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Etiquetas:   El crisol  

Días para la historia

Pascual Mogica
Pascual Mogica
jueves, 9 de agosto de 2007, 00:07 h (CET)
Cuando Aznar, vuelve a hablar de “disolución nacional”, ya sabe usted, a aquello de que “España se rompe”, “España se balcaniza”, hay muchos españoles que se dirán: “Ya está este aquí con la misma milonga de siempre”. A estos yo les aconsejaría que no juzgaran tan a la ligera las afirmaciones de Aznar.

En ocasiones hay que echar mano de los documentos que nos recuerdan frases y hechos y en esta ocasión nada como las hemerotecas para recordar que un “histórico” día: el 21 de abril de 2005, José María Aznar, pasaba a ser miembro del Consejo de Estado y de su discurso de entrada quiero destacar la siguiente frase: “Por encima de las orientaciones políticas propias de cada Gobierno prevalezca la continuidad histórica de España y la voluntad de convivencia en libertad”. Es decir, que Aznar nos decía a los españoles que él lucharía por “defender la continuidad de España”.

Pero hay otro día para la “historia”: El 21 de junio de 2006, justo 14 meses después de integrarse en el Consejo de Estado, aquel que nos garantizaba “la continuidad de España” decidió irse a las “misiones” y se fue por esos mundos de Dios a asesorar a magnates y a empresas multinacionales para ayudarles a salir de la pobreza de la miseria y de la indigencia y a hacerse más ricos de lo que ya lo eran. Pudo más “su vocación misionera” que su “amor” a España y su deseo de mantener vivo el espíritu de los Reyes Católicos. Lo hace por vocación y no por dinero como muchos malintencionados dicen que lo hace. ¿Si le pagan que va a hacer él? ¿Despreciar el dinero? Eso sería un acto de mala educación y él es incapaz de hacerle un feo a nadie.

Y así nos dejó Aznar a los españoles con su marcha. Tristes, cariacontecidos e indefensos ante los “enemigos” de España, pero él estaba destinado a empresas mayores: La docencia, el asesoramiento financiero e inmobiliario todo ello unido a la promoción del sector vitivinícola, le estaban esperando para mayor “gloria” suya y de España. Su nombre, sin duda alguna, se añadirá al de los españoles más lucrados, perdón, quiero decir al de los españoles más ilustrados, en que estaría yo pensando.

No obstante nunca agradeceremos bastante a Aznar, su “españoleo” por aquellos lejanos países que visita y que siempre él aprovecha para decir que España se rompe y que esto es un desastre, lo cual con toda certeza sirve de acicate para que inversores de esos países que visita se “decidan” a invertir en España ante tan “dulces” cantos de sirena.

En fin, a los españoles nos duró poco la “protección” de Aznar. La pela es la pela.

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