya, jamás hubieran fundado nuestra ciudad, alterando los márgenes del río de los íberos con sus obras hidráulicas, puertos fluviales, acondicionamiento y estabilización de orillas, puentes...
Si nuestros antecesores hubieran tenido esa mentalidad suya, no hubieran construido los muros que protegen la margen izquierda a la altura del barrio de Jesús.

Desde el inicio de las obras de la Expo, se han opuesto a esta oportunidad de crecimiento para nuestra ciudad. Ya no se trata de proteger la Naturaleza, sino de pretender organizarnos de nuevo a modo de tribu del clan del oso cavernario. El enemigo de Zaragoza está dentro, es una quintacolumna antiprogreso disfrazada de salvapulgas y protegedesiertos.

Un dragado del Ebro, incluso a lo largo de todo el itinerario que transcurre desde la Expo hasta el azud, el azud mismo, y una adecuación de las márgenes, es una tarea beneficiosa para la ciudad, que dejaría de vivir de espaldas a esa arteria principal, que la ganaría como espacio de ocio, como un atractivo turístico más. Y con unas mínimas afecciones medioambientales.

¿Acaso no ganó en calidad de vida Valencia, con el desvió del cauce del Turia? Dijeron adiós a las avenidas que inundaban la ciudad y ganaron un corredor verde de dimensiones magníficas.

Proteger el medio ambiente no es sinónimo de mantener la situación actual, no significa detenerse en el proceso de construcción de la ciudad, sino al contrario: saber integrar la Naturaleza en la ciudad y la ciudad en la Naturaleza, con un urbanismo enriquecedor, que implique un valor añadido para ambas. Progreso, Urbanismo y Medio ambiente no son conceptos en oposición.

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Raúl González Tristán es Master en Gestión del Medio Ambiente Urbano por la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Politécnica de Madrid; Curso Superior de Gestor Medioambiental por el CEF; Técnico en Implantación de Sistemas de Gestión Ambiental según ISO 14001:2004.

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