Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Incendios, ¿política o eficacia?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 4 de agosto de 2007, 05:01 h (CET)
Es una enfermedad endémica para la que, al parecer, no existe vacuna alguna. Es aquello de “del incendio nuestro de cada verano, líbranos Señor”. Sin embargo, el estoicismo con el que los ciudadanos hacen frente a este azote de la naturaleza, sus esfuerzos por contribuir a apagarlos y sus reclamaciones, que suenan como alaridos en el desierto de la incompetencia, la imprevisión y la abulia de quienes debieran escucharlos y cuidar de atenderlos¸no consiguen evitar que cada año se repitan, como si fueran serpientes de verano, estos hechos que tanta devastación causan, que tantas vidas se han cobrado y que tantos daños han causado a nuestra masa forestal y a los bolsillos de los que los sufren en sus propios bienes.

Claro es que, a los ciudadanos de a pie, nos cuesta admitir que estamos ante un fenómeno contra el que no se puede luchar; que el Estado con todos los medios humanos, materiales, mecánicos y químicos de los que dispone, permanezca inane; dando la sensación de que prefiere indemnizar a los perjudicados que ayudarles a conservar sus pertenencias. Y es que, donde interviene la política, cuando la enemistad entre las diversas facciones que componen el intrincado sistema público, formado por las diecisiete autonomías que integran España, entra en confrontación y se empiezan a establecer rivalidades, egoísmos, y competencias entre ellas; cualquier asomo de solidaridad que hubiera podido quedar de nuestra España preconstitucional desaparece y entra en acción la desconfianza hacia nuestros vecinos; el ¡ya se las compondrán como puedan!,o el ¡qué les den morcilla, mientras a mi no me pase lo mismo, todo irá bien!

Es el exceso de regionalismo, son los brotes de aquellas viejas rivalidades que hace dos siglos mantenían enfrentados a dos pueblos o regiones por mero caciquismo o por pendencias entre dos familias dominantes. El fruto de este nuevo estado de autonomías, de esta división de España no en regiones, no en provincias, sino en pequeños remedos de estados, con sus propias leyes, sus propios gobiernos y sus propios medios de financiarse; todo ello en detrimento de la autoridad del Gobierno central; es lo que conduce, se quiera o no se quiera, a que, cuando se produce una catástrofe de proporciones descomunales, como la que se ha dado en Canarias; el Gobierno se vea incapaz de enfrentarse a ella con las debidas garantias y medios para poderla solventar con un mínimo de daños para las personas que tienen la desgracia de sufrir sus efectos. Es evidente que no todos los paises pueden regirse por el mismo rasero, ni tampoco todos pueden utilizar los mismos sistemas de gobierno. Mientras Alemania se caracteriza por tener una población disciplinada, que está acostumbrada a esforzarse, como comunidad, a trabajar unidos para que el país salga adelante; hay otras, como Italia y España, en las que la ciudadanía, si no hay una autoridad fuerte que la despierte de su letargo, por sí misma, es muy difícil que se movilice para ayudar a otra. No es que no haya solidaridad, pero es una solidaridad cómoda, de donativo bancario, no de esfuerzo personal.

Es cierto que la voz sensata del señor Rajoy se levanto, cuando lo de Guadalajara, para proponer que el Gobierno creara un ente coordinador especialmente dedicado a agrupar todas las competencias de las autonomías para que, en el caso de que se produjeran acontecimientos que superaran los medios de protección, dispuestos por cualquiera de ellas, este organismo autónomo pudiera asumir el mando de todos los medios disponibles en todo el Estado, con el fin de centralizar y encarrilar las actuaciones oportunas para intervenir con la máxima eficacia en el lugar donde fuere necesario. No hay duda que un mando único que permitiera desplazar a los aviones necesarios, las brigadas expertas en extinción de incendios y los medios mecánicos más sofisticados para luchar con éxito contra el siniestro, proporcionarían un remedio más eficaz que el que se puede lograr con la cooperación de buena voluntad pero deslabazada y desorganizada de las ayudas esporádicas que se puedan conseguir. Pero no es menos cierto que el PSOE, escaldado por su fracaso en Guadalajara, escocido por las críticas que le llovieron de toda la Nación y temeroso de que el PP pudiera sacar ventaja política; hizo oídos sordos a la iniciativa de Rajoy y, para hacer ver que hacía algo, se limitó a crear una unidad, invento de ZP, al estilo de la serie de los Guardianes de la Playa, pero, en este caso, dedicados a acudir como avanzadilla a los siniestros que se pudieran producir. Este grupo operativo, denominado Unidad Especial de Emergencias, ha demostrado ser insuficiente cuando la catástrofe, como en el caso de Canarias, adquiere proporciones desmesuradas. Como siempre las rencillas políticas, la soberbia de los gobernantes, impidieron que se trabajara conjuntamente por el bien de los ciudadanos y, asi vemos como, verano tras verano, se están calcinando hectáreas y hectáreas de bosques sin que haya medio de evitarlo.

Millones de euros para ayuda a los terroristas palestinos; millones para comprar gobiernos corruptos de Senegal y Mauritania para que no nos envíen emigrantes; millones para celebrar reuniones parlamentarias sin ningún contenido o para otorgarle un puesto bien remunerado a una ministra saliente, pero ni una mala dotación presupuestaria para crear, como tienen en la mayoría de los países civilizados, una unidad coordinadora capaz de hacer frente a todas las catástrofes que se puedan producir en nuestra nación. Quizá es más cómodo indemnizar, quizá es más barato – porque todos sabemos que las indemnizaciones nunca cubren el monte total de lo indemnizado – quizá, incluso, compense a los listillo y perjudique a las personas decentes; pero lo que nunca podrán compensar serán los fallecimientos como los ocurridos en Guadalajara, y el dolor de sus familiares. ¡Y luego querrán que los votemos!

Noticias relacionadas

Por fin

Ya era hora. Por fin han valorado el buen hacer de los malagueños

La dictadura de Amazon

Nueva York y Virginia serás las dos ubicaciones de la sede

De idiotikos y politikois

En la antigua Grecia los asuntos de Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”

La vieja heroína del barrio

La Policía da la alarma, y varias instituciones que combaten la drogadicción y asociaciones vecinales lo corroboran: la heroína ha llegado de nuevo a los barrios

Marx y los vacíos por colmar

El marxismo-leninismo malogró, y continúa haciéndolo, todo cuanto de acertado propusiera Marx
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris