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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Ni de los que mucho ofrecen habrá promesa segura (A. de Varros)

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 5 de agosto de 2007, 07:45 h (CET)
Bien, no hay duda de que se han producido en nuestro país importantes episodios donde hemos podido comprobar el coraje y la valentía, rayana en el heroismo, de nuestros gobernantes. Presten atención, si no, al derroche de valor que le ha puesto el señor Rodriguez Zapatero al desplazarse a la Barcelona del gran apagón, para enfrentarse a pecho descubierto… con el ministro de Industria, señor Clos, con el alcalde, el señor Hereu y, finalmente, en un almuerzo, con el señor Montilla. También visitó el Centro de Investigaciones Biomédicas y la sede de la empresa de tegnología GTD. Evidentemente el señor ZP estaba dispuesto a afrontar los mayores riesgos al reunirse sólo con los representantes de su propio partido ¿o no? Puede que el nerviosismo de los suyos fuese el mayor obstáculo con el que tuvo que luchar o puede que esperase un recibimiento triunfal del pueblo catalán por lo del Estatut. No sabe el señor Rodriguez Zapatero que el pueblo catalán se mueve por hilos invisibles, por sentimientos profundos de nacionalismos, pero aún más por un apego a su bienestar, sus comodidades y a sus hábitos y costumbres y. cuando se siente perturbado en su disfrute (y en su economía), es cuando estalla su “rauxa”, este sentimiento inexplicable que expresa su ira y su protesta ante lo que considera una conducta o una acción que va en contra su dignidad de ciudadano.; entonces es cuando no valen los trucos usuales, las promesas oportunistas y las pamemas de los políticos que se estrellan contra el muro de coraje y disgusto erigido por el descontento de un pueblo que se considera engañado.

Una visita con sabor a improvisación y a destiempo; una reunión en pequeño comité con sus mandos y una marcha precipitada, como si le quemara el asfalto de la urbe catlana, no era lo que esperaban del señor Presidente los ciudadanos catalanes. Buscaban explicaciones, demandaban atención y sobre todo, lo que ZP no tuvo el coraje de afrontar; necesitaban la presencia física del ciudadano Zapatero en los lugares donde el apagón fue más duradero, donde las pérdidas fueran mayores y donde los perjudicados estaban más necesitados de un consuelo y unas explicaciones que calmasen sus iras y apaciguasen sus ánimo; lo que, desde luego, estaba en sus manos hacer y, sin embargo, no quiso. No valen las frías estadísticas proporcionadas por unos técnicos ansiosos de salvarse de la quema; no consuelan unas vagas promesas emitidas de cara a la galería para futuros poco precisos; ni son de recibo actitudes de firmeza fingida para castigar a las eléctricas, cuando todos sabemos que están en manos del Estado. Falló, el astuto ZP, al no tener el coraje preciso para enfrentarse a la ciudadanía y escuchar sus quejas y peticiones y, como falló, no ha conseguido el apoyo, el perdón ni el reconocimiento de los catalanes; que todavía se hacen cruces de que en una urbe como Barcelona pudiera ocurrir tamaño desafuero.

Tenía prisa, porque después de diez días de que se produjeran los sucesos humillantes para la Ciudad Condal; a los diez días del apagón que la presentó, ante la pléyade de turistas que la visitan en estas fechas, como una ciudad tercermundista, y después de verse obligada a acudir al Ejército (este mismo ejército que, para Carod y Puigcercós, es el responsable de la “opresión” de España sobre Catalunya) para que, con sus transformadores, paliase la falta absoluta de suministro eléctrico en la mayor parte de la ciudad.; sabía perfectamente que, una presencia prolongada en Barcelona, podría encender la sangre de los barceloneses y quizá se hubieran producido molestas manifestaciones, caceroladas y protestas que en nada favorecerían a sus aspiraciones electorales.

Zapatero no digiere que les fastidien las vacaciones el el Coto de Doñana. Estas vacaciones que tantos millones nos cuestan al resto de españoles; pero este año parece que entre lo de Barcelona y lo que le está cayendo en el País Vasco, me temo que poca tertulia va a poder hacer con Sonsoles. Fíjense ustedes lo que el señor Blanco ha comunicado a los que han querido escuchsarle, eso sí, como si mientras hablaba, alquien le estuviera extrayendo una muela; y es que no había para menos porque resulta que, por fin, han decidio apoyar (abstenerse en la votación) para que pueda gobernar UPM. Lo curioso es que el señor Sanz se ha puesto muy contento con el “regalo” y ha mostrado su agradecimiento al PSOE con lo que el acto, a todas luces electoralista de los socialistas (que no podían pactar con Nafarroa Bai ni con los de IUN sin sufrir un fuertre correctivo en las próximas elecciones), les ha salido redondo al ser felicitados, con tanta “efusividad”, por sus adversarios políticos. Y es que señores, debemos admitir que el PP padece de un mal irremediable, se muere por ser un partido quijotesco, de buenas formas y mejores maneras. Veamos, señores Sanz y Catalán, ¿no se dan cuenta de que les están preparando la cama? Ustedes no deberían aceptar la presidencia si los socialistas no les firmaran el famoso documento que ustedes les presentaron y, por lo que barrunto, no parece que vayan a hacerlo. Sin ninguna duda, hubiera sido mejor para ustedes ir a unas nuevas elecciones en las que, con toda certeza, hubieran mejorado sus resultados.

La situación actual es la siguiente. Si el señor Sanz pretende convocar elecciones, dadas las trabas legales que existen en cuanto a plazos posibles, es muy probable que no se pudieran celebrar hasta después de las generales; es decir cuando ya el pastel estuviera quemado. ¿Qué pasará si a los de PSOE les da por no ser tan caballerosos como ustedes y presenta una moción de censura? ¡Ah! Pues que todos los esfuerzos realizados para retener la Presidencia habrán sido baldíos y habrán desperdiciado la ocasión de poner contra las cuerdas al PSN. En fin, estoy convencido de que los ciudadanos de a pie, entre los que me considero incluido, no tenemos la perspicacia de los políticos y no sabemos ver las cosas como son; pero ¡son tantas las veces que la hemos pifiado por querer emular al Caballero de la Triste figura, tantos los encontronazos con los molinos de viento que, en cuanto vemos un molinillo de papel, se nos retuercen las tripas!

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