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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ya no

Marino Iglesias Pidal
Redacción
jueves, 26 de julio de 2007, 12:37 h (CET)
Ya no podré cruzar los campos con amorosa hierba acariciando mis piernas de niño inquieto para llegar al río y entregarme al goce de su fresco abrazo y a la felicidad de ser yo mi única compañía; los prados han desaparecido y el río, disminuido su caudal y la transparencia de sus aguas, se encuentra acotado.

El ser humano se crea necesidades que le“obligan” a sepultar bajo asfalto y cemento todo que suponga un obstáculo para satisfacerlas. Sus deseos están por encima de cualquier forma de vida, ya sea animal o vegetal. Insensible a todo lo que no sean las exigencias de su egoísmo, va degradando y acabando a dentelladas con la vida del planeta que le acoge. Y a un tiempo, por el mismo motivo y de forma aún más inconsciente, se va degradando a sí mismo. Yo no soy capaz de asumirlo.

Ya no puedo trasladar los sueños que se cumplieron ayer al día de hoy. Aunque con pasos más cansinos, seríamos la misma pareja paseando en los fines de semana a últimas o primeras horas del día, perdidos en el encuentro de nuestras miradas, de nuestras manos unidas, ajenos a un mundo ajeno respetuoso de nuestro ensimismamiento. Mas la diaria experiencia me enfrenta a las nauseabundas manifestaciones del mundo que me rodea. Criaturas que como zombis de hiriente presencia deambulan perdidas para dejarse caer sobre bancos, zonas verdes o en cualquier acera o sitio donde el vértigo de su miseria no les permita seguir en vertical. Impúberes proyectos - ¿de qué? – trasegando entre ellos mocos y otros humores en actos lascivos impropios de su edad y de cualquier lugar público. Ya no puedo, en el instante en que lo decidiera, escaparme de tanta sordidez perdiéndome en tal o cual paraje; para ello tendría que someterme a un horario determinado, al pago de un peaje, un canon de acceso, cumplir determinados requisitos, espera de un turno imprevisible... y tragarme aquello de lo que precisamente quiero huir: la presencia de los demás. Y todo esto no es sino un ínfimo granito de arena en la enorme playa de “libertad” que ofrece el menos malo de los sistemas de gobierno. “Democracia” para mí, ya no.

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