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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Falsos cristos

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 2 de agosto de 2007, 00:49 h (CET)
Jesús, después de una trafagada jornada de enseñanza en el santuario, sus discípulos se le acercan y le muestran los edificios del templo. “Respondiendo Él les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”. Tal vez Jesús y sus discípulos traten esta cuestión de la destrucción del templo mientras se dirigen hacia el monte de los Olivos. Están inquietos por lo que el Señor les ha dicho. Cuando llegan a destino, Jesús se sienta para descansar apoyando su espalda en el tronco de un frondoso olivo. Sus discípulos se le acercan y le preguntan: “¿Cuándo serán estas cosas, y que señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” Respondiendo a su pregunta, entre otras cosas les dice que habrán guerras y rumores de guerras, hambres, pestes, terremotos y la aparición de falsos profetas. Lo que ahora nos interesa saber es lo que les dice respecto a su persona: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y a muchos engañarán” (Mateo,24:1-4).

“A seis millas de la carretera más cercana, en la vasta soledad siberiana, a dos mil millas de Moscú, un hombre barbudo vistiendo una túnica de lino blanco está sentado en la mesa de su cocina hablando “de su crucifixión en manos en Poncio Pilato hace dos mil años…Sergi Torop decía que era doloroso recordar el fin de su última vida, en la cual dice, anduvo en la tierra siendo Jesucristo”. Con esta introducción, Kevin Sullivan, que ha escrito sobre las insólitas fes que brotan en la Rusia desilusionada, nos presenta a un nuevo Cristo.

Sergi Torop, de 46 años, antiguo policía de tráfico, es el líder de un grupo de al menos 5.000 devotos seguidores. Entre ellos, artista, ingenieros y profesionales en otros campos. Las autoridades rusas consideran a su Iglesia del Último Testamento, el más numeroso de los nuevos movimientos religiosos que han aparecido en Rusia desde el desmantelamiento de la Unión Soviética en 1991. Después de décadas de intensos esfuerzos dedicados a erradicar la Religión, muchos han vuelto a la Iglesia Ortodoxa, pero otros miles han buscado nuevas fes. Entre ellos los seguidores de Torop que le llaman «Vissarion», “el que da nueva vida”.

¿Qué ocurre para que personas de buena posición social como lo son algunos de los que siguen a «Vissarion » lo abandonen todo para aislarse en un rincón perdido de la inhóspita Siberia? Christopher H. Partridge, autor de la Enciclopedia de Nuevas Religiones, dice: “Es un error considerar que toda esta gente son locos, crédulos y estúpidos…A menudo son muy bien educados. Normalmente son personas que han pensado mucho en sí mismas, su lugar en el mundo y en su vida en el mundo que ha de venir. Buscan algo”.

Los críticos rebajan a Torop al nivel de un dirigente sectario peligroso y que engaña. Quienes le siguen afirman su divinidad. Luba Derbina, de 44 años, que había sido traductora de la Cruz Roja, dice: “Cuando le vi, mi corazón dijo: «es él. El uno, el maestro que he estado buscando durante toda mi vida. Sí, creo que es Jesucristo. Lo sé”.

Galina Oshepkovca, de 54 años, divorciada y madre de dos hijos, ha dicho de él: “Se ha acabado la búsqueda, noto que mi corazón se acelera, lo sé, es la verdad. Es Él. Es la segunda encarnación de Jesucristo. Estamos construyendo el cielo en la tierra. Las condiciones aquí son muy rigurosas. La vida físicamente es muy dura. Pero hemos encontrado lo que esperábamos”.

No todos son del mismo parecer. Algunos seguidores han abandonado a Vissarion. Mariya Karpinskaya, de 55 años, divorciada y madre de un niño cuando se encontró con Torop en Moscú el 1992. Se fue a Siberia. Es una desertora. En una entrevista que se le hizo, dijo: “Al principio, Torop parecía un líder espiritual fuerte que soñaba con crear una una vida hermosa, como una América nueva en los bosques siberianos. En 1995 llegué a la conclusión que Torop pretendía ser Jesús sólo por interés personal. La hipnosis desapareció y comprendí que mi vida estaba arruinada. No creo que sea Jesucristo. Sólo manipula a la gente. Es un publicitario, es una marca. Jesús es una marca”.

Haciendo caso omiso de lo que sucede a su alrededor Torop afirma con convicción que es quien pretende ser. Hablando pausadamente dice que en 1990, cuando tenía 29 años “algo se despertó dentro de mí” y entendió su naturaleza divina. Dijo que “fue entonces cuando compendió que Dios le había enviado a la tierra porque el odio, la guerra y la degradación ambiental se han desenfrenado. Para hacer lo que tengo que hacer necesito tener un cuerpo humano…Vivo en un cuerpo con el propósito de acercar el hombre a Dios. Es la primera vez que se me ha necesitado en 2000 años. Es un momento crítico. Sólo cuando la humanidad sea una familia en la tierra se les abrirán las puertas del universo”.

Jesús dice: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo, y a muchos engañarán”. La mentira es el plato del día. A pesar del daño que hace no tiene la trascendencia que adquiere cuando el engaño tiene que ver con las cosas del espíritu. Satanás, el Padre de la Mentira, engañó a Adán y Eva haciéndoles creer que podrían desobedecer impunemente la orden de Dios de no comer el fruto prohibido con lo que el hombre ha perdido el Paraíso. Ahora, sigue engañando con la finalidad de confundir a la gente para que no crean en el Cristo que los retorna al Paraíso perdido. Jesús, sentado bajo el olivo nos alerta del peligro: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo o mirad allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuese posible aún a los escogidos” (vv. 23,24). Vissarion, “el que da nueva vida”, hace prodigios en el pueblo que se está construyendo muy cerca de la frontera con Mongolia. Marck Denisof, representante del gobierno en la zona, dice: “La economía estaba estancada, la población envejecida y la gente se marchaba. Ahora tenemos 5000 nuevas personas educadas, gente sana que no bebe, no toma drogas, no roba y que desean tener aquí hijos. Desde nuestro punto de vista, es esperanzador”.

El sueño de Vissarion, según dice Mariya Karpinskaya, era “crear una vida hermosa, como una América nueva en los bosques siberianos”. La Estatua de la Libertad que representa el sueño de muchos, sabemos a donde ha llevado. El Paraíso no se puede recuperar aquí en la tierra. Momentáneamente parece que se cumple el sueño de Vissarion. El tiempo dirá que su utopía como todas las otras, en fracaso.

Cristo ha prometido regresar. Cuando lo haga no lo hará como un hombre mortal como cuando nació en Belén. Lo hará con toda su gloria divina para llamar a su pueblo que descansa en los cementerios para revestirlo de un cuerpo incorruptible e inmortal y trasladarlo a su Reino Eterno. La Muerte no hará estragos en esta nueva comunidad, ni el pecado estorbará la paz de sus ciudadanos, ni las inclemencias atmosféricas harán insoportable su existencia. Será un cielo nuevo y una tierra nueva en donde morará la justicia.

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