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España es insultada y vejada. Nadie acude en su defensa

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 30 de julio de 2007, 04:09 h (CET)
Es evidente que estamos inmersos en un proceso de demolición de la nación española. Parece penosamente cierto que, la gran mayoría de los ciudadanos, permanecen indiferentes, como convidados de piedra o simples 'Don Tancredo', ante este hecho incuestionable de que, cada día, se hace más palpable y notorio, nuestra Nación va encaminada a convertirse en un remedo de lo que fue . Y no lo es menos que, aquellos que, según la Constitución de 1978, tendrían la obligación y el deber de velar por la unidad de la patria, para que se cumpla a raja tabla lo dispuesto en su artículo 2º de la Carta Magna, –donde se establece sin ninguna posibilidad de interpretaciones torticeras, interesadas o divergentes, con claridad meridiana, la 'indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles', en lugar de dar muestras de ser los garantes del cumplimiento de la ley, parece que son los primeros interesados en que la Nación pierda su identidad en beneficio de determinadas regiones con aspiraciones separatistas. Asistimos, atónitos, a hechos que serían merecedores de la más enérgica actuación de la Justicia - de esta Justicia que tan enérgicamente reclama para los ciudadanos objetores del panfleto la Educación para la Ciudadanía, el ministro de Justicia, señor Fernández Bermejo -, que tan remisa se muestra cuando se trata de resolver las cuestiones de inconstitucionalidad del Estatut catalán; que tan poco diligente demuestra ser cuando debe actuar contra determinados personajes conocidos por sus contactos con los terroristas y que, tan poco hace por meter entre rejas a aquellos que hacen apología del terrorismo, de la división de la Nación y del la ruptura de la propia democracia en pro de un régimen totalitario y tercermundista.

Basta ver con qué desfachatez, un personaje de tercera fila, uno de los que acostumbra a saltarse a la torera las leyes del país creyéndose que todo le está permitido, basándose en la debilidad demostrada por el gobierno del señor ZP; el señor Xabier Aguirre, flamante Diputado General alavés; se ha permitido inaugurar su mandato con un acto de rebeldía contra España y su Constitución. Señores, ese sujeto, uno de los que preconiza un acuerdo vergonzoso con la banda terrorista ETA; un individuo que puso como chupa de domine a la Guardia Civil, precisamente cuando se le rendía homenaje por haber salvado a más de 400 montañeros vascos; un protector de los cachorros etarras que criticó a los ertzaintzas por haber cargado contra los de la Kale Borroca que homenajeaban a dos terroristass fallecidos en la cárcel, en una manifestación por las calles de Victoria, acusándolos de haber efectuado una represión 'contundente y desproporcionada'. Uno de los fieles al camaleónico Juan María Atutxa que, como tantos vascos, jugó en los dos bandos, primero como un decidido defensor de la legalidad y de la exterminación de ETA y, luego como un adalid de la negociación y de la radicalización del separatismo vasco.

Pues bien, señores, por si su historial no fuese de por sí lo suficientemente éxplícito, en virtud de las actuaciones cabalísticas de PSE que le impiden pactar con el PP, este personaje, yo diría este terrorista de la política, ha tenido la ocurrencia, la temeraria y cerril idea de ordenar, en el primer día de su mandato y sólo unos pocos minutos después de tomar posesión de su puesto –de la poltrona que ha usurpado a los partidos que fueron más votados y que, sin embargo, en virtud de las maniobras rastreras del señor ZP y sus adláteres, ha conseguido detentar –; repito, ha tenido la osadía de ordenar retirar todas las banderas de España que existían en los despachos e instalaciones interiores de la sede foral. Al parecer, este rencoroso Atila, entro en los despachos a “sangre y fuego” con la intención de no dejar titere con cabeza de los antiguos ocupantes de la delegación, cesando ipso facto a los diputados forales en funciones. A algunos, que ya peinamos canas, estas actuaciones nos recuerdan la toma de posesión, de la chusma frente populista, de las instituciones apenas entraron en el poder en el mes de febrero de 1936. Los mismos modos, el mismo espíritu revanchista, la misma actitud prepotente y hortera de aquellos que, sin más mérito que estar adscritos a un partido revolucionario, se creen que son los dueños del mundo. Según informan los cronistas solamente queda, por ahora – no se sabe hasta cuando, dada la manía persecutoria de este iluminado separatista – la bandera nacional que ondea en el exterior de la Casa- Palacio de la Diputación.

Ahora se me ocurre preguntarle al cainita señor Fernandez Barmejo; al fiscal que deshauciaron, como inútil, sus propios compañeros de la profesión fiscal; al ministro de Justicia que, imitando a Lenin ( al que se le parece físicamente), nos amenaza constantemente con su dedo en ristre, como nuevo inquisidor, para que no nos atrevamos a contrariar los designios de su jefe de filas, señor Zapatero; el mismo cancerbero que, en una ocasión, manifestó que su militancia como socialista estaba por encima de las leyes; pues, a este mismo señor, le pregunto: ¿qué va usted a hacer contra un sujeto que se permite escarnecer a la patria vejando a los españoles de la peor forma que se puede hacerlo, menospreciando nuestra bandera, el símbolo de nuestra patria y de nuestra unidad?, ¿ no presumía el señor Fernández Bermejo de ser fiel defensor de la legalidad? Pues hete aquí la ocasión de demostrarnos con hechos que esto es verdad. ¡Vamos, señor F.Bermejo, salte al ring y póngase los guantes de boxeo para intentar derrotar a este adversario que se ha atrevido a insultarnos a todos! O, ¿es que todo son balandronadas, o es que su valor se le va en palabras, pero a la hora de echarse 'pa lante', como diría un castizo, todo es pólvora mojada? O es que, señor ministro de Justicia, todo su empaque no es más que un bluff, una fanfarronada, una pose para amedrentar a la ciudadanía, para que no se atreva a ejercer los derechos que le confiere la Constitución y, por el contrario, cuando se trata de imponer la legalidad, ¿tiene usted que mirar primero a su jefe de filas, el señor Zapatero? Me temo señor mío, que detrás de tanto teatro, le ocurre, como al señor de la cita, que: 'los muertos que vos matáis gozan de buena salud'.

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