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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Vamos, señor Bosé, un poco de humildad!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 31 de julio de 2007, 00:19 h (CET)
Si no les importa, hoy me gustaría escribir algo sobre esta imprecisa, variopinta y agresiva agrupación de iluminados que, no sé todavía por qué causa, se ha dado por calificarse de 'progresista', de forma más abreviada, 'progres'. Debo comenzar por aclarar que no es una tendencia política en sí, porque está integrada por distintas sensibilidades, si es que se puede considerarlo así, que van ocupando un arco de nuestra sociedad que abarca desde el lumen más infecto hasta lo que pudiéramos denominar como la 'aristocracia', los 'pensadores' y los que, simplemente, se apuntan para beneficiarse de ello. Valga decir que son muy escasos los obreros, comerciantes, dependientes y trabajadores autónomos que se dejan arrastrar por esta corriente, entre otras causas, porque son gente que trabaja, que no tiene tiempo para perder en semejantes zarandajas y que, además, cuando reclaman algo, siempre suele ser en relación con sus salarios, sus condiciones laborales y sus posibilidades de encontrar trabajo o evitar que se les prive del que tienen. Naturalmente la clase de los trabajadores ya tienen sus medios de presión que consisten en sus sindicatos y en el derecho que les concede la Constitución de realizar huelgas.

Pero volvamos a los “progres”, que es lo que ahora nos interesa. Dejando aparte aquellos que ocupan los estamentos inferiores, facilmente manejables por los “infiltrados” de los partidos de izquierdas; nos encontramos con un grupo que se consideran los pensadores, los que forman la élite, los que presumen de “intelectuales” porque se han leido Das Kapital, han ojeado a Sartre y, en algunos casos, hasta han intentado asimilar a Engels, por aquello de que estos filósofos son el norte y seña de la divine gauche del siglo XIX. Entre ellos también podremos encontrar variantes como el profesor universitario, el autodidacta, el revolucionario medio loco y el actor que, cansado de arrastrar el trasero por los escenarios haciendo papelillos de mayordomo, guardia urbano o mozo de recados, llega a viejo y se da cuenta de que ha desperdiciado su vida en vano, sin conseguir aquello que, en su juventud, pensaba que lograría alcanzar: la fama. Pero ahora me interesa destacar al grupo que yo califico como los “aristócratas”, los niños bien, los ricachones de la farándula. Aquellos niñatos de “casa bien” criados entre algodones, malos estudiantes, que les dicen a sus padres aquello de “a mi lo que me va es el arte” y, los pobres, que habían soñado que su hijo sería arquitecto o ingeniero, se encogen de hombros, se miran el uno al otro y dicen” ¿Qué se le va hacer si el niño nos ha salido bohemio? Pues que sea así”. Estos pipiolos, que suelen tener buena presencia, que son lo que las niñas in, sus compañeras de piscina y sus amantes con las que retozan en los rincones, llaman un chico “mono”; no necesitan esforzarse mucho en conseguir que les den la oportunidad soñada, no precisan acudir a castigns o inscribirse en una Operación Triunfo, porque les bastan las influencias de los “papis” y, en el peor de los casos, la financiación que les proporcionan para saltar a los medios de comunicación, que hoy en día, es el mejor sistema de alcanzar la fama.

Dentro de este último grupo y, yo diría, que uno de las casos más paradigmáticos, está el señor Miguel Bosé, hijo de torero y atriz, para más señas italiana. El muchacho no tuvo que trabajar, le bastó ponerse el apellido de la madre y las influencias de sus padres para pasar directamente de sus veraneos en chalets esplendorosos, del círculo de selectas amistades de sus progenitores, de la jet de los famosos y famosas, a las tablas de los escenarios. Podríamos decir que irrumpió en el mundo del espectáculo a lo grande. Un muchacho espigado, con cara melancólica, sabiendo moverse sinuosamente y dirigiendo miradas acarameladas a la audiencia triufó y ¡vaya si triunfó! Que si ya era rico por familia acrecentó su fortuna al convertirse en el objeto del deseo de todas las quinceañeras. Hoy se triunfa así, más que por la voz y la calidad de las canciones, por saberse vender. Bien, pues este sujeto a quien la fama, ha trasvertido; las lisonjas, han pervertido y su corte de chupópteros, sus fiestas, sus bacanales, han convertido en un ser abúlico, pagado de sí mismo y de sensualidada equívoca; lo que no debe maravillarnos porque, siempre, ha alardeado de ser un pica flores, un experimentador de placeres a quien nunca le ha importado probar sensaciones nuevas; se las da, últimamente, de predicador. Si tengo que serles franco, a mi todo esto me importa un ardite, pero, cuando un sujeto como él nos quiere dogmatizar, cuando quiere corromper a nuestros jóvenes, a sus fans, desde la torre de marfil en la que está instalado, se me enciende la vena de la irritación y esto quiere decir que debo entrar en combate, dialéctico se entiende.

Pues este hombre “sabio”, este Salomón de vía estrecha, considera – me imagino que después de largas reflexiones – que ha llegado el momento de “acabar con la dictadura heterosexual”. Como es natural, su alegato ha llegado tarde porque si hay un colectivo que, en tan poco tiempo, haya conseguido ser aceptado por la sociedad, se le hayan concedido más derechos y se le haya permitido casarse e incluso adoptar hijos, éste, señores, ha sido el de los homosexuales y lesbianas. Pero, aún que asi no fuese él, que es tan progre, lo que debiera hacer no es lanzar sus parrafadas desde su domicilio en Italia o desde España, donde es fácil pregonarse maricón, sino irse a Irán o a cualquier país musulmán; sí, señor Bosé, vaya usted a predicar a los de la jiha y dígales, de paso, que dejen de aplicar la tiranía heterosexual, porque precisamente en aquellos lugares si existen penas que van desde 100 latigazos a la muerte por dilapidación para los que comparten sus ideas. Usted puede opinar lo que le de la gana, pero no nos venga con boutades como esta que, si bien sabemos que es de la cuerda de Zapatero, también sabemos que su padre fue un buen torero y que usted ahora reniega de ello; que vive usted en la opulencia cuando hay tanta gente que pasa hambre; que sus bacanales han sido famosas; todo ello para que ahora venga a decirnos a los heterosexuales que si hemos tiranizado o no a los homosexuales. En todo caso, ya que se mete con nosotros, voy a decirle que nunca, me entiende, nunca los heterosexuales hemos protagonizado una manifestación tan sucia, tan repugnante, tan anticlerical, ostentosa, provocativa y carnavalesca como la que llevaron a cabo sus amigos gays y lesbianas en las calles de Madrid. Sé que no todos son así, gracias Dios, pero si lo que nos quieren vender es el espectáculo que nos dieron, tengo que decirle que fue contraproducente y negativo para el colectivo que usted defiende. No creo que sea usted la persona más adecuada para ponerse como ejemplo de lo que debe ser un ciudadano, ni darnos lecciones de ética o moral. No señor, usted mejor estaria calladito.

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