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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Lo mejor de Rolling Stone

Gabriel Ruiz-Ortega
Gabriel Ruiz-Ortega
jueves, 1 de noviembre de 2007, 07:50 h (CET)
Como en los últimos meses he estado muy metido en la elaboración de una antología de nuevos narradores peruanos, lo que me ha valido ser “víctima” de una serie de “ataques” de innombrables liliputienses acomplejados y resentidos, como que me he dado gustos librescos –ya que la vida es tan corta como para ir contestando (valga la paralela redundancia) pequeñeces intelectuales y físicas- muy emparentados con la selección de textos, dicho de buena manera: he estado leyendo varias antologías, ya sea de poesía, ensayo y narrativa. Sin embargo, me fue muy placentero el poder dar con un libro, reeditado por Ediciones B, que es una belleza por donde se le mire, pues me refiero a la necesaria “Lo mejor de Rolling Stone”, la cual recoge las mejores crónicas de la que indefectiblemente fue la mejor revista a nivel mundial durante la segunda mitad del siglo XX.

Como sabemos, la revista Rolling Stone fue fundada y sacada adelante por el gran lector y acucioso investigador Jann S. Wenner. En sus inicios, esta revista tenía el objetivo de comentar el acaecer musical de los años en los que esta nació, o sea, era una publicación dedicada exclusivamente al rock and roll, pero como el rock también era el reflejo de los sinsabores políticos y existenciales de cuando empezó a circular, Wenner no tuvo mejor idea que darle un viro decisivo a su creación, tocando temas que eran de interés público para la sesentera población norteamericana. Pero lo que nunca se imaginó Wenner es que sus encargados de cubrir temas políticos, culturales, climáticos, musicales, etc., vendrían a ser escritores que renovaron el periodismo, dejando de lado la anquilosada ortodoxia, dando pie a lo que hoy conocemos como Nuevo Periodismo.

Entre los escritores que dan forma al volumen podemos encontrar a (mucho cuidado) Hunter S. Thompson, Ken Kesey, Tom Wolfe, Joe Eszterhas, David Fricke, Michael Thomas y demás revolucionario de la crónica periodística.

Hablando de la crónica como tal, es sabido que ella no goza de un reconocimiento literario, y no me voy a detener en las razones fundamentadas o no en torno a su tan “discutible” taxonomía. Lo que sí tengo muy en claro es que siempre insuflará un factor estético en cualquier escrito la manera en la que este es llevado. A razón de esto, hace ya muchos meses, para este medio, le hice una entrevista al muy buen cronista chileno Juan Pablo Meneses, quien definió a la crónica así: “Si estás frente a un texto que te conmueve, te sensibiliza, te revela, te desnuda y te descubre un mundo, es ridículo ponerse a pensar si eso es un género literario o no. Da lo mismo. Es como si mientras tienes buen sexo, estás pensando si esa chica tiene el pasaporte al día o es una inmigrante ilegal”. Muy cierto lo que dijo Meneses. Hago esta referencia ya que el contexto en el que aparecieron las crónicas seleccionadas para “Lo mejor de Rolling Stone”, muchos de sus escritores recibieron furibundos ataques ya que ciertas vacas sagradas de las letras gringas no veían con buenos ojos ese lado protagónico que adquirían los escritores en las materias investigadas.

Este protagonismo del cronista se acrecentó con el más juerguero del periodismo escrito, Hunter S. Thompson (1937 – 2005), creador del ya conocido periodismo Gonzo, quien para mal ha tenido una serie de baratos imitadores que en lugar de seguir con la estela de tamaña impronta, no son más que tristes clowns que poco favor le hace a lo que el Gonzo aún puede ofrecer.

En estas páginas nos topamos con un joven Ken Kesey, de quien se escoge una crónica fenomenal, “En búsqueda de la pirámide secreta”. Tengamos en cuenta que Kesey es autor de esa novela de espíritu reporteril “Alguien voló sobre el nido del cuco” cuya adaptación cinematográfica de Milos Forman llevó el nombre (en castellano) de “Atrapado sin salida”. Como también la acuciosa investigación de Joe Eszterhas, “El rey de la chusma”, que gira en torno a esos clásicos fenómenos existenciales-filosóficos-marihuaneros que solo pueden darse en países como Estados Unidos. Con los años, Eszterhas hizo una fructífera carrera como guionista de cine, uno de sus logros es la aún recordada “Flashdance”.

La crónica que descolla en esta selección pertenece al más balzaciano de los narradores norteamericanos hoy en día, Tom Wolfe (“Todo un hombre”, “La Hoguera de las vanidades”). En “Remordimiento postorbital” Wolfe hace gala de un contrapunto estilístico magistral, donde da cuenta de una serie de sucesos acaecidos en torno a la reunión anual de los vendedores de discos en Norteamérica. Una propuesta inaceptable para muchos, pero como era 1969, toda clase de ramificaciones del rock como que quedaban justificadas. En no pocos pasajes, Wolfe deja en claro la técnica utilizada en sus celebradísimas novelas.

No toda selección es perfecta, hay un par que no sé cómo se colaron en esta, digamos de alguna manera, antología de crónicas. No las mencionaré para no caer espeso, pero estas no son óbices para el seguro goce que esta lectura depara. Agreguemos también que los textos están suscritos entre 1969 y 1990. Los mejores pertenecen a los años de 1969 a 1983.

Luego de esta lectura tuve algunas preguntas relacionadas con qué es lo que tuvo o tiene en la cabeza Wenner para que las ediciones de Rolling Stone de hoy estén tan lejos de la calidad y espíritu de sus primeros años. Cierto es que el marketing lleva a ofrecer gustos que el público quiere, pero eso no es ninguna excusa para descuidar la calidad escritural.

Y es una pena que esta revista ya no albergue a las mejores plumas de la crónica, por algo será que ellas ahora están en New Yorker, The Washington Post, etc. Y claro, ver que en sus portadas aparecen calabacitas como Paris Hilton me da la sensación del lugar común de que todo tiempo pasado fue mejor. Ojalá haya un cambio. Yo era hincha de Rolling Stone.

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