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El testimonio indiano

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 7 de agosto de 2007, 23:20 h (CET)
Recorriendo la cornisa cantábrica se experimenta el impacto que ocasionan algunas “casonas” destacadas entre el resto de construcciones de la localidad en que se hallen. Desde el país vasco hasta Galicia, con mayor concentración en Asturias, salpican el paisaje por su inconfundible estilo ecléctico, de un orden arquitectónico no definido, y con la común característica de “destacar” entre las demás. Son las casas de “indianos”, los emigrantes que hicieron fortuna y que al volver a sus lares para disfrutar de la edad dorada, se construyeron algo con carácter monumental. Muchas de ellas persisten con su primitiva utilidad, y los herederos las siguen disfrutando, especialmente, como lugar de veraneo. Otras se han convertido en hoteles, o “casas rurales”, o destinado a fines benéficos, siempre dentro de su singularidad.

El común denominador que las identifica, no es, en efecto, el estilo, sino el tamaño, y ser testimonios de que en América se podía hacer fortuna, y, luego, hacer ostentación de ella entre sus paisanos. Son testigos de que hubo un tiempo en España en que se salía de ella con ánimo aventurero. “Se hacían las américas”, como también se dice, y se volvía para morir en el terruño que le había visto nacer. Proporcionalmente con el número de los que emigraron, quienes volvieron para construir esas casas supone un número insignificante. De este modo, y como decía un ilustre profesor, de los que nunca volvió: “América se hizo así”. Con gentes que no regresaron, que allí encontraron su medio de vida más o menos desahogado, hicieron una familia, y sus restos reposan para siempre en los cuidados cementerios de allende los mares. Los que allí se quedaron, “hicieron” América, la que descubrió Colón con naves españolas, y que Europa colonizó, imponiéndose, por predominio numérico y bagaje cultural, los españoles, que aportaron raza, cultura, idioma y religión.

La Historia se fue haciendo por la mezcla entre esa aportación y las características raciales existentes, y esa es la espléndida realidad actual desde el sur de los Estados Unidos de América hasta las tierras heladas del final del cono del continente. Aglutinada la cultura hispánica con las demás culturas en las diferentes geografías, dio lugar a la diversidad que hoy asombra al mundo. Durante siglos, los Virreinatos en que se distribuyeron las nuevas tierras para su administración y colonización, fueron la historia del auge del Imperio Español, y, al que siguió su “ocaso”, como bien lo describió Salvador de Madariaga.

El declive mencionado tuvo su culminación en la Independencia de un cuajado manojo de nuevas naciones. Algunas no llegaron ni siquiera a nacer debido a la depredación yanqui, que, p.e., redujo el territorio mexicano hasta su escasa mitad actual; otras, como la península de Florida, se negociaron con un decadente gobierno español. Pero, ninguna independencia se llevó a cabo por emancipación, o sublevación, de los pueblos originarios de aquellas tierras. Los descendientes de españoles, los “criollos”, hijos de los que se “quedaron”, como se menciona al comienzo, son los que tramaron la independencia de los territorios virreinales de la metrópoli. España no estableció, como los ingleses, una “comonwealth” con sus ex colonias para seguir desarrollando intereses comunes. Ni un palmo de tierra americana quedó en manos de España después de 1898.

Una filosofía compuesta de “derechos humanos”, agnosticismo e Ilustración –ese fue su siglo-, latía bajo la intención independista de principios del s. XIX. Acertadamente, el gobierno español actual, ha elegido un hombre de mentalidad afín a aquellos principios, el ex-presidente González, como “embajador extraordinario” en los fastos que se avecinan con motivo del Segundo centenario de la Independencia. La “obra” de España, aún así y todo, se intentó acallar, pero no pudo ser eliminada. Y si así hubiera sido, siempre se encontraría, hoy en día, y en el sudado suelo español, dos vivos testimonios: la masiva emigración actual proveniente de aquel mundo, y las casonas de los indianos.

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