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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Ahorro energético; el desenchufe

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 24 de julio de 2007, 09:36 h (CET)
Si en el asunto del cambio climático está por ver la incidencia de la mano del hombre, por mucho que se empeñe el ex-futuro presidente de los EE.UU., Al Gore, con su macrocampaña cinematográfica mundial sobre tan incómoda verdad a la par que poco clara, pues comienza por no ser cierta su afirmación que el 100% de los científicos estén de acuerdo con sus supuestos, pues no son sino éso, lo que sí es incuestionable es que el ahorro energético permitirá alargar la vida de los actuales recursos, dando la posibilidad de que otras fuentes alternativas de energía, tales como la fusión nuclear, se hagan realidad práctica.

En algunos sitios se han tomado ya en serio lo del ahorro energético y parece que está dando buenos resultados, sin que las compañías de suministros se sientan muy vulneradas.

En Maryland, EE.UU., el pasado jueves se ha presentado una propuesta para ahorrar energía, convirtiéndose así en el cuarto estado de la nación en aprobar un plan que quita los incentivos de los suministradores de electricidad para vender más potencia para ganar más dinero.

Informa un diario de Washington que aprovechando una controversia legal sobre una cuestión tarifaria, la Maryland Public Service Commission (PSC) agencia estatal independiente para regular los suministros públicos –gas, electricidad, teléfono– y ciertas empresas de transporte en el estado, respaldó lo que han dado en llamar el “desenchufe” que asegura que las empresas suministradoras no pierden dinero si los abonados usan menos electricidad. El hecho de que Maryland haya dado este paso es una clara evidencia que los estados están impulsando sus propios programas para llevar la eficiencia energética a nuevos niveles, dijo Jim Owen, portavoz de la asociación de industrias suministradoras, el Instituto Edison de Electricidad,

El gobernador Martin O’Malley, afrontando la crítica sobre los incrementos de tarifas que afectan a 1,1 millones de abonados de la Baltimore Gas y Electricidad, ha fijado el objetivo de reducir la demanda de energía en Maryland un 15% para el 2015. El recorte en el uso de la electricidad ayudará al estado a cortar sus emisiones de gas invernadero, piensa el gobernador.

California es el único estado donde el desenchufe ha sido efectivo durante años y los expertos en energía dicen que esa es la razón por la que el estado gasta menos electricidad por persona que ningún otro. A principios de este año, los estados de Idaho y New York han aprobado medidas similares para el desenchufe.

Los funcionarios del PSC y los abogados de los consumidores convinieron en que el desenchufe no cortará la demanda de electricidad por sí mismo, pero llevará a que las suministradoras aporten incentivos por programas de conservación, como premios por la adquisición de electrodomésticos de alta eficiencia, sin perder por ello ingresos.

Como afirmaba Theresa Czarski, del People’s Counsel, otra agencia estatal independiente que representa la voz de los consumidores de Maryland, ahora todos saben que hay que reducir la demanda; lo sabe el gobierno, los consumidores y ahora también las suministradoras de energía.

Bajo el proyecto del desenchufe, si los abonados reducen el consumo de energía, el ratio de los costes de distribución se incrementa en los meses siguientes, así que las compañías eléctricas pueden cubrir sus costes fijos y mantener el tendido, los postes, las subestaciones y otras infraestructuras. Los consumidores podrían ahorrar dinero en el coste de la energía, el mayor componente de sus facturas de electricidad.

Si el uso de la energía aumentara, lo que a menudo sucede en las puntuales épocas de mucho calor, el ratio de la distribución se reduciría y los ingresos de las eléctricas permanecerían invariables.

De lo que estamos tratando en definitiva es de un “contrato social”, en el que las autoridades regularían, mediante agencias independientes del gobierno, las interacciones entre los consumidores y las empresas suministradoras de energía y otros servicios, con el fin de optimizar consumos, tarifas e ingresos. Es claro que si las distribuidoras de servicios no se ganan la vida, dejarán el oficio y emplearán su capital donde encuentren mejor retribución. Del mismo modo que si los consumidores, abonados o usuarios de servicios consideran que el coste de los mismos es superior a la utilidad que les proporcionan, los dejarán de lado, siempre que les sea posible.

A no dudar, las compañías aceptarían poder tratar con los usuarios estas cuestiones; no de bajar los precios, pero sí de acordar menores consumos, vía desenchufe y adecuar las tarifas al caso, pero para ser prácticos, pues algunas tienen varios millones de abonados, no queda sino sentarse con representantes de ellos. Y a ver cómo se organiza tal representación para que sea fiel reflejo de la realidad plural del consumidor medio. Las asociaciones de consumidores no sirven, por lo general, para representar más que a sus asociados, pues suelen ser entidades de derecho privado con ánimo de lucro, por la vía de solucionar las controversias de los consumidores que pagan su cuota.

Y es ahí donde entran en escena los reguladores de los mercados, anexos a los gobiernos y raramente independientes de ellos que, lejos de estar influenciados por las grandes compañías por la vía de las donaciones anónimas a los partidos políticos o no tan anónimas –la nueva ley de financiación de partidos las ha prohibido, lo que no presupone su inexistencia futura– han de cumplir su misión de adecuar las necesidades de los usuarios con la justa retribución de los servicios prestados por las empresas. Ahí es nada, pero si no son capaces las autoridades de aunar tales voluntades, no debieran presentarse a los comicios y dejar paso a profesionales de la concordia.

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