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El equipo errante
Antonio Álvarez Rodrigo
Ciudad de Murcia, Granada 74… y ahora ¿Ciudad de Toledo? El culebrón del verano en la Segunda División es saber donde jugará el equipo que Enrique Pina vendió a Carlos Marsá. Como si el equipo tuviera la rabia o la peste del insomnio que Gabriel García Márquez relata en su obra magna “Cien años de soledad”, ningún alcalde quiere acoger a este club en su ciudad.
El Granda 74 no podrá jugar en el estadio de Los Cármenes porque no recibe el consentimiento del ayuntamiento. O sea, José Torres Hurtado, alcalde de Granda, está privando a sus ciudadanos de ver fútbol de Segunda División porque el alcalde no es amigo de Carlos Marsá. Al igual que los murcianos se quedaron sin su Ciudad porque Miguel Ángel Cámara, regidor de Murcia, era más afín a Jesús Samper que a Enrique Pina.
Quizás los corregidores se deberían percatar de que en estos temas deportivos no pueden hacer lo que a ellos les venga en gana, mezclando intereses personales, pues, al fin y al cabo, se deben a sus ciudadanos que son los que introducen las papeletas en la urnas cada cuatro años y no a sus “amigotes”. Aunque, después de los casos de corrupción que han saltado a la actualidad durante los últimos tiempos, todo ésto ya no resulta tan extraño.
En definitiva, que estamos a punto de que los equipos comiencen sus pretemporadas y el conjunto que dirigirá Antonio Tapia todavía no sabe donde jugará como local. Ahora suena Toledo, y el mítico Salto del Caballo como escenario. Esperemos que el máximo mandatario de la ciudad castellana-manchega sepa aprovechar esta gran oportunidad.
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