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Etiquetas:   Flamenco - Crónicas   -   Sección:   Revista-teatro

El duende se alía contra la pobreza

Antonio Alcántara
Redacción
martes, 31 de julio de 2007, 22:00 h (CET)
El Festival Flamenco Pa´ Tos, cuya octava edición se celebró entre el 16 y 19 de julio, no es un festival flamenco cualquiera. Los espectáculos se desarrollan en un escenario, el Colegio de Médicos de Madrid, que goza de un paraninfo con una acústica envidiable, donde el intérprete se siente abrazado por el público. Además otra peculiaridad es que los artistas actúan de forma totalmente altruista.

Tanto la voz octogenaria de Chano Lobato como el baile de la jovencísima Belén López se pusieron al servicio de los niños pobres de Sri Lanka y Guatemala. Este consolidado evento organizado por la Fundación Gomaespuma, con el buen asesoramiento de Juan Verdú, ofreció un magnífico cartel con una amplia gama de artistas.



Eva Yerbabuena. Foto: Rafa Manjavacas


Tras la jocosa presentación de Juan Luis Cano y Guillermo Fessel, presentadores de “Gomaespuma”, comenzó el lunes dieciséis de julio este festival benéfico con un programa inmejorable que presentaba a cuatro maestros de cada una de la modalidad del flamenco. Con el coso repleto, con gente incluso sentada en el suelo, Cañizares tuvo el honor de abrir la octava edición de Flamenco Pa´Tos. El sonido que ofrecía el guitarrista catalán, interpretando las piezas de “Iberia” de Albéniz que ha confeccionado en su último disco, hacía presagiar que iba a ser un festival mágico. La melodía suave que proponía el consagrado guitarrista emocionó al público que comenzaba a embriagarse de flamenco saboreando cada una de las falsetas. Cañizares convierte la guitarra en algo más que un instrumento, le da cuerpo mimando el utensilio, mantiene una cordial relación con ella para proyectar sonidos que enternecieron los sentidos del respetable, que le brindó una ovación espectacular.

Tras este buen sabor que dejó en el paladar de la asistencia la guitarra de Cañizares, salió Arcángel. Flamenco, con chaqueta blanca y camisa negra, y valiente, a solas con su voz en el escenario. Se retorcía en la silla el cantaor onubense con un martinete que puso el vello de punta a más de uno. En la soleá jugó con todas las tesituras de su voz, que tiene el privilegio de ser a la vez añeja y fresca. Siguió por tangos y alegrías, sonando dulce y acompañado por la guitarra de su fiel escudero, Miguel Ángel Cortés, que respeta el cante con una jonda ternura. Se sentía a gusto el joven cantaor y elogió la iniciativa del festival de ayudar a los niños más necesitados antes de despedirse por fandangos de su tierra. Y Huelva fue la puntilla de una actuación mágica que consiguió enaltecer a un público totalmente entregado.

Descanso ineludible, especialmente para los que se encontraban sin asiento. Unas cañas debajo de la palmera en el patio donde en su día paseara Ramón y Cajal y vuelta al paraninfo para escuchar ese piano tan flamenco que propone Dorantes. El músico lebrijano hizo un recorrido por su repertorio y mostró la grandeza de la música, haciendo fácil lo imposible. Arcángel salió de nuevo para acompañar por malagueñas y llenó de nuevo el escenario de almíbar que edulcoró las teclas del piano de Dorantes.
Y con el ambiente inmejorable, sólo faltaba el corolario final a este lunes mágico y Eva Yerbabuena con su baile puso el broche de oro. Salió de negro, con chaqueta torera. Quedó poseída por el duende, se traslucía en su rostro. Se posaba serena, con temple y en cada movimiento trasladó al público a las entrañas de un palo tan sentío como la seguiriya. Después llegaron los olés, la gente jaleaba a la bailaora granadina cuando salió de rojo para la soleá por bulerías. La chispa se apoderó entonces del escenario, Eva derrochaba energía en cada movimiento y la supo transmitir mejor que nadie a la audiencia que enloquecía. Y con todos los artistas unidos en el saludo final, se finiquitó esta noche memorable. No se podía pedir más.

Al día siguiente, la guitarra de Niño Josele abrió la velada. Con la presencia de batería, contrabajo y percusión, su relajante melodía sonaba a flamenco chill out. Acariciaba su guitarra sintiendo el reposo de la suave cadencia. Pero tras este sosiego inicial, se sumergió en la grandeza de la bulería, derrochando fuerza en cada golpe, en cada rasgueo. Se divirtió con su toque, jugando con ese virtuoso sentido del compás. Antes de que recibiera una ovación de gala, Niño Josele ensalzó la figura del director de cine, Fernando Trueba, de quién dijo que “era el artífice que ha hecho cambiar mi concepto de música y de ver las cosas”. Y de la guitarra, al cante con otra joven artista. Con porte torero salió Marina Heredia al escenario.


Marina Heredia. Foto: Rafa Manjavacas

Comenzó con un recuerdo a su tierra con “La balada del que nunca fue Granada”, interpretando los versos de Rafael Alberti. Se gustaba en el escenario, movía las manos actuando, y trajo a la capital aires frescos de la ciudad de la Alhambra. La soleá la hizo reposada, de pié, luciendo talle, hermosa como su voz. Pasó a los tangos, se echó palante, inmersa en el embrujo del recinto, y se paseó por el escenario con elegancia, templanza y un cante lleno de sentimiento. Acabó con unos martinetes que cautivaron al auditorio. Tras la exhibición de guitarra y cante, llegó otra promesa consagrada, en este caso del baile. Belén López salió enérgica con un intenso zapateado. Vestida completamente de negro, la jovencísima catalana se movió como las antiguas. Desparramó fuerza en la soleá, bailó las bulerías con pasión, con tanta que hasta se le soltaron las horquillas de sus bucles. Remató la faena por alegrías, tras enfundarse un traje rojo y soltarse la larga melena, y sedujo al entregadísimo público. ¡Viva tu arte, Belén!

