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La última crisis del Gobierno de Rodríguez Zapatero
Domingo Delgado
La pasada semana el Presidente del Gobierno sorprendió a propios y extraños con un relevo de varios ministros.
No parece que hubiera razón objetiva en el cese de los ministros relevados, más allá de la crónica ineficacia de la titular de la cartera de vivienda, departamento al que la ciudadanía pide algo más que excusas para que justifique su existencia.
A decir del Presidente fue una decisión personal y meditada con antelación, lo que daría a la medida un perfil de hondo calado, y a su autor lo presentaría como un razonable y prudente gobernante siempre atento a las necesidades del interés general. Pero esa quizá sea la imagen que se desea transmitir, otra cosa es indagar en las motivaciones últimas de la decisión y del momento del cambio.
Se han dado razones de conflictividad con el sector del vino, en el caso de la ministra de sanidad, y con el sector del cine, en el caso de la de cultura; razón de mayor consistencia en el caso de la última que de la primera, cuyo relevo por Bernat Soria ha mostrado ser poco conciliador con sectores católicos. Pero en el caso del ministro Sevilla, creo que el primer sorprendido fue el mismo.
Por consiguiente, parece que las motivaciones son más estratégicas y cosméticas que manifiestas. Zapatero ha empezado su “prestigio político” en tratar de pactar con los nacionalistas centrífugos catalanes y vascos, procurando ajustar sus pretensiones a la estrategia electoralista de su propio partido. En Cataluña llegó a un acuerdo con la aprobación del nuevo Estatuto –pendiente de resolución de constitucionalidad por parte del Tribunal Constitucional-, y análoga medida pretendió con el nacionalismo vasco más civilizado, pero había de amansar a la “fiera etarra”, cuestión que al día de la fecha no sólo no se ha conseguido, sino que la “fiera” se ha crecido tras la tregua. Por ello, Zapatero está “políticamente tocado” ante el fracaso de la tregua, y la solución dada a la cuestión catalana, que resulta cuestionada incluso entre los suyos.
En este contexto, tras el debate del “estado de la Nación” en que Rajoy no estuvo a la altura de las circunstancias, el Presidente ha aprovechado la coyuntura para presentarse con iniciativa aparentando aún capacidad de resolución de problemas y sensibilidad social, de ahí la populista medida de la ayuda de 2.500€ de ayuda por cada nacimiento, adelantando por la derecha al propio PP, tratando de quitarle protagonismo en colectivos próximos.
Por tanto, sospechamos que la última crisis de gobierno ha sido más bien una estrategia de “resucitación”, a un año de las elecciones generales, aparentando más cambio que el realmente realizado, que le ha dado la iniciativa en la acción política tras un airoso resultado positivo del debate parlamentario del “estado de la Nación”, evitando ser noqueado por el PP. De ahí que las últimas encuestas le sigan dando preferencia de voto favorable frente al PP, que tendrá que revisar su estrategia de la “queja monocorde” si no quiere salir de la oposición.
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