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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El último toro

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 5 de agosto de 2007, 22:13 h (CET)
Durante muchos años la imagen más conocida de las carreteras españolas era la silueta en negro de aquel gran toro que anunciaba el brandy Veterano de las destilerías andaluzas de Osborne. Los alcoholeros jerezanos decidieron, allá por mitad de los años cincuenta, crear un icono que sirviera para que los escasos españolitos que frecuentaban por aquel entonces las carreteras- recordemos que todavía no existía el popular “seiscientos”- recordaran uno de sus licores más vendidos. Manolo Prieto fue el creador, en el año 1956, del toro de Osborne que primero tan sólo tenía cuatro metros de alzada, después creció y pasó a los siete metros y los que hoy todavía resisten en las carreteras españolas han alcanzado los 14 metros de altura.

Eran otros tiempos, las carreteras, en algunos de sus tramos, estaban bordeadas por multitud de anuncios e incluso en ellos se permitía cantar las excelencias de cualquier bebida alcohólica. Hoy eso es impensable y más desde que en nuestro país, cada día más, imperan la ley seca y el antitabaquismo a ultranza. La visión de aquel toro, a menudo, anunciaba el regreso a casa, la cercanía del hogar después de algún esporádico viaje a tierras extrañas. Pero en 1988 comenzaron los problemas para los toros de Osborne. Alguien se dio cuenta que la proliferación de anuncios cercando los arcenes de las carreteras podía llevar a la distracción a los conductores produciendo algún que otro accidente irreparable y para ello las Cortes crearon la Ley General de Carreteras que obligaba a retirar toda publicidad que fuera visible desde cualquier lugar de las carreteras.

A partir de aquí comenzó la lucha del negro símbolo del brandy por su subsistencia. Algunos integrantes del denominado mundillo cultural junto con instituciones autonómicas con la Junta de Andalucía a la cabeza movieron Roma con Santiago para evitar la desaparición del oscuro rumiante astado cuando en 1994 la aparición del Reglamento General de Carreteras obligaba al toro a volver a sus corrales dejando libre los alrededores de las carreteras. Finalmente, en 1997, el toro y sus defensores ganaron la batalla y las señorías del Tribunal Supremo dijeron que por su valor simbólico este toro era indultado y podía seguir señoreando las pequeñas alturas que rodean las carreteras de España.

Y el toro negro siguió presidiendo nuestros viajes y apareciendo en diversos lugares de nuestras vidas. Así vimos como a la sombra del que se encuentra situado en Los Monegros Penélope Cruz- todavía sin saltar a Hollywood- mostraba a su amante sus pechos con sabor a tortilla de patatas y en la ciudad de Valencia muchos estudiantes de la Universidad Politécnica han pasado por debajo del toro creado por Manolo Prieto y que como una escultura más decora el “campus” universitario. Y poco a poco vimos aparecer el toro por todas partes, supongo que con la consiguiente alegría de la familia Osborne. Hemos visto toros, torito, toro- como en la canción del Fary- en las banderas españolas que acompañan a las selecciones deportivas, en algunos llaveros y en multitud de souvenirs para turistas al uso. Y lo que es más grave, hemos visto que algunos elementos de la ultraderecha nacionalista española han hecho suyo ese toro que en principio sirvió para anunciar un brandy y que ahora muchos quieren hacer símbolo de “su” patria.

Por ello no es de extrañar que el citado astado anunciador de alcohol y esencias patrias sea visto con malos ojos en Catalunya y más cuando se coloca, todo un símbolo, en la carretera que une Barcelona con Madrid y en plena montaña de Montserrat. El toro de Osborne colocado en el municipio de El Bruch ha sido derribado hasta en cuatro ocasiones. La última ha tenido lugar hace unos días cuando tan sólo llevaba en pie menos de una semana. En 2005 la valla publicitaria había sido derribada pero la casa Osborne, que es quien realiza el mantenimiento de las mismas, había hecho que, una vez más, el negro toro mirara desafiante hacia Montserrat lo que ha exacerbado los ánimos de los integrantes de la llamada “Germandat Catalana La Bandera Negra” quienes han abatido, sin capote ni estoques, a este toro que algunos quieren sea todo un símbolo de la España que ellos quieren y que, en más de una ocasión, tratan de imponer a los demás. Lo ideal es que estos defensores de la España más negra no pusieran sus manos sobre un símbolo que puede unir a muchas gentes pero también es una broma que los jueces del Tribunal Supremo en su día perdieran su precioso tiempo en dilucidar si este toro, que todavía sirve para anunciar un brandy, debía ser o no indultado. Y me parece mucho más grave todavía que los togados estimen que el toro osborniano es un icono cultural y patriótico. Creía que los jueces tenían cosas más importantes que discutir y dilucidar. No creo que se hubiera perdido nada si, en su día, estos toros publicitarios hubieran vuelto a sus corrales.

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