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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Desde el atxukale

Rafel Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 16 de julio de 2007, 23:05 h (CET)
Existen ambientes y realidades que merecen ser contadas por su entidad cultural, social y antropológica. No importan que sean maltratadas por los medios informativos, con silencios y desidias; Mutriku representa una de ellas.

Habrá desaparecido el limbo, bastará con un mero registro en las fuentes eclesiásticas; sin embargo, que estemos en el limbo ya es una realidad de otro calado. El demonio se cuestionó, pero como hay tantos en ejercicio, nadie se atrevió a un pronunciamiento sobre su desaparición. Ahora bien, uno olvida enseguida los demonios y no se entretiene en los limbos, cuando se encuentra situado en lugares de ensueño. Mi propuesta de hoy tiene relación con todo esto. Tierra y ambiente, ancestros y labores marineras, ese núcleo de agregación social representado con la peculiar panorámica del Atxukale mutrikuarra.

El monte Arno es un piloto privilegiado. No sabemos de que radiaciones cósmicas dispondrá para marcar su territorio; sus estribaciones entroncan aquel fondo universal con la concreta manifestación de su entorno. Sus pronunciados declives demuestran su prisa para la conexión con otro gigante de concentradas energías, el mundo marino.

Con la evolución de las edades del hombre y la tenacidad del territorio, se han fraguado en esas laderas del Arno dos importantes mojones que otean la inmensidad cantábrica. Son como dos picachos simbólicos sin los cuales no sería fácil comprender el conjunto. Uno es el Calvario, con el privilegiado emplazamiento de la ermita, seña de identidad ligada a las actividades de este pueblo; desde sus alturas, la salve marinera propaga un emocionado respeto. Otro eslabón está constituido por el Cementerio; también ubicado en cotas elevadas, en ellas se funden los antecesores con las estribaciones para colaborar en esa panorámica vital. Representan dos pilares cruciales para toda la historia posterior y sus proyectos.

El muestrario de los caserios mutrikuarras refleja gran parte de las actividades complementarias instaladas a lo largo de muchos años. Sin embargo, por diferentes ramales se consolidaron pequeñas e intrincadas callejas con un mismo sentido radial centrado en el entorno portuario. Ese peculiar dibujo fue testigo de las principales vivencias ligadas a la pesca, logros y penurias, sufrimientos y alegrías, como la auténtica sede entrañable y familiar. Este intrincado laberinto de callejuelas y caserios es el asentamiento que imprimió un sello particular a las actuaciones. ¿Pasadas? ¿Futuras?¿Habrá alguna relación entre ellas?

La visión del Puerto representa una paradoja, la de su encajonamiento protector y su explícita apertura a las grandes aventuras, diarias y laboriosas, allende los más variados mares. Hasta ahora, el dique del Tambor fue el eje de esa paradoja; con esa frenética y terrible protesta de los encrespados oleajes. Con su deslizamiento habitual no esconden los levantamientos amenazadores de las grandes marejadas, trágicos en ocasiones, tremendas manifestaciones de la Naturaleza para cualquier observador.

Los amarres se modificaron con el tiempo, las barquichuelas actuales no significan ninguna equiparación con la vitalidad anterior, que siempre mantendrá una presencia viva en el recuerdo. ¿O tenderá a olvidarse? Echo de menos un testimonio más gráfico de los Ninfa, Pilartxo, Izarra Txiki y compañía, con alguno de ellos anclado para poder servir de museo, al estilo de Estocolmo con su buque Vasa. Otro ejemplo, ¿No les emociona contemplar las sogas con los nudos usados por la marinería?. Ya que sobran los testimonios, no debe tolerarse el olvido pausado del tiempo, estamos hablando de auténticas esencias.

Se avizoran las nuevas orientaciones hacia el puerto deportivo. Sus obras de ampliación y cambios de fisonomía, no debieran ensombrecer el calado de aquellas actividades ancestrales, deben hacerse compatibles con la conservación y el disfrute de lo imperecedero; si no en cuanto a labores de pesca, si como parte constitutiva de la raigambre percibida desde el Atxukale.

Hay amenazas latentes, o pueden ser percibidas como tales, al hilo de las reformas, en especial las del nuevo entramado portuario. ¿Qué pasará con las 7 playas? Acaso empecemos a contar sólo con 6, vista la poca relevancia y cuidados dedicados a la playa de Saturrarán. De todas formas, las transformaciones del nuevo puerto no dejan claras las buenas perspectivas para las restantes. Entre estos y otros cambios, cabe preguntarse por la mencionada idiosincrasia del complejo ciudadano. Mientras tanto, tampoco acaba de despuntar la solución para la angostura de los accesos, ni desde Guipúzcoa, ni desde Vizcaya. Se habla, pero verdea la solución. Como tarde me lo fiáis, más celebrada será su venida. A ver si aún es el aeroplano la mejor solución.

Con mejor talante, las celebraciones festivas adquieren una potente tonalidad popular. Citemos las fiestas de Julio por Madalenas, goitiveras, vaquillas, ciclismo, Calvarios con romerías de grandes recuerdos y, ¡Cómo no citar! esa proverbial aficción musical; así, las preces del cura llegarán con más fuerza a las alturas, el hervidero juvenil no descansa en la banda de música; y el canto se introduce por cualquier rendija, se airea por cada cantón. Los mentores y colaboradores merecen un sonoro aplauso, ya que estas actividades lúdicas son cada vez más necesarias, en Mutriku, en Euskadi o en Alicante.

A partir de aquí me permito una pregunta sobre la vocación de todo un pueblo, una invitación a palpar de cerca estas realidades, y también un lamento que pasaré a detallar. Es la VOCACIÓN una empatía entre diversas entidades; tratándose del ámbito mutrikuarra, ensamblará aquellas magníficas orografías desde el Arno al Cantábrico, el sentir de sus gentes y la labor diaria a realizar. Con estos aires actuales de cambios acelerados, cambian los hábitos pesqueros, surgen otras actividades y por ese mismo motivo lanzo la interrogación sobre la futura vocación dominante en Mutriku.

En cuanto a la INVITACIÓN, diré que es curiosa la maliciosa tendencia a la uniformidad, no intentan otra cosa los detentadores de algún tipo de poder. De ahí mi interés en percibir con toda su fuerza la personalidad de esta realidad que comento, vista desde el Atxukale. Es mucho más diversa y atrayente, me limité a esbozar su interés. Este es triple, estético, antropológico e inspirador de una vida mejor, más bonancible.

La extrañeza del LAMENTO radica en el maltrato informativo, el desdén de las cadenas autonómicas de televisión hacia el núcleo concreto de las realidades mutrikuarras. Desde las transmisiones de ciclismo, pasando por los eventos festivos o culturales, hasta la panorámica peculiar de las vivencias específicas; no, no son las cadenas autonómicas una fuente preferente de información. Es una desidia triste y lamentable a la que no veo justificación. Al menos, uno lo percibe así desde la cercanía.

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