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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Quién controla las ONG

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 16 de julio de 2007, 23:03 h (CET)
Ante la zafiedad de los gobiernos de todo el mundo y con el objeto de evitar tanta malversación, la ciudadanía bienintencionada inventó las organizaciones no gubernamentales que, al margen de los respectivos gobiernos, fueron constituidas para hacer el bien y extenderlo por el mundo a los menesterosos.

De manera que los gobiernos vieron que se creaban organizaciones para hacer esa parte de su trabajo que ahora se conoce como cooperación.

La cooperación, en su aspecto positivo, pues también se puede cooperar para hacer el mal, qué es sino un cártel, es el trabajo en común entre varias personas o instituciones o personas e instituciones, para gestionar con aprovechamiento los asuntos de los hombres que por su naturaleza o situación coyuntural o endémica, no pueda ser resuelta mediante la actuación personal de los directamente interesados.

Así, en las zonas geográficas en estado precario de subdesarrollo es necesario cooperar con las entidades locales, por lo general asociaciones civiles, para llevar a tales lugares los medios necesarios que les permitan superar sus carencias en el futuro, por sus propios medios.

La cooperación es aquello de enseñar a pescar a un hombre para que pueda comer por sus medios en el futuro, en lugar de regalarle un pescado para que pueda comer ese día.

Y echaron a andar las ONG que proliferaron en todo el mundo y su credibilidad estaba en que no dependían de los gobiernos; eran gentes bienhechoras que separadas de la contaminación gubernamental siempre perniciosa y viciada, iban a llevar a cabo lo que las organizaciones oficiales eran incapaces de hacer por los necesitados de todo el planeta, porque la corrupción era una droga más fuerte que ellas y acababan todos por sucumbir en ella.

Y los gobiernos que bastantes ocupaciones desatendidas tiene ya, se mostraron proclives a potenciar las ONG, subvencionándolas con una parte de los fondos de que disponen en sus presupuestos para atender las causas de las que se iban a ocupar en adelante, las propias ONG. De esta forma, los gobiernos, tan zafios como son, vieron el cielo abierto con ellas, pues podían seguir destinando fondos a causas justas y de necesidad, pero estas eran desarrolladas por entidades cívicas, formadas por buenas gentes que seguro cumplirían con su cometido, quedando así a salvo la cara del gobierno, dando así por cumplida su misión en este terreno.

También las grandes empresas tienen todas una fundación para sus obras de beneficencia que alguien premiará algún día en alguna parte, pero mientras eso llega, el fisco va premiando fiscalmente cada ejercicio por los fondos aportados.

A su vez, las ONG, en su ánimo de hacer el bien, recaudan fondos por su cuenta, para paliar las necesidades del mundo. Y los contribuyentes, del estado y de las ONG, confían en ellas, pues si el gobierno las subvenciona, seguro que son dignas de confianza; y envían sus donativos, para apadrinar niños desamparados, cooperar en la construcción de fuentes de agua y canalizaciones; en la mejora de los cultivos y el aprovechamiento de las cosechas, o para amparar a niños descarriados, como la Fundación Diagrama Intervención Psicosocial, que encontró su nicho de mercado con la implantación de la Ley del Menor y fue intervenida por la autoridad judicial en marzo de 2001 y se clausuraron entonces 19 centros distribuidos por toda España, por mal trato ¿tortura? a los internos, por la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en la persona del fiscal de menores, Félix Pantoja.

El problema surge cuando una ONG se convierte en medio de vida de sus promotores. Ahora, la autoridad judicial acaba de tomar medidas cautelares en Intervida, la tercera ONG en importancia en nuestro país, por su volumen de negocio aportaciones. Al parecer, hay indicios racionales de desviación de 45 millones de euros procedentes de apadrinamientos de niños, equivalentes a casi siete mil quinientos millones de pesetas. Los administradores han sido apartados de la ONG y la jueza encargada, María del Pilar Calvo Resel, del Juzgado de Instrucción número 17 de Barcelona, ha nombrado a tres administradores judiciales para gestionar la entidad. Aunque en realidad, Intervida no es una sola entidad, sino un entramando de ellas: Fundación Privada Intervida y la Fundación Cuna, ambas inscritas en Cataluña, las fundaciones estatales Metrópoli, Universal y Ecoplanet, la Asociación de Ayuda al Tercer Mundo Intervida y la Intervida World Alliance-Inwa, de carácter internacional pero inscrita en el Ministerio de Interior.

