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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Érase una vez… ¿Shakespeare?

Ferran Madico dirige en el Teatre Grec su moderna versión de “Cuento de invierno”
Redacción
martes, 31 de julio de 2007, 22:00 h (CET)
En dos palabras: aburrida y larga. Los espectadores tuvimos una gran sorpresa, y no grata precisamente. Shakespeare atrae al público, aunque “Conte d’Hivern” sea una de las obras más complejas y con más claroscuros del autor, escrita en 1610 por un Shakespeare crepuscular (poco antes de escribir su última creación “La tempestad”).

Rafaela Rivas
Tenía que ser el gran estreno del Festival Grec, pero no ha cumplido con las expectativas. “The Winter’s Tale” es una obra extraña, una especie de cuento con su toque de moralidad incluido, con incongruencias argumentales, ambigüedad histórica y geográfica, pero cargado de una atmósfera poética y melancólica y con escenas llenas de emoción (ingredientes típicos de los textos del genio de Stratford).

En la versión de Madico –traducida por Salvador Oliva y coproducida por el Centre d’Arts Escèniques de Reus (CAER)- estos elementos son casi inexistentes. En primer lugar debemos destacar la escenografía, pero no por su acierto, aunque la intención era buena. Madico ha querido reflejar el conflicto en una sala con un suelo-tablero de ajedrez, y aunque la metáfora no llegue del todo al espectador está ahí si tenemos en cuenta el argumento: Leontes, rey de Sicilia interpretado por Pere Arquillué acusa a su esposa Hermione (Cristina Plazas) de mantener una relación adúltera con Políxenes, rey de Bohemia interpretado por Oscar Rabadán. Esta acusación llevará al rey a un estado de desesperación y celos que desencadenarán tragedias a su alrededor hasta llegar a la propia autodestrucción. Ante una historia así es cierto que la escenografía sería lo de menos, pero Madico peca de austeridad, con una escenografía que más que parecer una corte real se asemeja al descansillo de un hotel. Pocos son los elementos que aparecen en escena: dos sillas y una mesa con un enorme florero que más que adornar molesta –y si tiene algún significado, lo siento pero no lo he entendido-. A partir del actor IV este espacio cortesano se transforma en un espacio plebeyo para ambientar las escenas pastoriles y para ello Madico decide utilizar un ventilador de grandes dimensiones que lanza manojos de lana sobre el mobiliario de los actos primeros. Madico se decanta por un recurso vistoso, aunque poco, por no decir nada, eficaz (sobretodo a la hora de “despejar” de nuevo este espacio para volver a convertirlo en la corte). Todos estos factores externos no tendrían tanta importancia si la puesta en escena deslumbrase al público, pero le falta brillo. La interpretación está falta de energía, de emoción, es irregular durante el espectáculo y además el texto en muchas ocasiones es ininteligible. Es cierto que las dificultades de sonorización del espacio Grec tampoco ayudan mucho pero si además de este infortunio añadimos los fallos de microfonía y algún exceso vocal de los actores, el significado del texto, imprescindible en Shakespeare y necesario para poder seguir el espectáculo como es merecido, se pierde. Además, Ferran Madico ha querido arriesgar en algunos aspectos actorales, dándole por ejemplo más relevancia al pequeño Mamilius convirtiéndolo en Cronos, aunque a pesar de la importancia de lo que seguramente decía perdió en eficacia dramática.

En conclusión sólo algunos actores consiguen llamar la atención y salvar algunas escenas, como es el caso de Oriol Grau, estupendo en el papel de Pallús, Pedro Casablanc convertido en un polifacético Autòlicus, Pere Arquillué en el papel del Rey Leontes y Rosa Renom, como la fiel Paulina. De todos modos son actuaciones que no despuntan a pesar de las expectativas y del peso dramático que poseen sus personajes. Lo que sí que llama la atención son las escenas pastoriles, en teoría las más cómicas del espectáculo, aunque más que comedia deberíamos llamarlo ridiculez ya que más que risa da vergüenza ajena, porque sinceramente, creo que en la escena III del acto IV, donde Madico decide sacar a Autòlicus de la Ramblas con top manta incluido y entonando poemas al son de las Spice Girls no tiene nombre… ¡Al final no le quedan a uno fuerzas ni para aplaudir! Ais, si Shakespeare lo viera…

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