Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Libros
Etiquetas:   Crítica literaria  

Manoleras

Roberto Montero Glez.
Redacción
jueves, 1 de noviembre de 2007, 07:50 h (CET)
Mi abuelo, por parte de madre, zapatero remendón del barrio de los Cuatro Caminos antes lo fue en Tetuán de las Victorias, cuando soltero. Se llamaba Juan aunque todos le llamábamos Ángel. Cuando le pregunté el porqué, me dijo que era como homenaje a Manolete, el torero, pues la primera vez que Manolete se presentó en Madrid fue con el nombre de Ángel Rodríguez.

Con el tiempo descubrí la verdad de la mentira y aunque mi abuelo era aficionado a los toros más lo era a la justicia social que le llevó a luchar en el bando de Durruti, en el Madrid del ¡No pasarán! Después de la guerra, cambió de nombre para sobrevivir.

La primera vez que Manolete se presentó en Madrid lo hizo en una becerrada en la Plaza de Tetuán de las Victorias. Fue el 2 de Mayo de 1935 y apareció en el cartel como Ángel Rodríguez. Según mi abuelo, que estuvo allí, al chaval le quedaba mucho por aprender todavía pero ya apuntaba la quietud y el manejo del riesgo cuando llegaba la hora de ejecutar la Suerte Suprema.

En estos días, me he vuelto a reencontrar con mi barrio, Tetuán de las Victorias, el trozo ajardinado de lo que en su día fue la Plaza de Toros que se destruyó en guerra. Y he vuelto a ver a mi abuelo con su Celtas corto entre los labios, en el tendido de sol, disfrutando de la becerrada de Mayo. Y eso se lo debo al libro de Fernando González Viñas, el titulado Sol y sombra de Manolete, la biografía más definitiva de todas las escritas hasta ahora sobre las peripecias del “Monstruo” y que acaba de aparecer publicada a un precio tan popular que da vergüenza robarla. El prólogo es del cineasta Jordi Grau, el del felpudo de la Cantudo, y las maneras finas con las que está escrito no hacen sino desear leer el resto del libro.

El título hace alusión a la película que nunca llegaría a ser estrenada: Sol y sombra de Manolete, bajo la dirección del gran Abel Gance, francés de mérito y primero en utilizar la pantalla dividida. Entre sus títulos cabe destacar el de Napoleón, cuatro horas de celuloide que son un referente del cine mudo. Y ahora vamos al tema pues el bueno de Fernando González Viñas sostiene que el mito murió matando y que el destino del mito no era otro que el de convertirse en leyenda. Por lo mismo, el libro arranca con la muerte de Manolete en la Plaza de Linares.

28 de Agosto de 1947, Manolete vestía de rosa palo y oro. Islero era todo luto y España entera lloraba los colores de la sangre. También sostiene González Viñas que ese mismo día acabaría la posguerra.

Escrita sin plomo en la pluma, valga el juego de palabras, y con una agilidad heredera de ese otro Manolo, me refiero a Vázquez Montalbán, esta biografía Manolera será un referente cada vez que se hablé del Monstruo. Y para todo aquél que aún tenga prejuicios y no le gusten los toros, sólo decir que le va a gustar esta biografía Manolera y, lo que es mejor aún, le van a gustar los toros. Y entenderá, después de leerla, el porqué del absurdo prejuicio ante la tauromaquia.

Los toros existen antes de Franco, de Rajoy, de Aznar, de Solana y de Fernando VII. Los que luchan por el poder temporal siempre intentarán instrumentalizar lo popular a su favor. Así, durante mucho tiempo, los toros han sido considerados de derechas, como el flamenco y no sé cuántas cosas más. Gracias a libros como el escrito por González Viñas, se rompe el argumento mongoloide antitaurino y la tauromaquia vuelve donde merece, o sea, a situarse como una de las bellas artes que junto con el flamenco y el vino llenan de gloria la españolidad.

Con un respeto supremo, Fernando González Viñas cita cada una de sus fuentes haciendo de la biografía de Manolete un libro preñado de libros y referencias. Y lo consigue con la humildad de los grandes y no como el que desparrama datos de forma frívola para que veamos su erudición en el tema. Desde la fidelidad, este paisano estoico del Séneca que uno se complace en que le tenga como amigo, ha elaborado la mejor biografía escrita hasta la fecha sobre el Monstruo. Y mira tú que hay.

Leyéndola, me entero, entre otras cosas, de que la verdad de la mentira que un buen día me contó mi abuelo para salir del paso, no fue mentira como tampoco verdad, sino un error tipográfico. Se equivocaron en la imprenta y eso fue lo que le llevó a Manolete a convertirse en el Ángel Rodríguez de los carteles de su primera becerrada en Madrid. Y también me entero del error que cometieron mis antepasados en matarse entre ellos y hacernos perder la paz durante tres años. Tiempo de vergüenza que al día de hoy revive la puta clase política, la misma que instrumentaliza nuestra expresión más popular: la tauromaquia.

Noticias relacionadas

“Si se hablara más de arte y menos de política, el mundo andaría mucho mejor”

Entrevista a la escritora Daína Chaviano

21 problemas de liderazgo resueltos por Javier Imbroda

Alienta publica 'Entrenar para dirigir'

Minio ya no está

Un poema de Aurora Varela

Laberintos

Un poema de Esther Videgain

Zenith publica 'Kalsarikänni', de Miska Rantanen

El arte finlandés de pimplar en gayumbos y encontrar la felicidad
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris