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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Pobre España, quien te ha visto y quien te ve!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 17 de julio de 2007, 23:32 h (CET)
Señores, lamento tener que decirlo pero, con la aprobación de la ley de implantación de la Agencia Tributaria de Catalunya, fruto adelantado del famoso Estatut catalán, hemos comenzado el proceso (que a algunos desearían que fuese irreversible), de liquidación del Estado español. El sistema de implantar, por la vía de los hechos consumados, lo que esta recurrido ante el TC es la forma más insidiosa y efectiva de conseguir la desintegración y destrucción de España. Es evidente que los partidos catalanes, especialmente los separatistas, no podían dejar pasar la ocasión de pegar un estoconazo bajo al resto de españoles y, por ello, no han dudado en ponerse de acuerdo para adelantar una de las concesiones más discutidas y recurridas de lo que es equivalente a la declaración de independencia de Catalunya de España, el Estatut. Nadie hubiera podido imaginar, ni ninguna mente medianamente sensata hubiera podido concebir que, cuando Zapatero accedió al poder –un ser anodino como él, que tuvo que reptar por los pasillos de su partido para lograr salir de León para ocupar un puesto que no merecía en el PSOE –, consiguiera, en sólo tres años, darle la vuelta a España, hasta llegar al punto de poner en peligro su unidad y degradar las instituciones a los niveles más bajos de su historia.

De un Estatut, apenas aprobado por un 36% de la ciudadanía catalana, se ha derivado, señores, a causa de los desvarios, la incompetencia y el rencor del señor Zapatero, la división entre los españoles. Ahora nos vernos abocados a una situación que nadie, en su sano juicio, se hubiera podido imaginar que llegara a producirse. Contemplamos, asombrados como, a diario, se conculcan las normas y se pervienten las más sólidad instituciones de la nación, sin que nadie parezca tomar conciencia de ello. Estamos ante la demostración más palpàble de la inconsciencia y la abulia en la que puede quedar convertida una ciudadanía aletargada por la vida muelle y el desprecio por el futuro. Observamos, incrédulos, como una España unida y solidaria se va desgajando en pedazos en virtud de una absurda política de cesión del Estado ante las exigencias independentistas; prueba de ello la tenenmos en la aprobación de una Agencia Tributaria única para Cataluña. Uno de los hachazos más importantes a las competencias fiscales del Estado, porque ello significa que, en menos de dos años, el control y la gestión de todos los tributos, estatales y autonómicos, puede pasar, con la inspección incluida, a manos del Gobern de Catalunya. El Gobierno central deberá mendigar y negociar, como sucede en el País Vasco, la cuota de participación en los gastos nacionales, de lo recaudado en Catalunya. Mientras tanto, y si el TC no lo remedia a tiempo, los secesionistas del Tripartit continuarán exigiendo que se invierta en infraestructuras en Catalunya, que se avance en el proyecto del AVE y que se subvencionen los déficits públicos que, en el tiempo que llevan gobernando, han ido acumulando ¡y todo ello a costa de las arcas del Estado y de los bolsillos de todos los españoles!

Lo que comenzó con un ataque frontal al castellano, la lengua oficial de la nación; aquello que, de una manera eufórica, les dio por denominar “inmersión lingüística”, ha ido degenerando a través del tiempo y de la labor continuada de erosión llevada a cabo por los nacionalistas catalanes, hasta convertirse en una persecución despiadada contra el idioma de Cervantes. Hoy en día, en Catalunya, se persigue a mansalva y se acosa a los chavales que en los patios de los colegios y aún fuera de ellos, se comunican con sus compañeros en castellano. Si algún ciudadano pretende que sus hijos reciban enseñanza en castellano (como por otra parte exige la ley para los primeros años de escolarización) se le ponen todas las trabas imaginables, llegando hasta el extremo de que se le amenace, en caso de insistir, con que su hijo sea desterrado de la clase para que reciba la enseñanza solo en otro lugar. Para ellos ya ha llegado el momento de entrar a saco en las finanzas de las sociedades y de los ciudadanos catalanes; con el “saludable” propósito de freirnos a impuestos y redondear así los presupuestos de la Generalitad. Luego ya veremos donde va a parar lo recaudado, seguramente a financiar el cine en catalán; a promocionar y financiar comisiones de expertos para desarrollar la “memoria histórica” para inventarse una nueva historia de la Guerra Civil; financiar a los amiguetes progres etc. Esto sólo será la primera fase de lo que andan buscando desde que, el incompetente señor Zapatero, dejó que se le subieran a las narices: la independencia de Catalunya.

Claro que no están solos en sus reclamaciones. En el norte tenemos la misma historia, esta vez representada por la ETA, el PNV y el resto de sus compañeros de Nafarroa Bay que, valiéndose de otras estrategias, persiguen el mismo fin. Y no parará aquí el atentado contra la unidad de España porque, acechando atentamente y esperando su oportunidad, están Galicia y las propias Baleares, de las que soy hijo, y a las que ahora me cuesta reconocer, tras largos años de residencia en Barcelona, cuando veo a aquellas maravillosas islas –antes cosmopolitas, abiertas a todas las gentes; donde se hablaba, indistintamente, castellano y mallorquín, amén de varios idiomas extranjeros; tan celosas de su intimidad e insularidad, que se miraba con recelo a los catalanes, conocedores de sus afanes anexionistas – invadidas por el catalanismo, el arribismo y el afán de poder de partidos minúsculos que se quieren repartir el pastel hasta que hayan conseguido acabar con él. Y lo malo es que lo van a conseguir.

Y, a todo esto, señores, observamos, con asombro, como aquellos que juraron fidelidad a la patria bajo la bandera rojigualda; los que recibieron del pueblo el mandato de cuidar, preservar y conservar las esencias de la España histórica; en lugar de cumplir con su deber, se han sumergido en los abismos de la indiferencia, el acomodamiento y el egoísmo; que, si bien les garantiza su permanencia en sus inmerecidos destinos, les ha privado del honor de servir fielmente a su patria. La completa pasividad de parte de la ciudadanía y de aquellos que ocupan puestos de relevancia en las instituciones de la nación, nos llevan directos hacia la desmembración de España. Mal vamos si quienes tienen el encargo de la ciudadanía de velar por la nación, permanecen inanes, como convidados de piedra, dejando que el país se degrade y caiga en manos de aquellos que pretenden destruirlo. Me temo que esta vieja nación, a la que tanto amamos, esté en trance de convertirse, como una nueva Atlántida, (aquel opulento país, glosado por Platón), en un país insolidario, desunido y gobernado por aquellos cuyas doctrinas totalitarias tan terribles huellas y recuerdos dejaron en la vieja Europa del Este.

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