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Aires nuevos para el PP catalán. ¡Por fín regresamos a los orígenes!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 22 de julio de 2007, 07:47 h (CET)
Debo admitir mis simpatías por el señor Aznar, estoy convencido de que ha sido uno de los mejores jefes de gobierno con los que hemos contado en España. Consiguió sacar al país de la zona oscura en la que lo había dejado el gobierno del señor González, para elevarlo a la categoría de una de las naciones más prósperas e influyentes de la UE. Ello no obstante, debo reconocer que tuvo algunos fallos, como es normal en cualquier ser humano que asume las responsabilidades del gobierno de una nación. Uno de ellos, y no el menor por cierto, fue el nombramiento del señor Piqué como presidente del PP de Catalunya. Lo peor del caso es que, el perfíl del candidato, ya no prometía demasiado, esta es la verdad. Qué el señor Piqué es un hombre preparado, nadie lo niega; que el señor Piqué fue un buen ministro de Industria y de Asuntos Exteriores, está demostrado; pero que el señor Piqué fuera la persona adecuada para asumir el mando del PP catalán, ¡esto ya es harina de otro costal!

La trayectoria de esta camaleónica persona no es precisamente la de un personaje que tiene ideas claras respecto a sus tendencias políticas porque, ya me dirán ustedes cómo se pude uno fiar de un señor que comenzó el el Partido Comunista, emigró a Esquerra Republicana, recaló luego en Convergencia para acabar aterrizando en el PP. Sería un buen gestor, un ser ambicioso, incluso un tránsfuga con caché, pero, permítanme que lo diga, no alguien de quien fiarse desde el punto de vista ideológico. Su trayectoria al frente del PP catalán se ha encargado de darnos la razón a aquellos que llevamos mucho tiempo advirtiendo de que: por la senda marcada por el señor Pique, el Partido Popular catalán estaba condenado a la desaparición. A los hechos me remito: en todos los comicios que han tenido lugar desde su acceso a la jefatura del PP de Catalunya, el partido ha ido, con honrosas excepciones, a peor. La hecatombe se produjo en las últimas autonómicas donde el batacazo fue mayúsculo y del que, únicamente, lograron salvarse el señor Fernández Diaz, en Barcelona y el señor García Albiol en Badalona, (dos sólidos valores del partido en Catalunya) lo que, dadas las circunstancias en las que tuvieron que competir los avala doblemente.

Muchos de los afiliados y simpatizantes del partido, han dejado de votarlo ante la postura indecisa y poco definida del señor Piqué en temas tan importantes como la necesidad de preservar el castellano –tanto como lengua vehicular como por ser un acervo cultural de los miles de ciudadanos venidos de regiones de habla castellana o incluso de catalanes y baleáricos que residimos en esta tierra y que amamos a España–, que, si no se reivindica, entrará en vias de extinción, dada la actitud chauvinista y exclusivista de las formaciones separatistas. Otra de las causas que han retenido al electorado, habitualmente fiel al PP, ha sido la colaboración, absurda y temeraria, que el señor Piqué prestó al famoso Estatut, creyéndose que conseguiría evitar que llegara a Madrid y, no se sabe si por error de cálculo o por un cierto colaboracionismo con CIU – con la que siempre se ha sentido muy ligado – lo único que consiguió fue que el documento, claramente cecesionista, llegara al Parlamento y, lo que es peor, con la sensación de que el PP estaba conforme con él.

Podemos reprocharle a Rajoy que haya tardado demasiado en tomar la decisión de prescindir de él; tuvo ocasión después del fracaso de las autonómicas de aceptar su dimisión, pero no se atrevió. Ahora, a ocho meses de las generales, ha hecho caso a Aceves (uno de los pocos del PP que, juntamente con Zaplana, tienen las ideas claras) y le nombraron una comisión de supervisión que le ha obligado, para preservar su prestigio, a dimitir. Una de las pruebas más evidentes de la oportunidad del defenestramiento del ex líder de los catalanes ha sido el clamor que ha levantado su dimisión en toda la prensa de Polanco, en la Vanguardia del señor Godó y entre las huestes del PSOE que, empezando por el tránsfuga señor López Garrido y seguido por todos sus correligionarios, se han deshecho en alabanzas para el dimisionario y en críticas para Rajoy y los suyos. ¡Magnífico!, si les pica es porque les ha salido el sarpullido de la inquietud, ante la perspectiva de una recuperación del PP en tierras de Wifredo el Velloso. Al señor López Garrido se le tendrían que aconsejar dos cosas: una, que cuando hable de crisis en el PP no se olvide de la que, sólo hace unos días, tuvieron en su propio partido donde se vieron obligados a despachar a dos de sus ministras por ineptas y, por otra parte, decir que, a diferencia de la moderación y respeto que han demostrado los populares con los cambios dispuestos en su Ejecutivo por Zapatero; el señor López Garrido, demostrando su baja categoría y su rastrera trayectoria, ya de todos conocida, no ha sabido respetar a sus rivales metiéndose en algo, que no es de su incumbencia; con la falta de delicadeza propia, no de un portavoz del Gobierno, sino de un palurdo analfabeto. Los partidos de izquierdas dicen que el PP gira a la derecha, lo cual no tiene nada de malo, pero yo les preguntaría: ¿No es esta una reacción natural ante la radicalización comunistoide y separatista de la izquierda? Que se miren ellos el ombligo y vean si está limpio, antes de criticar a los demás.

El enigma lo tendremos al intentar descubrir quién será el sustituto del señor Piqué. Tengo que confesarles mis preferencias por el señor Vidal Cuadras, pero conociendo la forma de pensar del señor Rajoy no estoy muy convencido de que se decante por él. Quizá todo se dirima entre los señores Fernández Diaz, Daniel Sirera o García Albiol; tres pesos pesados de la rama contraria a Piqué. Sin duda, cualquiera de ellos que sea el elegido, será capaz de volver a recuperar los cuarenta mil votos que perdió el PP en la última confrontación electoral.Y… con suerte, sobrepasarlos.

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