La jueza también ha permitido reclamar a los donantes. La pregunta que surge es cómo demostrará la empresa que la aportación económica de cada uno de los donantes que reclamen ha sido empleada adecuadamente. Pues de lo que no cabe duda alguna es de que Intervida hacía el bien donde decía que lo haría. ¿Pero en la cuantía que anunciaba? ¿Cuántos donantes van a reclamar; el 10%; el 20% o el 50%? Porque el 100% no lo harán nunca por un mero aspecto estadístico de la cuestión. ¿Y cómo podrán demostrar los donantes que su dinero no fue a donde debía? No podrán, en absoluto. Porque, entre otras cosas, tal vez no hubo desviación alguna.

El presidente de Cruz Roja España, Juan Manuel Suárez del Toro, se ha apresurado a indicar que considera que el presunto desvío de fondos detectado en Intervida «no es bueno» para las organizaciones no gubernamentales con fines humanitarios. Parece que después de tan concluyente declaración ha iniciado sus vacaciones estivales.

Pero quién controla las ONG. Tal parece que la Ley 23/1998, de 7 de julio, de Cooperación Internacional para el Desarrollo es la fuente de la normativa en este renglón. En su disposición transitoria primera se habla de la estructura orgánica del Consejo de Cooperación al Desarrollo.

El Consejo de Cooperación al Desarrollo, creado por el Real Decreto 795/1995, de 19 de mayo, y reformado por el Real Decreto 21/2000, de 14 de enero, para adaptarlo a lo dispuesto en la Ley 23/1998, de 7 de julio, de cooperación internacional para el desarrollo, fue de nuevo reformado por el Real Decreto 281/2001, de 19 de marzo, sobre competencias, funciones, composición y organización del Consejo de Cooperación al Desarrollo, por el que se venía regulando hasta el momento. En su composición y en lo que se refiere a los agentes sociales, los seis miembros con que cuentan las organizaciones no gubernamentales de desarrollo serán el presidente de la Coordinadora de Organizaciones no Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD) y cinco personas designadas por esta Coordinadora, en tanto que organización representativa y aglutinadora del gran número de organizaciones no gubernamentales de desarrollo existentes en España.

Y cuando se le pregunta a la Coordinadora ONGD cómo saber que una ONG es de confianza, responde:”Las ONGD deben ser transparentes en el uso que hacen de los fondos. Para ello cada ONGD debe informar puntualmente a todas las personas que se lo soliciten, colaboren o no dentro de la organización. Las ONGD tienen que publicar sus Memorias y cuentas anuales explicando el destino del dinero. Muchas organizaciones se someten a auditorias externas de forma voluntaria.” Así que nos quedamos mucho más tranquilos. Aunque más tranquilizador aún sería que dijesen:” Tal Organismo verifica por muestreo la correspondencia entre todos los ingresos y el destino de todos los fondos de las ONG, con la colaboración necesaria de los bancos y cajas de ahorro, como hacen con la Agencia Tributaria.”

Pero organizaciones en las que los donantes que no se conocen entre ellos, no pudiendo por tanto sumar sus recibos y verificar que el monto de ingresos coincide con el monto del dinero empleado en sus obras sociales, no cabe por menos que confiar en su honestidad. Y a estas alturas, luego de varios años de ejercicio acumulando donaciones, los fondos que manejan algunas de ellas son de singular importancia y en llegando a ciertos niveles, cabe en lo posible que puedan originarse desviaciones como las supuestas en Intervida.

Pero quien quiera ayudar a sus semejantes a través de una ONG que lo siga haciendo. Si la finalidad del donante es absolutamente altruista, su generosidad se verá colmada. Si lo que quiere es obtener beneficios fiscales de su donación que lo haga también y pida un recibo. Y si lo que quiere es ayudar a tal o cuál causa concreta que vea la forma de hacerlo directamente a través de la ONG más directamente vinculada a ella.

Las ONG son de natural buena conciencia y hay que confiar en ellas. Aunque no por ello hay que dejar de fiscalizarlas contablemente.

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