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Cúanto cuesta la corrupción rusa

Mijaíl Jmeliov
Redacción
jueves, 26 de julio de 2007, 22:03 h (CET)
Se sabe desde hace mucho que la corrupción forma parte de hecho de toda sociedad subdesarrollada en los aspectos económico y cívico. La economía de Rusia ha empezado a crecer a ritmo impresionante los últimos años, pero el país todavía no se ha librado del vicio de la corrupción. En opinión de numerosos expertos, en los últimos tiempos las proporciones de la corrupción en Rusia incluso han aumentado en todos los niveles.

De dar crédito a las organizaciones que estudian dicho problema, la situación es horripilante. Por ejemplo, la fundación INDEM, que figura entre los principales luchadores contra la corrupción, afirma que el volumen de las dádivas que los empresarios rusos reparten anualmente entre funcionarios es de 316.000 millones de dólares y que cerca del 7% del giro comercial de las compañías se transforma en los beneficios corrupcionistas de los burócratas. El Centro de los Estudios e Iniciativas Anicorrupción, de la organización independiente Transparency Internacional, sostiene que no menos del 15% del costo de las mercancías y servicios que consumen los ciudadanos de Rusia corresponde a la llamada “renta corrupcionista”, en la que los empresarios suben los precios para resarcir sus gastos.

Las proporciones de la corrupción en la vida cotidiana son más reducidas. Según datos de INDEM, los ciudadanos pagan por los servicios que les deben prestar gratis cerca de 3.000 millones de dólares al año. Las proporciones de una dádiva común y corriente en 2006 eran de 3.323 rublos, según Transparency International; de 5.048 rublos, según el Centro Levada, y de 4.700 rublos, según VTSIOM. En los organismos judiciales sostienen que el promedio de tal dádiva oscila de 500 a 15.000 rublos, según regiones del país.

Lo fidedigno de las cifras aducidas es problema de los servicios sociológicos que las ofrecen. El volumen del mercado corrupcionista puede medirse sólo con un alto grado de tolerancia. Pues la cuantía de una dádiva concreta y el propio hecho de su entrega se conocen, como regla, sólo por las partes participantes en tal transacción. Los estudios en cuestión suelen basarse en resultados de sondeos que se realizan entre ciudadanos y empresarios. Estos últimos, por ejemplo, se inclinan a exagerar lo que les cuesta solucionar sus problemas en el trato con el Estado. Mientras que los ciudadanos suelen juzgar de las proporciones de la corrupción a partir de los reportajes desenmascaradores. Precisamente por esta razón, los participantes en los sondeos sociológicos indican a la policía y las aduanas como departamentos del más alto nivel de corrupción. Y si tal pesquisa se realizara entre los empresarios, éstos indicarían a organismos muy distintos.

Si el problema se formula de otro modo, resultará que durante el último año sólo el 8% de los rusos tuvieron que ofrecer una dádiva, y en total esa experiencia de trato con funcionarios públicos la tiene sólo uno de cada tres habitantes del país. Según datos obtenidos por el Centro Levada, el 10% de los rusos opinan que tras las afirmaciones sobre el alto nivel de la corrupción en Rusia están los intentos de desacreditar al país. En la Unión de Industriales y Empresarios de Rusia sostienen que sólo el 21% de los empresarios rusos chocaban con casos de extorsión por parte de burócratas. Los inversionistas extranjeros tienen que ver con el fenómeno de corrupción aún menos, a no ser que ellos mismos procuran resolver con la ayuda de dinero cada problema que surja. Empresarios extranjeros llegan a Rusia con enérgico apoyo de autoridades de diversos niveles, por lo cual la mayoría de sus problemas se resuelven sin la necesidad de recurrir a las dádivas. No es extraño por ello que sólo el 22% de los inversores extranjeros mencionan la corrupción como el obstáculo principal para llevar sus capitales a Rusia (datos de un sondeo realizado por el Consejo Consultivo para Inversiones Extranjeras).

No obstante ello, sería estúpido negar que la corrupción se haya constituido en un fenómeno inseparable de la realidad rusa. Propiamente dicho, las dádivas han existido siempre en Rusia. Desde tiempos inmemorables las daban a médicos, inspectores viales y burócratas de bajo rango, procurando resolver unos u otros problemas. Pero la corrupción en la que empresarios pagan a burócratas para solucionar unos problemas o evitar una responsabilidad floreció en el país hace relativamente poco. Ello sucedió en la década del 90 del siglo pasado, con la transformación de Rusia de un Estado totalitario en uno democrático. La falta de leyes que regulasen la actividad económica en el país y del control público sobre el proceder de los funcionarios y, como consecuencia de ello, la plena impunidad de estos últimos, provocaron el florecimiento de la corrupción en el país. Pero el problema empezó a percibirse como muy apremiante sólo a comienzos de los años 2000.

La sociedad empezó a dedicarle mucha atención precisamente en el momento en que comenzaron amplios estudios de dicho problema. Desde 1998 lo hace Transparency International; desde 2001, INDEM, y desde 2003 a tales estudios se unió el Banco Mundial. El Estado empezó a luchar enérgica y abiertamente contra ese mal, pero con tardanza, lamentablemente. La opinión pública – tanto la patria como la extranjera – ya había extendido la imagen de contumaces concusionarios a todos los burócratas y empresarios rusos. Por algo en todos los informes que ofrece Transparency Internatinal, Rusia aparece como uno de los más corruptos países del mundo. Según el “indicador de percepción de la corrupción” calculado por esa organización en 2006, en la lista de 163 países Rusia figura en el 127 lugar, al lado de Honduras, Filipinas y Ruanda. Entre los 30 principales exportadores mundiales, compañías rusas ocupan el 28 renglón, entre los dadores más activos.

Si la corrupción es un vicio difícil de erradicar del todo, es necesario reducirlo al mínimo. Con este fin en la Concepción de la Reforma Administrativa de 2006-2008 fue incluido un apartado dedicado a la lucha contra la corrupción. El Ministerio de Desarrollo Económico y Comercio (MDEC) de Rusia gesta planes de introducir el procedimiento de análisis de los proyectos de ley en el aspecto de corrupción. Según el ministro Guerman Gref, sin levantar ruido empieza la “cacería” en los lugares donde potencialmente puede haber corrupción, por ejemplo, en los departamentos que garantizan adquisiciones para necesidades del Estado, distribuyen la vivienda, etc. En determinados organismos del poder ejecutivo federal y local empezaron a recurrir a la grabación en situaciones propicias para la corrupción. Además, la Duma de Estado se prepara a probar una ley elaborada por el Gobierno, la cual estipula garantizar una mayor transparencia de la actividad de los organismos de poder y el acceso a toda la información que no constituye un secreto de Estado.

Y por último, en el Ministerio sostienen que el aumento de los salarios del funcionarios públicos también contribuiría a disminuir la corrupción. Actualmente, sus salarios son un 40% más bajos que en el sector privado. El volumen global de las dádivas, que según los datos del MDEC llega al 1,2% del PIB, equivale a la diferencia entre los salarios que existen en los sectores privado y el financiado del presupuesto nacional. ¿Va a justificarse la fórmula “ funcionario rico = funcionario honesto” en Rusia? El tiempo lo dirá. ¿Y cuánto tiempo se necesitará para saberlo? En ciertos países europeos necesitaron de 15 a 20 años.

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Mijaíl Jmeliov, para RIA Novosti.


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