Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Violencia doméstica

Rita Villena (Málaga)
Redacción
martes, 7 de agosto de 2007, 23:20 h (CET)
Es cierto que todos estamos obligados a denunciar cualquier posible caso de agresión o de maltrato. Es verdad que estamos obligados a pedir ayuda si oímos o vemos como en la casa de al lado o en la calle alguien está llevando una discusión familiar al terreno de la agresión. Es verdad que los familiares de las personas agredidas tienen la obligación de apoyarlas para denunciar al agresor; pero dicho esto, nadie puede obligar a una mujer a que mantenga una denuncia si ella no quiere. La triste y desafortunada prueba la tenemos en muchas víctimas.

Ya no sirve la disculpa de que la mujer maltratada no tiene medios económicos porque, dejando al margen que tiene a su disposición todo un entramado judicial que le tramita el divorcio por la vía de urgencia. Solo queda la disculpa incomprensible e insalvable del corazón frente a la razón; la disculpa del amor ciego que roza la dependencia hacia esos energúmenos que abusando de ese sentimiento maltratan a la persona que tienen al lado. Ya hay una ley que protege a las personas maltratadas; ya se articulan ayudas para que su vida tenga una continuidad fuera del infierno del maltrato, ahora solo falta afrontar la complicadísima labor de mentalizar a las maltratadas. Falta que les recordemos a diario si es necesario, que sus vidas, su dignidad y su futuro son mucho más importantes que la del maltratador con el que conviven. Falta que les recordemos que su seguridad y la de sus hijos dependen de que destierren de sus vidas al maltratador. Basta que les recordemos que hay mucha gente dispuesta a cubrirles las espaldas. El sistema protege a las personas maltratadas, pero ellas tienen que dar el primer paso sin volver la vista atrás, como ha ocurrido hace unos días con una amiga mía que: alarmada ante los gritos, discusiones y ya hasta “socorroooooo”, decide llamar a la policía, que acude enseguida. Pero cual es la sorpresa de esta amiga que a los dos días, los ve a los dos de nuevo en casa. Otra cosa no podemos hacer.

Noticias relacionadas

La palabra sabia y agradable del escritor. Parte I

Recopilación de pensamientos sin retorno, de la escritora para los animalitos

A Rosario Murillo

“El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea”. Concepción Arenal. (1820-1893)

Un Estado que regule

“Pero sí hay una paradoja: los ricos de las sociedades se han vuelto más ricos, y los pobres son más, pero más pobre que antes”

¡No más nudos entre nosotros!

“El mundo será lo que nosotros queramos que sea”

Podemos (2015) si, VOX (2019) no, ¿la JEC también discrimina?

En ocasiones, la fe en nuestras instituciones se tambalea al comprobar que, también en ellas, se producen decisiones que, a cualquier ciudadano, le hacen chirriar sus convicciones democráticas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter   |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris