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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Besos de fogueo’ de Montero Glez, ecos de la canalla

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 1 de noviembre de 2007, 07:51 h (CET)
Descúbranse calvas y bisoñés, caigan boinas y tupés, capelos y gorras, abran paso, alineados en doble fila: Montero Glez ha vuelto. Y lo hace con un puñado de cuentos: ‘Besos de fogueo’.

Mes de julio, por la tarde. Hora punta. Mucho sol todavía. Sopla viento de poniente. Calle Colón de Valencia. Entro a la librería de unos grandes almacenes, obvio nombrarlos. Me alivio con el aire acondicionado (no sé si a 24 grados o no, a fin de cuentas no es un centro oficial). Busco novedades y le descubro, plantado en un anaquel, vertical, sobrio, inusual, serio. Y desde la portada que le han diseñado en ElCobre, su retrato, blanco, gris y negro, reclama la atención: la mía, la nuestra, la suya, improbable lector y posible comprador. Transgresor Montero Glez: purito entre los labios, ojos picajosos por el humo, jeta rasurada recién, patillas de cigarrillo. Atrevido Montero Glez: innovador, barroco, distinto. Genuino Montero Glez: el suyo es un producto afilado, depurado, ultimado al detalle, insólito en la República de las Letras.

‘Besos de fogueo’ es una colección de relatos, diez exactamente, y el primer riesgo que asume la publicación de un libro semejante es mantener un nivel de calidad homogéneo. Y es tarea complicada, porque normalmente cada historia fue escrita en un momento distinto, producto de algún fogonazo irrepetible, carente de un hilo conductor que, tiempo después, permita manejar los cuentos por senda uniforme. Sin embargo, en estos "Besos" el nexo de unión es evidente: la voz y el verbo, inimitables e inconfundibles, del escritor madrileño exiliado en el Sur.

En ‘Besos de fogueo’ hay materiales nuevos y otros más antiguos que han sufrido transformaciones, tal y como el propio autor anticipa en el prólogo. En este caso, los costurones de los cambios no han dejado cicatrices y el resultado final es más que aseado: brillante. Y es que este hombre se ha puesto el listón muy elevado y cada día se exige más a sí mismo como profesional de la ficción, con lo cual, siguiendo su trayectoria como la sigo desde hace varios libros, me da la impresión de que una vez publicados estos fogosos "Besos", probablemente aún sería capaz de darles alguna vuelta más. Porque para Montero, cada relato es un campo de experimentación, un laboratorio de pruebas, un ser vivo susceptible de continuas transformaciones y mejoras. Y mientras un párrafo chirríe o un adjetivo le pinche más de lo conveniente, no cejará en su empeño de encajar las piezas a gusto, sin esquirlas, sin baches, engrasadas.

Asomándonos ya a los cuentos, nos encontramos que ‘Al sur de tu cintura’ y ‘El último sacramento’ son los embriones de ‘Sed de champán’ y ‘Manteca colorá’, respectivamente, dos de las novelas ya publicadas por Montero Glez; ‘Sin mierda en las tripas’ y ‘La trampa del diablo’ son relatos independientes, aparecidos en su día en el diario ‘El Mundo’; ‘El secreto de la Garbo’ - no es el secreto que ustedes se imaginan, es otro -, fue cazado al vuelo por el madrileño mientras pegaba la hebra por tabernas y cafetines. Por último, ‘El vestido de la Chata’, ‘Rubia de rabia’, ‘Cuarto oscuro’, ‘La favorita’ (estos dos últimos publicados en el diario ‘ABC) y ‘Barrio de las Injurias’ son anticipos de lo que será su próxima novela, titulada ‘Pólvora negra’, historia, según promete, de anarquistas, cantaores y reyes restaurados y destronados, retrato histórico de momentos añejos.

Y es en esto último en lo que yo quería incidir. Porque donde Montero Glez se reafirma como ESCRITOR – así, mayusculeado, no hay ningún error tipográfico – es en esos ambientes del Madrid antiguo, que el mismo define en el prólogo como "Época apasionante, la de la Restauración", donde desarrolla un lenguaje castizo, de argot, de los tiempos de maricastaña, real o inventado aunque siempre verosímil, sin olor a postizo, que es lo que importa. En este sentido, relatos como ‘La favorita’, ‘Rubia de rabia’ o ‘Barrio de las Injurias’ cortan el hipo, son homenajes actualizados a la literatura costumbrista con sabor y cocción del siglo XIX, salpimentados al gusto del XXI. Por sus páginas flotan, entran y salen bombines, fajos y refajos, policías trajeados de incógnito, tranvías y coches de caballos, criadas y modistillas, peluqueras y bordadoras, reyes de la baraja, putas y cabrones, serenos y guardiaciviles de capa, tricornio y bigote. Memorable es la definición de "hora punta" del cuento ‘Rubia de rabia’ o de la descripción de Maruja León en ‘Barrio de las Injurias’. En fin, ¿para qué seguir? Disfruten descubriéndolo por ustedes mismos.

Afortunadamente, Montero Glez al contrario de lo que hizo otro escritor único en su género, John Kennedy Toole (‘La conjura de los necios’), se toma la vida con una filosofía distinta, más placentera, más lúdica, y, en lugar de suicidarse por no publicar, poco a poco va abriendo paso, surco, hueco, a su prosa singular por el abrupto sendero de la literatura española y, sus lectores, que no somos legión pero sí comenzamos a ser destacamento, podemos disfrutar, letra a letra, palabra a palabra, de los relatos y novelas con los que castiga nuestra imaginación, siempre curiosa y casi tan calenturienta y pertinaz como la suya.

Cuando uno lee a Montero Glez y luego tiene que escribir sobre su obra, las tripas le aprietan y le entran ganas de ponerse a su nivel: metafórico, musical, adjetival. Y claro, no puede. Aunque lo intenta. Voluntad no le falta. Así que abrevio y les dejo, con estos ‘Besos de fogueo’, ecos de la canalla, resabios de Quevedo y otras plumas ilustres, pasadas y presentes, castellanas, que resuenan próximas y lejanas a la vez en cada uno de estos "Besos". Y es que Montero Glez es algo especial, un pata negra de la Literatura, una cofradía en la que no entran todos los que escriben, sino sólo unos cuantos, los escogidos. Los demás, permítanme la expresión, gastronómica, vulgar y soez si quieren, son buenos perniles, pero no son patas negras.

Por cierto, el verano es propicio para engullir tochos largos delante del mar, atrincherados bajo una sombrilla. Pero cuando alguna tarde nos agosta demasiado y las chicharras protestan más de la cuenta, mejor aparcar esos tochos y zambullirse en la inmediatez y solvencia de los relatos cortos. Y qué mejor que estos "Besos de fogueo" para poner en práctica esta propuesta. La propuesta de Montero Glez.

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‘Besos de fogueo’, de Montero Glez. ElCobre Ediciones, 2007. Precio: 19 euros.

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