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Reforma electoral, segunda vuelta
Francisco Rodríguez Barragán
Desde hace bastante tiempo se viene señalando la necesidad de una reforma electoral y después de las pasadas elecciones locales y autonómicas, son muchas las voces ciudadanas que la reclaman. El Partido Popular, por fin, se ha decidido a incluirla en su próximo programa.
Pero también he leído en este mismo Diario, a quien le parece mal que el PP reclame una reforma que evite que el partido más votado pueda ser marginado, argumentando que la voluntad de los ciudadanos se expresa en la totalidad de los votos que emiten, por tanto si la mayoría de los votantes no lo hace por el Partido Popular hay que deducir que tal mayoría no desea que gobierne el PP. El argumento tendría que aplicarse con la misma lógica a los demás partidos, pues si la mayoría del conjunto de los ciudadanos no ha votado al PSOE, a IU, a CIU o al PNV, estará igualmente claro que tal mayoría de ciudadanos no desea que gobierne ninguno de estos partidos.
El segundo argumento es que mientras el PP concentra todos los votos de la derecha, no ocurre lo mismo con los partidos de la izquierda o los nacionalistas, por lo que, si los votos sumados de izquierda o progresistas son mayoría, no debe gobernar el PP, pues los ciudadanos quieren un gobierno progresista y de izquierdas. Meter en el mismo saco a izquierdistas, nacionalistas y en el caso de las elecciones municipales, pequeños partidos locales, no me parece serio.
Reclamar la unión de todos los que no sean del PP, como izquierdistas o progresistas, para impedir que gobierne la derecha, me parece que es hurtar a los ciudadanos, únicos titulares de la soberanía, su decisión inapelable en una segunda vuelta.
Hasta el momento, después de unas elecciones, los que deciden, a puerta cerrada, son las cúpulas de los partidos, en unas negociaciones en las que a cambio de apoyo se entrega el urbanismo, la educación o la cultura, o incluso, se ofrecen otras prebendas. Estos acuerdos y mercadeos pueden ser legales, pero dudo que sean legítimos, si se puede arbitrar la fórmula de una segunda vuelta en la se expresen los ciudadanos. Si efectivamente existe una mayoría de izquierdas votará por el PSOE, o el partido de izquierdas mejor colocado, en la segunda vuelta, pero de forma clara, pública y sin oscuras negociaciones.
Si la reforma electoral para las elecciones locales fuera entregar el gobierno local a la lista más votada, exigiría que se entregara a este partido la totalidad de la corporación, pues no se podrían tomar acuerdos con una oposición que podría bloquear constantemente los acuerdos. Otra forma sería eliminar el voto de censura, pero el partido que gobernara tendría que pactar continuamente sus decisiones con las otras minorías y volveríamos al toma y daca, al mercadeo, que es mejor evita, en mi opinión.
Con la reforma de una segunda vuelta, desaparecería el problema del transfuguismo, pero lo más importante: el partido ganador podría realizar su programa electoral del que se le pedirían cuentas en la siguiente elección.
Para las elecciones autonómicas y generales también podría servir el sistema de segunda vuelta en cada circunscripción, pero habría que completarlo con alguna otra medida que evitara que los partidos nacionalistas, minoría en el conjunto de la totalidad de España, se convirtieran en la llave de la gobernabilidad de toda la nación.
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