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La medida de la justicia que queremos

Pelayo López
Pelayo López
martes, 24 de julio de 2007, 09:36 h (CET)
La pornografía infantil y los abusos a menores se están convirtiendo, lamentablemente, en actualidad diaria. No es lamentable el que sean actualidad, porque recordar que se sigue produciendo este tipo de casos contribuye a detestar a aquellos que realizan estas practicas absolutamente despreciables. Lo es porque la violencia que se ceba con las mujeres es injustificable, pero la que tiene por objetivo a los niños no tiene perdón. Es todavía más abominable el hecho de que las figuras eclesiásticas, los “pastores” que deberían servir de consuelo y apoyo en los momentos traumáticos, no sean precisamente eso sino que sean ellas mismas las que cometen los delitos. Generalizar no es prudente en ningún caso, pero en la Iglesia Católica, como en cualquier otro colectivo, también hay ovejas negras, y además portan alzacuellos puritanos.

La pedofilia ha conseguido hacerse un hueco importante en la vida eclesiástica, el mismo que es más que posible que ya estuviese ocupado desde mucho tiempo atrás pero que no salía a la luz, por las condiciones de riesgo en las que se desarrolla habitualmente. Ahora, sin embargo, en el país de las oportunidades, el arzobispado de Los Ángeles deberá aportar una importante suma de dinero, 600 millones de dólares, para acallar las voces de los explotados, nada más y nada menos que hasta 500 personas, y evitar un escándalo que, no obstante, ya está en boca de todos. No entiende un servidor que pedir disculpas por el encubrimiento pertrechado hasta la fecha y ofrecer limosna por “chantaje terrenal” sea justicia, al menos en un caso tan flagrante como el que estamos mencionando. La indemnización se sufragará con la fortuna en manos del arzobispado, amasada con el tiempo y enmascarada tras la fachada inmobiliaria. Lo realmente preocupante no es el comportamiento de algunos peones religiosos, que ya hemos visto que garbanzos negros los hay en todos los cocidos, sino la aceptación por parte de los afectados del soborno ofrecido.

Debe ser que las matemáticas, la asignatura más suspendida en la selectividad, sigue siendo un duro hueso de roer. Garantizado, al menos, queda el conocimiento de las 4 operaciones básicas, suficiente para realizar algunos cálculos básicos que, por el contrario, nos desorientan en lo que a ética personal se refiere. ¿Pactaríamos con nuestro agresor una cantidad que reparase el daño causado?. ¿Quién sale ganando con todo ello?. Los billetes verdes siempre son bienvenidos, pero, luego, ¿en qué condición estamos para reclamar justicia igual para todos?. Suspendida o aprobada, nuestra matemática de la lógica personal nos permite saber a todos la medida de la justicia que queremos.

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