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Heridos de muerte
Antonio Álvarez Rodrigo
La semana pasada, cuando saltó a la luz el positivo del alemán Patrik Sinkewitz y la televisión pública germana decidió suspender la emisión del Tour de Francia, ya avisábamos que el ciclismo está muy tocado, y siendo agoreros, tomando sus últimas bocanadas de aire. Los ciclistas, los dirigentes y los organizadores se están cargando este deporte. Curiosamente, los que viven de él.
Esta semana han sido Vinokúrov y Moreni los tramposos descubiertos. Y para colmo, el líder Rasmussen abandona el Tour obligado por su equipo después de estar varios días en el ojo del huracán del dopaje. Recuerdo cuando la Guardia Civil destapó la trama de la Operación Puerto, en el mayo del 2006, y que impidió al equipo de Manolo Saiz, el Libety Seguros, participar en cualquier prueba del ProTour, que Vinokúrov increpó a Saiz por impedirle participar en la ronda francesa.
Ahora el kazajo ha dejado claro el cinismo de los ciclistas y los dirigentes ¿Qué clase de pantomima es esa de hacer una protesta contra el dopaje al inicio del la etapa si luego la mitad del pelotón está infectado? ¿Se creen que el aficionado es tonto? ¿Piensan que van a seguir engañando a todo el mundo como lo han hecho hasta ahora? Ya son muchos los patrocinadores que están siguiendo el ejemplo de la televisión pública alemana, y van a dejar a corto plazo de financiar a estos embusteros.
Ellos mismo se están cargando su deporte, están suicidándose profesional y físicamente. Y la situación va de mal en peor. Quizás los mejor sería empezar de cero, acabar con esta burda farsa, dejar de confiar en esta gente y plantearse el ciclismo de otra manera, con pruebas más ligeras, de menos días y sin tantos kilómetros. Los ciclistas -o la mayoría de ellos, pues sigo creyendo en que hay muchos que no hacen trampas- utilizan la EPO, las transfusiones y toda esa mierda, porque las etapas, los puertos que tienen que subir son inhumanos. Está en su mano.
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