Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Despechados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 30 de julio de 2007, 04:09 h (CET)
No son raras, no; más bien son habituales las sensaciones de desengaños y frustraciones. Con frecuencia cargan las baterías de la furia personal, ¡Y de qué manera! Pensemos en su carácter reiterativo, cada día, por numerosas cuestiones de la vida; incluso repitiéndose el mismo desengaño, como un mazo. Abarcan actividades de diferentes sectores, públicos, privados o indefinidos por la burocracia o por manejos sibilinos. Y a veces, por si faltaba algo, su intensidad hiere en lo más profundo, hasta grados insoportables.

Se consolida una mala leche de fondo, transmitida después a los quehaceres de los sujetos resentidos, quizá rencorosos. Según la RAE es una malquerencia vehemente. Una vez adquirida lo pringa todo, utiliza cualquier situación. Este DESPECHO es casi constituyente de la especie humana, es otra de las actividades más antiguas.

Ofrece el apoyo frívolo, pero atrayente, de despejar los balones de la culpa hacia fuera, hacia otros personajes, fuera del yo. Así acabaron por desprestigiarse los antiguos dioses; antes y ahora se despotrica sobre los tiempos que corren, socorridos culpables de los entuertos y frustraciones; como se acaba por mirar con despecho a todo pretendido mago del devenir social. Hasta Dios o la Ciencia podemos verlos desde ese tono displicente. Según se mire, nos vengan por lo áspero o por lo sensible, convendremos en lo maravilloso de ese recurso, la inquina se desvía a otras dianas, sin acosos reflexivos para uno mismo.

Una de las dianas favoritas donde podamos ejercitarnos arrojando sobre ellas los dardos del descontento, suele ser la CIUDAD. Qué si la ciudad no tiene vida, favorece las bandas ociosas de gamberros, o dificulta la comunicación fluida entre sus habitantes. Hasta anonimatos perversos y desprecio por la naturaleza le son atribuidos. ¿La culpa será de la ciudad? Como no habla, se traga cuantas responsabilidades le achaquemos. ¿Qué ciudades vamos creando? Italo Calvino llegó a denominarlas "Las ciudades invisibles". Decía así: "Hace horas que avanzas y no ves claro si estás ya en medio de la ciudad o todavía fuera". Los destrozos salvajes, los silencios cómplices o las soledades crudas, no son creaciones del cemento, aunque atribuyéndole las causas nos tranquilicemos. "¿Pentesilea? Pero ¿La ciudad dónde se vive?" Calvino buscaba la entraña de la ciudad; los despechados descargan sobre ella sus iras.

Esa inquina vehemente propia de las actitudes despechadas se dirige a determinados falsos protagonistas; desvío fatal como luego comento. Se origina un curioso fenómenos de IDEAS DESPLAZADAS. Las diatribas se proyectan sobre ideologías, teorías, sistemas económicos, determinadas filosofías, doctrinas y sistemas de enseñanza. Esa parece la ubicación de las ideas responsables. Mientras dejamos de lado al auténtico protagonismo y responsabilidad de los individuos practicantes. No es infrecuente que estos últimos disfruten del beneplácito general. Desviando la responsabilidad hacia las estructuras, permitimos el juego libre de los verdaderos artífices de los despropósitos. ¿Cómo se van a suavizar así las frustraciones? Nunca llega la precisión suficiente, el punto de mira está desviado. De esta manera colaboramos con el círculo vicioso del deterioro.

La malquerencia de la que vengo tratando se mete rauda por todos los poros, su poderío de cara a la extensión de sus influencias es enorme, e insisto en el buen recibimiento social a estas actitudes. ¿Por falso progresismo?¿Por no meterse uno en jaleos?¿Será por que nos va la marcha de una mala leche morbosa? No cabe duda, favorece la crispación, enseñoreada de grandes ambientes. Es posible que la toleremos por estar implicados excesivamente en su funcionamiento. Participamos en una DESPROPORCIÓN acomodaticia. En el lado negativo, las insuficiencias, impotencias o sufrimientos. Mientras la vertiente positiva pudiera haber sido excesiva, con deseos abusivos, proyectos defectuosos y presuntuosos, como también confianzas indundadas. Mucho plan y demasiadas insuficiencias. Un proyecto mal ideado habrá contibuido a la frustración. La misma planificación estúpida, inflada y fuera de tono, acentuará el despecho venidero.

Me atrevo a proponerles un curioso grupo caracterizado por la desesperación o el disgusto derivado de unas circunstancias SANITARIAS a las que se vieran sometidos. Como en otras materias, no todas las insatisfacciones bullen con el mismo tono, ni con el mismo sentido, las direcciones pueden ser opuestas; por que en este campo, en la variación está el disgusto cuando vienen mal dadas. Los más dignos de consideración y apoyo anidaron el disgusto en relación a servicios sanitarios impropios, asistencias tardías, desplantes, errores o resultados con un trágico final.

En otras ocasiones no parecen justificados los despechos cuando se generan a partir de unas pretensiones irreales, por que a pesar de los portentosos avances logrados, no siempre se consigue el control de los procesos patológicos. Son frecuentes las informaciones excesivamente optimistas, sin fundamento; los riesgos y desgracias pasan sobre ellas. Finalmente se origina inquina por una perversión o egoísmo de los comportamientos, tocados de cerca por alteraciones psiquiátricas. Estamos ante un ejemplo de equilibrio difícil, nunca alcanzado de lleno.

Que si a los dioses les concierne, a los políticos, al Ayuntamiento, a los entes de la más diversa alcurnia, al vecino o al discrepante con nuestras ideas. ¿Dónde finalizará la presuntuosa retahila de requerimientos e improperios? Nunca se posiciona el interfecto como responsable, su papel se desenvuelve como víctima, eludiendo culpas. Cada pulla hacia el exterior supone un nuevo atornillamiento, una renovada excusa para la furia y el enfado por la que considera su inocencia ultrajada. Sólo contribuyen a la NEGRURA; su incordiante postura no consigue ningún blanqueo. Este negativismo se vería reflejado en los versos de Oquendo de Amat, "¿Dónde está la puerta?¿Dónde está la puerta? / Y siempre nos damos de bruces / Con los espejos de la vida / Con los espejos de la muerte".

Se da una suerte de dominio por parte de las ACTITUDES ARISCAS, los desplantes, las crispaciones o los despechos, se implantan con una naturalidad paradójica, dada la insatisfacción originada en sus contactos. Si no el agotamiento, si apreciamos una menor potencia de las cualidades más placenteras. Pues bien, aunque fuera por puro egoísmo, la inquina y la malquerencia no debieran imponerse. Nos va en ello un permanente nerviosismo atacante.

Noticias relacionadas

Qué explicaría la visita de Xi Jinping a Panamá

Panamá no constituye ejemplo de gran o mediana potencia

¿A quién voto en las próximas elecciones andaluzas?

Los socialistas han gobernado en Andalucía desde 1982 sin interrupción y no hemos salido del vagón de cola

Macron y Mohammed 6 en tren de alta velocidad

Mientras otros países del Magreb se resisten a la modernidad, Marruecos se suma a la carrera espacial y viaja en trenes de alta velocidad

¿Hacia un Brexit traumático?

La irrupción de fuerzas centrífugas consiguió la victoria inesperada

Interior del Ministro de Interior

​Desayuno de Europa Press con el ministro de Interior Grande-Marlaska en el hotel Hesperia de Madrid. Llegué con adelanto y atendí el WhatsApp: “¡Vaya espectáculo!.
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris