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Opinión
Etiquetas:   A pie de calle  

Cuatro ferias en una, cada año

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 28 de julio de 2007, 22:21 h (CET)
Siempre que llegan las fechas “agosteñas”, se produce un fenómeno, que no tengo duda, que es común en muchos pueblos, pero en principio y de momento, me interesa centrarme en el mío.

Muchos de los artículos que ustedes leerán este mes, hablaran de los emigrados que vuelven a vivir las ferias de agosto, al lugar al que nacieron, del reencuentro de familiares, de gastronomía, de hacer un paréntesis en la anodina rutina laboral, etc, y sin duda todos ellos, serán veraces y acertados.

Se trata simplemente de vivir una feria mas, de disfrutar, de celebrar que existes y que estas.

Yo distingo cuatro ferias en una, porque cuatro son las generaciones que, 1º oyen, 2º escuchan, 3º ven y 4º bendicen, los fuegos de artificio que las inauguran.

Los pequeños son los primeros, aquellos para los que la feria ha de ser especial. Los responsables del montaje, solo deben pensar que esta, quedará marcada en la memoria de cientos de ellos, de aquella forma que solo graban los pitufos… las primeras ferias, jamás se olvidan, los acompañaran durante todo el trayecto, pasaran mil años, pero nunca se borrarán.

Cuando rebobinen, ya siendo adultos, no solo verán atracciones multicolores, sino personas que estaban y que quizás ya no, sonrisas de abuelos, ojos cercados de abundantes arrugas, que volvieron a sonreír, por ver a sus nietos disfrutar. Manos cansadas y encallecidas del esfuerzo, que les tenderán unas monedas, para otro viaje mas, en lo que se llama “el derecho a maleducar a los nietos”.

Los hijos de los abuelos y padres de los niños, asistirán al espectáculo y rememorarán aquella actitud de los ancianos, cuando eran padres y los pequeños, eran ellos mismos.

Viajarán por tanto muchos años atrás y aceptaran, esperar tres minutos mas a pie de pista, como cobertura obligada, mas a sus padres que a sus hijos, porque ellos también la tuvieron y disfrutaron. Oigan, sonaba a gloria cuando los abuelos decían aquello de …”bueno venga, yo te pago un viaje mas” ¿o acaso lo han olvidado? ¡No lo hagan!

Esta que describo, es la primera meta. La fiesta, ha de ir dedicada, en un alto tanto por ciento a ellos.

La segunda, la forman los adolescentes, que por primera vez, rozaran la piel de sus brazos en el látigo, en la ola, en el top gun o como se llame …¿sigue existiendo la noria?. Las miradas volverán a decirlo todo, la complicidad…el: ¿quieres ser mi novia? volverá a escucharse y los corazones volverán a palpitar a 180, aunque estén simplemente esperando, que aquello se ponga en marcha y los cabellos de las chavalillas vuelen a cámara lenta, mientras las sonrisas francas, se hagan dueñas del lugar y los chavales sonrían por simpatía, no porque haya alguna gracieta de por medio, sino por aquello de… “sonrío, porque la veo a ella sonreír”.

En esos momentos, mucha chavalería, volverán a repetir mentalmente, aquello que ya dijimos tantos y tantos: ¡que se pare, que el mundo, se pare ahora… porque me quiero quedar aquí, estoy en el sumun de la felicidad!

Los cuarentones, somos quienes menos “derecho” directo tenemos. No diré que no podamos vivir la fiesta, pero estamos en la etapa, en la que damos prioridad a nuestros hijos y a nuestros padres. Somos la generación “puente” y si queremos verlo positivamente, con tomar unas cervezas en los chozos y como digo, servir de unión entre nuestros ascendientes y descendientes, a mi al menos, ya me va bien. Vamos, que me conformo.

La última y también especial, como la primera, la forman aquellos ancianos, que jamás pensaron que verían la portada iluminada de las fiestas 2007. Muchos de sus contemporáneos, fueran familiares o no, han quedado en el camino, y no hay forma de mantener conversación alguna con ellos, si no es en el cementerio, a pie de sepultura, aunque al final, sea el monologo, el que lo envuelva todo…. porque tienen la fea costumbre de no contestar.

Ellos, son los que “bendicen” los fuegos que dan paso, un año mas al disfrute. Si les miran a los ojos, lo notarán, porque en esas miradas hay muchas preguntas, pero una resalta sobre las demás…¿veré también los del año que viene?

Y es, cuando, “en acabando” los fuegos nos apetece abrazarlos y a ellos a nosotros, pero por aquello de las formas…¡no lo hacemos! A veces parecemos japoneses y como ellos, evitamos la demostración de afecto.

¿Por qué no este año? ¿Por qué no abrazar a tus hijos y a tus padres o abuelos cuando suene la traca, el ultimo cohete de la inauguración? PIENSENLO.-

VIVAMOS FELICES UNA FERIA MAS, Y TODAS LAS QUE SIGAN A ESTA. ES NUESTRA FERIA.

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