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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

El fin del unipartidismo japonés y del fujimorismo

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 4 de agosto de 2007, 05:01 h (CET)
Las elecciones senatoriales niponas del domingo 29 de julio están teniendo un fuerte impacto no sólo sobre la historia de ese país sino sobre la de América Latina.

En Japón, por primera vez desde que el gobernante Partido Liberal Demócrata (PLD) se fundara hace 52 años, éste ha perdido el liderazgo del Senado.

En las Américas fracasó el primer intento que haya tenido uno de sus ex mandatarios (Fujimori) para entrar al parlamento de otro continente, y eso alentará a sus detractores que quieren que él sea el único ex presidente extraditado en la región.

Dentro de las ‘democracias’ del Primer Mundo, Japón ha sido una excepción. Mientras en el resto existe un sistema multipartidario donde varias fuerzas se alternan en el poder, en dicho reino solo hay un partido que desde que fue fundado en 1955 ha liderado siempre las dos cámaras. Se trata del Partido Liberal Demócrata, el mismo que nunca ha dejado el poder desde entonces (salvo diez meses entre 1993 y 1994).

En estos comicios donde se renovaron la mitad de los 242 senadores, el Partido Demócrata se llevó la mitad de los 121 curules en disputa. Tras que ahora la oposición es la amplia mayoría en la Cámara Alta y que los demócratas les lideran es de esperar algo inédito en Japón en el último medio siglo.

Si bien la principal cámara de la dieta japonesa es la baja, la misma que se encarga de elegir al gobierno y hacer las leyes, la cámara alta en manos de los enemigos del gobierno puede jugar un rol de socavación. Si el senado no aprueba los proyectos de ley de los diputados éstos vuelven a la cámara baja donde requerirán ser pasados por dos tercios.

El PLD podrá conservar el gobierno pues aún controla a más del 60% de los diputados, pero podría verse obligado a cambiar de primer ministro e, incluso, ser forzado a adelantar las elecciones a la Cámara Baja. Shinzo Abe declara firmemente que él quiere seguir siendo el premier, pero él ya ha quedado desacreditado ante varios de sus camaradas de partido y ante el electorado. Su gobierno, de mantenerse, será débil.

Este, que sólo ha durado 10 meses, se ha desgastado ampliamente por varios escándalos (los mimos que llevaron a que dos ministros renuncien y otro se suicide) y por el extravío de la base de dato de decenas de millones de pensiones. Hoy Abe no ha contado con el respaldo de ni un tercio de los electores y ha sido aventajado en casi diez puntos por los demócratas.

Japón ha tenido un sistema como el que el PRI impuso en México entre 1929 y 2000. Hoy su tradicional unipartidismo podría desembocar en un nuevo bipartidismo que permita una alternación en el poder.

Estos comicios también han incidido sobre América Latina. Esto debido a que Fujimori, el expresidente peruano entre 1990 y 2000 quien está bajo arresto domiciliario en Santiago (mientras la justicia chilena decide si le extradita o no a Lima), allí candidateó.

En estas elecciones japonesas Fujimori ha caído a menos del 0.1% mientras que en su anterior elección nacional (Perú 2000) él bordeó el 75% de los votos válidos. Ningún otro mandatario en las Américas ha llegado al poder con tal porcentaje y muy pocos en la región han ganado tres elecciones generales consecutivas y gobernando más de una década como él.

Aún cuando en el 2006 estaba detenido en Chile él logró que su movimiento en Perú quedara segundo en Lima (la capital, donde reside un tercio de la población) en las elecciones al congreso (donde sacó más votos que los dos partidos que entraron en el balotaje presidencial) y que su hija Keiko sea la parlamentaria más votada.

Cuando Fujimori decidió participar en las elecciones niponas lo hizo sin consultar a sus seguidores y con el rechazo abierto de su candidata a la presidencia peruana en el 2006 (Marta Chávez), de su hermano Santiago y de otros cuadros fujimoristas. Al prometer dar su vida por Japón él enajenó a la mayoría de los peruanos (varias encuestas arrojan que para muchos en Perú él es considerado como japonés) y a gran parte de su masa.

A cambio de ello él ha terminado quedándose, tal como lo advertimos hace unas semanas, sin soga y sin cabra. Su fracaso en Japón golpeará más a su dividido movimiento en Perú, le quitará apoyo en Japón donde los opositores al gobierno podrán reclamarle que se vaya distanciando de alguien a cuyos electores han dado ampliamente la espalda y finalmente le desacreditará más en el Perú, Chile y América Latina, donde sus enemigos redoblarán sus presiones para querer extraditarle. Él fujimorismo puede que ya nunca más se recupere y que se mantenga como varios agrupamientos con poco peso en Perú.

Estas elecciones han iniciado el fin del último unipartidismo en el Primer Mundo y podrían ser el inicio del fin del político Fujimori, quien podría convertirse en el único presidente extraditado de las Américas.

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