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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ocultamiento implícito

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 23 de julio de 2007, 07:52 h (CET)
No se trata de una rara avis. Cada pantallazo televisivo, declaraciones, grabaciones, escritos, presencias o ausencias; ya llevan consigo una buena dosis de ambigüedad. Cuando nos expresamos decimos a la vez, menos de lo que pretendíamos y mucho más de lo que quisiéramos. Esto de los significados es un territorio enrevesado de por sí, genera dificultades a diario. Digamos que esto promueve el abuso intencionado, con la malversación informativa, mostrándonos elefantes gigantes, verdaderos o falsos; para ocultar el gato o la liebre sencilla. A eso me refiero hoy, a las tergiversaciones de lo que se nos dice, escrito, hablado o por gestos. Aunque nos ofrezcan gigantescos elefantes como EXPLÍCITOS; nos ocultan la liebre saltarina, ese ocultamiento permanecerá IMPLÍCITO.

Aún recordaremos algunas escenas del último debate de la nación, peloteras y petulancias incluídas. ¿De qué se habló más?¿Quizá de las estructuras nacionales o de los intereses del ciudadano?¿De las estudiadas poses de cada partido político?¿Lo visto se corresponde con el estado de la nación? De una parte, a los grupos del arco parlamentario los ví más acomodaticios que implacables buscadores del verdadero estado de la cuestión. La sonrisa caricaturesca del presidente no es útil para la obtención de respuestas convincentes. La tan manida transparencia de ZAPATERO, ¿Muestra o disimula?¿Engaña abiertamente?¿Es evidente o brilla por su ausencia? ¡Ausencias habría que decir!

Me bastan cuatro asuntos para entresacar un juicio personal. Uno. En las negociaciones de pacificación durante la tregua, estaban incluídas cuestiones inconfesables -Navarra, órganos políticos, olvido de las amenazas a empresarios, pactos ocultos-. ¿Me quedo con la sensacion clara de como se menejaron estos asuntos? Dos. Se acaba de renegociar sobre la nueva Europa, me enteraré cuando se desarrollen las normas y leyes posteriores, cuando nos caigan encima los zurriagazos -Pesca, agricultura, comercio-. Tres. En cuanto a las piezas maestras de la Enseñanza, según sus silencios, no veo ninguna posibilidad favorecedora de tendencias; todo pasa por la uniformidad en torno al plan gubernamental -subenciones, prebendas, doctrina-. No, no veo la libertad de enseñanza, ni de pupilos, ni de catedráticos. Cuatro. El apoyo a la familia con 2500 euros limpia el fango embrutecedor echado sobre este núcleo esencial de convivencia. ¿Habrá que admitirlo como talante apropiado?¿Qué es lo que queda de manifiesto al repasar cuestiones como estas? No distingo la transparencia.

Con las escenas terroríficas ocurre otro tanto, lo mostrado queda frecuentemente alejado del hecho en sí; es más, esa muestra puede dificultar nuestra percepción de lo que está ocurriendo. En pocas ocasiones, lo más flagrante y bochornoso refleja de manera fiel lo esencial de un suceso; casi nunca. Cadáveres descuartizados por algún bombazo, personas acuchilladas de forma cruel y sádica, miserias de la infancia en ciertas latitudes, vagabundos en llamas; aunque son imágenes tremendas, suelen quedarse en la parafernalia de los medios y de las audiencias. ¿Se miden de verdad? ¿Mera excusa?

De nuevo, lo mostrado, representa una fácil maniobra de ocultamiento más o menos intencionada. Escenas CRUELES se tranforman en tapadera de las causas subyacentes; ciertamente, es una paradoja cruel. No suele ser lo más impresionante lo más informativo. Cuando se pretende denunciar la violencia y terrores, los recursos del arte son más útiles que una imagen descarnada, expresan mejor los contenidos. Podemos pararnos a pensar en si lo explícito de un pantallazo agresivo, o lo son las sugerencias maestras de autores como Hitchcock, quienes nos permiten precisar el problema de las agresiones, terrorismos u otras crueldades. Se requiere un arte profundo y ambicioso para lograrlo.

La PIRATERÍA comercial afecta a variados sectores de la sociedad; o a toda ella, según se mire. Reproducciones de discos, manejo en Internet de todo lo reproducible; como también productos de la industria textil, dentífricos, perfumes o aparatajes diversos. Estamos ante una práctica muy extendida. Cualquier mercadillo ofrece productos con estos sellos de procedencia, confusos en ocasiones, pero en otras se imitan ladinamente las señales de una fabricación, son falsificaciones. Famosas marcas de bolsos, juguetes, vaqueros y grabaciones, pretendidamente originales.

En este mercadeo al alcance de todos nosotros, lo explícito no es menester detallarlo, está bien a la vista para quien se disponga a comprobarlo; no son precisas grandes pesquisas para detectar el grado de autenticidad de los artículos ofrecidos primero y comprados habitualmente. Me importan de manera especial dos comportamientos de índole abusiva, presentes en el auténtico meollo de estas piraterías. Como ambos son abusivos, no tienden a manifestarlos abiertamente. Quedan implícitos en el trasfondo de los mencionados comercios. Unos son los exagerados e inflados beneficios montados sobre los productos originales, digamos que se pretenden precios de usura; no se menciona ese atropello, se disimula en aras de una calidad y unos costes, no tan elevados. El otro abuso es el ejercido sobre la mano de obra en países asiáticos y africanos. Me da la impresión de que nos importa una higa todo esto, pero los hechos son tozudos y están ahí.

Los enigmas se multiplican desde los primeros tiempos del hombre. No es esta una cuestión baladí, porque nos afecta a diestra, siniestra, norte y sur. No importa que se plantee a diario un asunto concreto en todos los medios. Como vengo refiriendo, una cosa es parlotear y otra dar el trigo de la verdadera y necesaria información. Miremos sino las circunstancias en torno a las ADOPCIONES. ¿Se dan aquí las ocultaciones de lo implícito?¿Está todo claro y diáfano? La concreción de lo falso y su deslinde de lo verdadero puede entrañar una odisea.

Quizá sean verdaderas las abultadas cifras de niños maltratados, abandonados o enfermos. Cómo se podrá comprender esa retahila de complicaciones, ¡Esos años de espera!, para el logro de una ansiada adopción. ¿Intereses crematísticos?¿Otros de peor calaña?¿Cómo lo toleramos sin dar un portazo allí donde les duela a los gestores impretérritos?

Eterno dilema, explícito e implícito, ¿Para quién?

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