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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Soldados del orden

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 22 de julio de 2007, 07:47 h (CET)
El paso algo difuso de la conciencia mítica de explicaciones pre-científicas a la observación y explicación sistemática y objetiva de la realidad se ha caracterizado en muchas ocasiones como el paso del mito al logos.

Platón ideó en su ‘República’ un estado en el que los artistas no tenían cabida, precisamente por las representaciones míticas de los fenómenos naturales e históricos que eran capaces de elaborar.

‘Lógos’ tiene varias connotaciones en la lengua helénica clásica. Entre ellas, cuenta con los significados de ‘palabra’ y ‘definición’. Es con esta segunda acepción con la que se identifica la salida del mito.

Y lo es porque, en la definición, el trabajo de categorización moldea la manera en que se introducen los datos reales a través de los sentidos. En un segundo estadio, la interiorización se basa en colocar cada nueva entrada en el lugar indicado dentro de la parte inmaterial del ser humano.

El sitio preciso es aquél que resulta de establecer el género, la especie y la diferencia de lo que pretendamos definir.

Por ejemplo, París es la ciudad europea donde se emplaza la torre Eiffel. En este caso, ciudad sería el género; europea, la especie y el hecho de tener la torre Eiffel entre sus puntos característicos, la diferencia.

Puede definirse París de muchas otras formas y todas las maneras posibles serán igualmente válidas y conformarán la definición global entera.

A través de este proceso, la ordenación de todo lo que nos rodea se convierte en tarea casi automática.

En realidad, todo ello no es más que una exteriorización del orden físico material de nuestro propio organismo trasladado al entorno. Todo con la finalidad de no sentir el vértigo que supone la libre circulación de ‘cosas’ que tienden al máximo desorden y, al fin y al cabo, a la nada.

Porque lo que diferencia a los sistemas abiertos de los sistemas cerrados es que éstos tienden al máximo desorden (por la segunda ley de la termodinámica) y al estado inerte, mientras que aquéllos obtienen de su entorno los elementos necesarios para provocar y asegurar el orden.

Los organismos vivos son sistemas abiertos. Sistemas que escapan a la inactividad de sus componentes por medio del orden; susceptibles de sufrir altercados que les provoquen cierto desorden hasta llegar al máximo permitido. Su falta de existencia sería evidente entonces. La muerte nace del desorden.

Por eso hemos desarrollado los mecanismos categorizadores de la realidad para idearla a nuestra imagen y semejanza, conscientes de que en su libertad se encuentra su tendencia inevitable al desorden.

Conscientes de que en su desorden se halla también nuestro fracaso como seres humanos vivos.

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