La noche del miércoles se abrió de nuevo con guitarra. En este caso fue Tito Losada el que inauguró la función. Toná, granaina, alegrías y bulerías sirvieron de preámbulo al plato fuerte de la noche: la esperada actuación de Juan Ramírez Sarabia “Chano Lobato”. El cantaor gaditano también quiso colaborar con la erradicación de la pobreza en el tercer mundo. Muchos pensaron que el veterano artista iba a salir más que nada a contar batallitas – que las contó y con mucho arte-, pero el que tuvo retuvo. El del barrio de Santa María comenzó con unos tangos, donde derrochó gracia por los cuatro costados. Se encontraba bien de la voz y puso a más de uno el vello de punta con la soleá y los sentimientos a flor de piel con las bulerías “Volver”. Acompañado magistralmente por el toque de Antonio Carrión, finalizó por tanguillos, ese cante que sabe hacer como nadie. A sus ochenta años, Chano sacó casta, se peleó con el cante en un concierto de los que se clavan en la memoria y provocó el delirio del respetable madrileño, que tanto quiere al intérprete de “la tacita de la plata”. Un respiro necesario en el Patio para sedimentar las emociones que provocó Chano Lobato. El cierre de la velada lo puso en esta ocasión el baile de Pastora Galván. Comenzó por soleá, con chaqueta azul y falda blanca. Tensión en los desplantes, jugó con una silla en el escenario y fascinó con sus movimientos sensuales. La sevillana creó una bonita simbiosis de baile con sabor añejo e influencias del innovador estilo de su hermano, Israel Galván. Pastora bajó el telón del paraninfo con unos tangos aderezados por el sonido impregnado de arte de sus platillos, que encandilaron a la asistencia.

El jueves diecinueve, en los corrillos que se formaban previos a la función había ya embriaguez de flamenco después de tres días seguidos de espectáculos y haber contemplado las actuaciones de diez artistas. Pero también invadía un sentimiento general de tristeza porque hasta el próximo año no se disfrutaría de un embrujo tan especial como el que se había vivido en el paraninfo del Colegio de Médicos de Madrid. Pero todavía quedaba la puntilla final. La guitarra elegante y refinada de Pedro Sierra comenzó a sonar por la farruca “Cadencioso”, incluida en su último disco “Nikelao”. El artista de Hospitalet de Llobregat acariciaba su instrumento en cada acorde. Pedro estaba a gusto, recibió rápidamente el calor del público y así lo expresó el artista que dijo sentirse como en el comedor su casa. Repasó gran parte de su repertorio, por soleás, tarantos, seguiriyas y bulerías, mostrando su gran variedad de falsetas donde conjuga influencias de las generaciones antiguas y actuales. Los olés y los aplausos reconocieron la entrega del sevillano de adopción. Y llegó el turno de los jóvenes. Uno del barrio jerezano de Santiago y otra de Sevilla, de Triana.


El niño Josele. Foto: Rafa Manjavacas

Casi ná. Primero fue el turno de Alicia Gil. La joven hispalense se metió en faena y debutó cantando por derecho tras hacer sus pinitos con el pop. Y no pudo tener mejor comienzo, se arrancó por tonás, para recorrer los tientos y pasarse a los tangos, viajó a Cádiz por alegrías y sobrecogió a la audiencia con una soleá de Alcalá. La trianera acabó de pie por bulerías haciendo alarde de esa preciosa voz picada. Un gran fichaje para el mundo del flamenco. Alicia preparó el terreno a Ezequiel Benítez que se lanzó por alegrías. El cantaor afincado en Madrid, pasó a la trilla con cabales, con mucha autoridad y demostró sus tablas, ya que a pesar de su juventud, el jerezano es profesional desde los catorce años. Finalizó con una versión por bulerías del tema “Guitarra mía” del cantautor cubano Polo Montañez. Apareció el soniquete con letras sentías llenas de arte como cuando se dirigió al guitarrista para decirle: “Mira qué flamenco es, que duerme con su guitarra en vez de con su mujer”. Su tía Ana puso la guindilla con unas pataítas con exceso de arte.

Un festival de tal magnitud había que cerrarlo a lo grande. Nadie mejor que una veterana del baile, una señora del donaire como Blanca del Rey. La bailaora cordobesa anunció su retirada de los escenarios, pero antes quiso dejar su huella en el tablao. Regaló dos perlas sublimes: la soleá del mantón y la seguiriya con bata de cola y castañuelas. Su rostro, una tragedia. Los movimientos del mantón, una delicia. Emocionó al público que se puso de pie, antes de que Blanca demostrara que también es una experta con “los pies que ahora tanto se llevan”. Y con el magistral baile de Blanca del Rey por bulerías se puso fin a la octava edición de este festival. Unos espectáculos en los que el eco de los cantaores, las falsetas de los guitarristas y el taconeo de las bailaoras resonarán en Sri Lanka y Guatemala sacando una sonrisa a esos niños tan necesitados que se olvidarán por unos momentos de sus duquelas.

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