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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Responsabilidad, ninguna. Ayudas, todas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 2 de agosto de 2007, 00:49 h (CET)
La culpa de todo siempre la tiene el más tonto del pueblo. Si nos tuviéramos que regir por lo que estos días estamos escuchando de los políticos, tendríamos que llegar a la conclusión que todos son perfectos, que ninguno de ellos se equivoca y que. si algo sucede en este país que no sea correcto, la culpa de todo la tienen los propios ciudadanos por vivir en Barcelona, por querer tener luz en sus domicilios y por buscar combatir el calor con los aparatos de aire acondicionado y los ventiladores, que la propaganda de las grandes empresas nos ha estando fregando por los morros hasta que hemos sucumbido a la tentación y los hemos comprado. Nos ofrecen machaconamente mil y un servicios, nos prometen el oro y el moro, nos regalan una estufa eléctrica y servicio gratis de reparaciones, para acabar de redondear la oferta. Pero un día se produce lo imprevisto. El suministro se corta, las promesas se diluyen en la misma oscuridad que padecemos a causa del apagón. Entonces empieza el via crucis de los abonados, la larga marcha en busca de la luz perdida, las llamadas infructuosas, los lamentos, las neveras llenas de alimentos que se pudren, los comercios que tienen que tirar a la basura sus existencias, las clínicas que no pueden operar y las calles en penumbras para que los ladrones de cobre puedan hacer su agosto en julio con la máxima impunidad.

Podríamos esperar que el Ayuntamientoto tuviera un plan alternativo para estas ocasiones, pero no, no lo tienen, ¿Dónde está el señor Hereu? En paradero desconocido, ¿y el señor Montilla? De vacaciones. ¿Pero, oiga, quién se hace cargo de esto? Fuenteovejuna señor. Los unos por los otros la casa sin barrer. Nadie en absoluto, más que unos pobres obreros de la eléctrica que intentan, desesperados, hacerse cargo de la situación completamente desbordados por los acontecimientos.¡Esto es culpa de la Red Eléctrica!, ¡No que es culpa de Endesa, porque Pizarro nos tiene inquina! ¡No seas burro, el culpable es Clos! ¡No, es Montilla! ¡No señor, el culpable de todo es, como no podía ser de otra manera, el PP! El intercambio de acusaciones llena la noche de los despachos de la Generalitat, mientras los ciudadanos, a falta de otro recurso, utilizan las cacerolas para desbravarse y gastar adrenalina.

Pasan los días y la lucha entre políticos sigue, en tanto que, en las calles, la gente tiembla ante la posibilidad, anunciada por los técnicos, de que pueda producirse un nuevo apagón y los transformadores del ejército, al principio bien recibidos, acaban con la paciencia de los vecinos, que no saben si es peor estar oscuras o quedarse sordos para siempre. Y en Madrid, Clos, el inútil ex alcalde de Barcelona, dice que la culpa no es de las eléctricas, sino de la falta de inversiones en Catalunya. Por fin parece que todos se ponen de acuerdo: hace falta que Madrid invierta más en Barcelona. Una multa para la eléctrica que la haga tambalearse e indemnizaciones para los perjudicados; pero ¿cómo se valoran las pérdidas? ¿Cómo que cómo se valoran?– exclaman alarmados los responsbles del desaguisado – Pues, cómo va a ser, como siempre, nosotros fijaremos las cuantías y a quien no le parezcan bien que se chinche. De 60 a 300 euros, la decisión salomónica que ha de acabar con cualquier reclamación. Y, entre tanto, sigue la pugna ente políticos: ¡qué esto es tuyo!, ¡no que yo no estaba!, ¡pues deberías haber estado!, ¡mira que te doy!, ¡a mí me vas a dar tú!

Pero que nadie se preocupe. Llega el Cid Campeador, el rey de los trucos mágicos, el incumplidor diplomado de promesas, el promotor del Estatut, que tenía que arreglarlo todo; el incombustible señor Rodriguez Zapatero, en el que todos los empresarios catalanes tienen puestas sus esperanzas y al que le van a pedir, qué digo, ¡le van a exigir!, que se traiga más dinero a Catalunya, pero que se lo entregue a ellos que ya saben como invertirlo. Y ahora es cuando el ciudadano de a pie, el que ha contemplado todo el evento como si estuviera en el “gallinero” de uno de aquellos antiguos teatros de variedades y, humildemente, procurando guardar las formas y no indisponerse con la Administración, pero ávido de conocimiento, pregunta: ¿ Pero, no querían estos señores catalanaes, si, sí, los de Esquerra, los de CIU y los de Iniciativa y los Verdes; no pedían todas estas formaciones la independencia de Cataluña?, ¿no estaban deseando que les traspasasen todas las competencias; tener una Agencia Tributaria propia y gobernarse por ellos mismos, sin intervenciones del Estado Central; sin solidaridad con las otras autonomías; sin tener que soportar nunca más al ejército español que ocupa militarmente las tierras de Vifredo el Vellos; sin tener que escuchar más el idioma del Imperio y dar culto a la lengua de Jacinto Verdaguer? Entonces ¿qué vienen a reclamar? ¡Estaría bueno que después de despreciarnos, de excluirnos, de ofendernos y de pedir la independencia, aún tengan la cara dura de pedirnos que vayamos allá e invirtamos en sus infraestructuras, les paguemos la indemnizaciones derivadas de su torpeza y falta de previsión y además aguantemos que nos llamaen charnegos!.

Pues así es, no les quepa la menor duda. Cualquier ocasión es buena para pedir, para gimotear, para suplicar siempre que, con ello, se ordeñe las ubres de la vaca del Estado. Nadie hablará de independencia, ni de traspaso de competencias. Ahora toca hacerse los pedigüeños, pedir más ayudas. Que en Canarias hay una catástrofe, da lo mismo; es aquello de ¡oiga, que nosotros lo vimos primero! El dinero debe ir donde hay dinero y que nadie se atreva a discutírselo porque, para esto están Carot o Puigcercós para ir a romperle la cara. Es el sistema de los separatistas, separarse sí, pero conservar el cordón umbilical con la madre patria, para que continúe proveyendo las arcas del nuevo estado. ¡Así cualquiera!

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