Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un apagón que ha iluminado las mentes de algunos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 27 de julio de 2007, 21:41 h (CET)
Hay veces en que el destino sabe jugar sus bazas con eficacia. En esta ocasión ha sido a través del gran apagón que ha sufrido, durante varios días, Barcelona; de lo que se ha valido este factor imprevisto, que es capaz de azotar a la ciudadanía en la parte que más le duele, para despertarla de su aletargamiento, de esta especie de droga que la mantiene satisfecha, inmersa en esta burguja de bienestar egoísta que parece que nunca va a terminar y que, sin embargo, como se ha demostrado a través de este topo negro en que se ha convertido nuestra ciudad, basta un incendio en un trasformador, un incidente menor, para que se manifieste hasta que punto se puede convertir la seguridad en inseguridad, sin solución de continuidad, simplemente con un pequeño accidente, unas chispas, un cable viejo que se desmorona; que es suficiente para provocar una sucesión de casualidades, de fallos encadenados, de errores humanos que, a la vez, son capaces de dar paso a dramas de consecuencias incalculables, de proporciones tales, que pueden afectar a la vida de toda la ciudadanía de una urbe de las dimensiones de la propia Barcelona.

Centeneras o miles de comerciantes, satisfechos de sus negocios, conformes con su rol en la sociedad y seguros de tener la vida solucionada, se han tenido que enfrentar, impotentes, a contemplar como todo su negocio se desmoronaba, perdían todas sus mercancías o dejaban de recaudar lo que pensaba que conseguirían con su trabajo, precisamente aquello con lo que contaban para pagar la hipoteca de su piso, o el impuesto sobre sociedades o la matriculación de sus hijos. Cientos de miles de obreros que no han podido acudir a sus trabajos; hospitales que han tenido que interrumpir la asistencia a los enfermos, retrasar las intervenciones quirúrgicas programadas o realizar aquellas inaplazables en condiciones dificultosas; gentes atrapadas en ascensores que han tenido que esperar a ser rescatadas por los bomberos, agobiados por miles de llamadas que les impedían dar abasto a la demanda de servicios; retrasos en ferrocarriles, autobuses, suministros y un largo etcétera de molestias, problemas y dificultades; y todo ello por la imprevisión de unos técnicos, la falta de control de los servicios municipales y la incompetencia de las autoridades encargadas de velar por la seguridad y la vida de los ciudadanos de la gran urbe.

Estos son precisamente los eventos que no pueden prever los políticos. Los que más les asustan porque los cogen desprevenidos, dormidos en sus poltronas. Aquellos capaces de dejar al descubierto sus carencias, sus incapacidades, su falta de reacción ante los imponderables; en fin, donde quedan expuestos a la mirada crítica de sus votantes. Entonces queda patente que su puesto no lo han conseguido por estar capacitados para ello, sino a base de acuerdos políticos a través de los cuales, los distintos partidos minoritarios, se reparten el pastel de la gobernabilidad de la ciudad. Así tenenmos en Barcelona a un responsable de Interior amigo de okupas y partidario de la manga ancha con los delincuentes e inmigrantes, y así nos topamos con un alcalde que se ha quedado pasmado mientras la ciudad se despertaba en medio de la negrura de la noche con ruido de caceroladas y gritos de protesta. Estas son las pruebas de fuego para los gobernantes, donde se mide su temple y su eficacia; aquí no valen excusas ni mirar al otro lado. Ya ocurrió con el hundimiento del barrio del Carmelo, ha estado sucediendo con los contínuos retrasos, interrupciones de servicios y accidentes de los ferrocarriles de cercanías, con la huelga del Prat y, así ha ocurrido con el reciente apagón de Barcelona.

Los ciudadanos no tragan que, cuando se producen las catástrofes, aquellos que debieran haber velado por que no se produjeran, se dediquen a disimular, a mirar hacia otro lado o a señalar, como cualquier chaval acusica, a otro para darle la culpa del desaguisado. Que sujetos como el socialista, señor Iceta, se salga con estupideces como achacar al señor Pizarro de Endesa el hecho de que se produjera el apagón, argumentando, en un brindis al sol, que era una venganza por lo de la Opa de Gas Natural sobre la eléctrica, ronda el ámbito de lo surrealista. Que el ministro de industria señor Clos se encoja de hombros y se limite a decir que esto no debiera haber ocurrido o que haya otros que argumenten que esto es debido a que de lo aportado por Catalunya no se recibe más que una parte y por ello las infraestructuras son deficitarias; no es mas que una retahila de excusas 'non petitas' para salvar la cara y ocultar la vergüenza.

Ante hechos como este, ante una incapacidad tal del Gobern de Catalunya para hacer frente a incidencias tan simples como un accidente en un transformador eléctrico; cabe preguntarse si tantos traspasos, si tantas competencias, si tanta inmersión lingüística, si tanto autogobierno, si tanto Estatut; son, en verdad, lo que necesitan los ciudadanos catalanes para progresar y vivir mejor o si, por el contrario, lo único que se consigue es que una serie de vividores, manipuladores de la política, encendedores de bajas pasiones y provocadores de odios racistas, preocupados sólo por sus faltriqueras; consigan hacerse con el poder para que, bajo su incompetente dirección -¿por cierto qué se hizo del señor Montilla, desaparecido en la oscuridad de su despacho en la Generalitat?-, desgajar a Catalunya de España, para llevarla directamente a la ruina, inmersa en este seudogobierno de socialistas y separatistas (antiguos terroristas), sólo buenos para crear y esparcir patrañas contra los españoles y España, pero incapaces de enfrentarse a sus responsabilidades. Eso sí, cuando van mal dadas a quejarse porque Madrid no les echa una mano, porque no se invierte más dinero de los españoles y porque el Estatut no se ha acabado de desarrollar. Saben lo que les digo ¡qué con su pan se lo coman!, que apechuguen con el marrón y que les digan a los ciudadanos cómo lo van a solucionar. Desde luego un mal trago para Zapatero y sus cómplices.

Noticias relacionadas

Gobernantes y gobernados

De la adicción a los sobornos, a la adhesión de los enfrentamientos: ¡Váyanse al destierro ya los guerrilleros!

Borrell en retirada o táctica del PSOE

Pátina de sensatez capaz de equilibrar unos nombramientos en su momento tomados como extravagancias

Plagscan desmiente a la Moncloa y R.Mª.Mateo censura la TV1

Un gobierno enfocado únicamente a conseguir mantenerse en el poder

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris