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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Quién se ocupa de mis vacaciones?

Helena Trujillo (Málaga)
Redacción
jueves, 19 de julio de 2007, 23:55 h (CET)
Pleno julio, no me dirán que no es oportuno hablar de las vacaciones, sé que muchos de ustedes lo están deseando. Cuando sale una a la calle, lo más habitual es encontrarse con alguien que te pregunta: ¿qué tal? ¿A dónde vas de vacaciones? ¡¡No tomas vacaciones!! Muchos se quedan con cara rara si les confirmas que trabajas durante el verano, que incluso trabajas más que el resto del año. No me dirán que no parece una obligación irse de veraneo, incluso hay quien te dice que es “una necesidad”.

Como vemos nuestra vida cotidiana está llena de creencias y prejuicios, que no siempre se corresponden con las verdaderas necesidades y/o deseos humanos. Pensar que las vacaciones son buenas para todo el mundo no deja de ser más que una falacia. Cuando llega el final del verano basta con poner el telediario para que nos hablen del estrés post-vacacional, el aumento de las separaciones, etc. Yo diría que no hay que esperar a septiembre, hoy mismo hay muchas personas que están de vacaciones y no saben qué hacer, simplemente saben lo que no van a hacer, no van a ir a trabajar.

Organizar este tiempo es una cuestión que queda por resolver. Habitualmente tenemos la idea de que vacaciones son sinónimo de no hacer nada, descansar, salir de lo cotidiano, escapar de la rutina. Con este pensamiento son muchos los de pierden un tiempo precioso que podrían utilizar aprendiendo un nuevo oficio, realizando una nueva actividad, conociendo lugares que durante el resto del año le resultan inaccesibles, ideas que no soy yo la que se las tiene que dar, pero que tal vez sirva para que usted se plantee si alguna vez se ha ocupado de pensar su tiempo de ocio o deja que sean otros los que se lo organicen.

Tampoco es una obligación tomar vacaciones, ante esas caras de asombro a las que antes hacía referencia, opongo ahora mi reflexión. Cuando una persona está a gusto en su trabajo, se divierte y distribuye adecuadamente sus energías, por qué va a resultar necesario descansar del mismo. Tiempo hay durante toda la semana para cambiar de actividades, estar con los amigos, parientes, ir a donde uno quiera ir. ¿Realmente es necesario interrumpir en todos los casos? Muchas veces detener la actividad puede suponer un freno en el crecimiento, a veces hay que saber esperar a que el puesto de trabajo esté constituido para poder plantearse la idea de disfrutar de unas vacaciones. Recuerdo una frase que decía algo así: “nadie como quien trabaja sabe lo que es disfrutar de unas vacaciones”. Ustedes pensarán que la mayoría de las personas trabaja, pero no es así, trabajar no sólo es ir al tajo todos los días y hacer “el paripé”, trabajar supone implicarse física y psíquicamente en la tarea, ocuparse de la función y desarrollarla y, eso, ciertamente, no todo el mundo lo hace.
Para aquellos partidarios de la novedad otra opción es cambiar de actividad, introducir nuevos compromisos o relaciones que marquen un punto de inflexión con lo anterior. Hay quien, por ejemplo, aprovecha agosto para grabar una película, para escribir un libro o para pintar la casa. Se lo toman con deseo y aprovechan ese tiempo que otros desperdician sin hacer nada, para encontrarse un producto a la vuelta de las vacaciones. No me tachen de materialista, no se trata de producir más, sino que es conveniente entender que nuestro psiquismo no se detiene, desea todo el tiempo y desea deseos. Descansar tiene que ver con modificar nuestra actividad, más que con detenernos o tumbarnos. Uno se acostumbra a cualquier cosa, hasta a no comer, pero eso no quiere decir que sea bueno. Si se encuentra cansado o aburrido de su vida cotidiana, plantéese qué es lo que le apetecería hacer y hágalo. Verá cómo éstas sí que van a ser unas buenas vacaciones.

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Helena Trujillo Luque es psicoanalista de la Escuela Grupo Cero de Málaga.

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