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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Alguien definió la razón de Estado como la flaqueza de la razón

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 23 de julio de 2007, 07:52 h (CET)
No puedo dejar de pensar en todo el entramado político que nos rodea, no hay duda de que existe un evidente disloque entre lo que pensábamos que nos traería la democracia y esta realidad, llena de contradicciones, que estamos obligados a aceptar bajo la sombra del gobierno socialista, que nos maneja a su antojo como si, en vez de ser ciudadanos libres fuéramos un hatajo de acémilas enganchadas a las reatas del poder. Los que tenemos preocupación por el futuro que vamos a legar a nuestros hijos, los que no estamos sumergidos en esta indiferencia acomodaticia y vergonzante de tantas personas que parece que son incapaces de distinguir entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral o lo ético y lo no ético; nos sentimos decepcionados cuando observamos admirados como, en este país de nuestras entretelas, se van sucediendo actuaciones, hechos y declaraciones de nuestros gobernantes que se contradicen con los actos, las conductas y las manifestaciones que los mismos sujetos protagonizaron apenas hace unos meses. Esta incoherencia entre lo predicado y lo actuado; entre lo dicho y lo ejecutado y entre lo prometido y lo cumplido, nos conduce a un estado de desconfianza, incertidumbre y desconcierto que nos conduce a pensar que esta nación está gobernada o por locos o por maleantes que quieren llevarnos, a través de sus maquinaciones y triquiñuelas, a un estado de confusión tal que acabemos por sucumbir a sus propósitos de convertir España en algo diferente, en un estado regido por una nueva dictadura que, a diferencia de la que tuvimos durante casi cincuenta años, esté regida por aquellos que han heredado los rencores de la guerra civil y que ahora, una vez que han conseguido hacerse con el poder, no están dispuestos a que se lo arrebaten ni por las buenas ni por las malas.

Veamos, si no, como entre el Gobierno central y Catalunya existe un compadreo al que son ajenas el resto de comunidades del país. ¿A qué vienen estas prisas en traspasar competencias?, ¿es que no pueden esperar unos meses cuando se han pasado años con las que tenían? Yo les esplicaré las causas: sencillamente, ni más ni menos que porque el Gobierno de Zapatero necesita el apoyo de las izquierdas catalanas para las próximas elecciones legislativas. Sabe nuestro Presidente que si no contenta a los de Esquerra, a los de Iniciativa o a sus propios socios del PSC puede verse en apuros para mantenerse en el candelero. El chantaje a que le tienen sometido los separatistas catalanes, avivado por la necesidad de conseguir el máximo de competencias, antes de que el Estatut pueda salir mutilado del TC ( por cierto, estamos esperando que el Alto Tribunal salga de su letargo y empiece a trabajar, de una vez, en el despioje del enjendro catalán); tiene acogotado a Zapatero que se ve obligado, una y otra vez, a ceder ante una minoría raquítica, pero endiosada sabedora de que, por el momento, tiene la sartén por el mango.

Con lo fácil que le hubiera resultado a nuestro Presidente sincerarse con el PP, reconocer que se había equivocado en la negociación con ETA y en sus acuerdos con los catalanes (pacto del Tinell) y vascos (Lizarra). Proponerle un pacto de Estado a Rajoy para, conjuntamente, amparados por la mayoría absoluta de la Cámara, deshacerse de todas las molestas minorías catalanas y vascas, reducirlas a su verdadera dimensión y desposeerlas de sus influencias, para que España volviera a sus orígenes, sin sanguijuelas que le fueran chupando la sangre de sus ciudadanos, obligados a contemplar como el Estado se somete a un puñado de matones que no tienen ni media bofetada política y que, sin embargo, se han convertido en los Al Capones que dirigen los destinos de nuestra patria. Pero no, el señor Zapatero tiene otros planes para España, y para él, naturalmente. Para llevarlos a cabo necesita recurrir a todos sus trucos, entre ellos emprender una campaña despiadada contra el PP que dure hasta las próximas elecciones. Se trata de desacreditarlo y, para ello, intentará culparle de cualquier error aunque sea de los de su propio Gobierno. Vean como han intentado cargarle el muerto del hundimiento del Don Pedro en Ibiza; también de no colaborar en la lucha antiterrorista ¿qué lucha, la que han tenido con De Juana Chaos o la que el fiscal sostuvo con el “hombre de paz” señor Otegui? Porque otra no le conocemos al PSOE.

Otro medio de conseguir votos será procurar, como ya vienen haciendo desde hace tiempo, ocultar sus propias equivocaciones, sus maquinaciones y sus convenios secretos con otras fuerzas políticas, con ETA (con los que continúa teniendo contacto) y con los separatistas catalanes. Un ejemplo lo hemos tenido, recientemente, con el caso del subdelegado del gobierno en Catalunya. Un asunto feo, una prevaricación con delincuentes rusos de por medio, un marrón para el Delegado del Gobierno que, no obstante, se ha amarrado a su poltrona y se niega a asumir ninguna responsabilidad política por el nombramiento de su indeseable segundo en el mando. Pero, vean hasta donde puede llegar el cinismo de estas personas, porque ¿saben a quien pretende inculpar ese sujeto? Ya se lo pueden imaginar: al PP. Después de tres años de oposición del PP continúan los de PSOE intentando, (con bastante éxito, hay que decirlo), cubrir sus propias vergüenzas endosándoselas a sus adversarios políticos. Y digo con bastante éxito porque, si nos hemos de creer las encuestas, con las que nos están bombardeando cada día, han sido capaces de convencer a los ciudadanos de que ellos son el Hada Madrina y los del PP el malvado Lobo Feroz. Pero no debemos quejarnos porque, si en verdad somos diez millones los que votamos al PP lo cierto es que no se nota; no sé si por esta especie de pudor de la derecha a declararse como tal o por estar convencidos de que Dios proveerá. Pero creo recordar que el refrán dice “a Dios rogando y con el mazo dando”. Si no empezamos a coger el mazo y a esgrimirlo con eficacia, me temo que por muchas rogativas que hagamos nos quedaremos donde estábamos. ¡Y esto es malo, muy malo, no lo duden! España debe despertar de su letargo o puede que ya no despierte nunca más.

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