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Bienvenido mister Woody Allen

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 12 de julio de 2007, 22:41 h (CET)
¡Qué me aspen si los entiendo! Señores, he llegado a desconfiar de la lógica natural como una forma sin aditamentos para discurrir adecuadamente. Hasta hace poco estaba convencido de que, en Catalunya, existía una predisposición natural de rechazo hacia todo lo que nos venía de allende los mares y, en especial, de cuanto nos llegara de los “detestados” EEUU, para muchos considerados como un lugar de analfabetos, ignorantes y de bajo coeficiente intelectual. Todavía recuerdo a la familia de artistas Bardem a la cabeza de las manifestaciones contra la guerra de Irak, vociferando contra el imperialismo yanky. Si no recuerdo mal, no hace mucho que se creó una ley para proteger al cine español. Vaya, es un decir, porque que yo sepa, salvo contadas excepciones, en este país no se hace nada que se pueda considerar, ni por asomo, como cine de verdad; más bien algunos intentos de directorcillos progres que suelen acabar perjeñando unos horribles bodrios capaces de hacer perder la afición al más cinéfilo. Pero sí, en verdad hay una ley (socialista, para más información) que dice que nos va a proteger contra las películas que nos vengan de fuera (falta saber quien será que nos protegerá de las nuestras).

Pero, vean por donde, se ha producido un acontecimiento extraordinario que merecería ser reseñado en las efemérides más importantes de este, recién inaugurado, siglo XXI. Devolviendonos el viaje que, en 1492, les hizo nuestro ínclito navengante Cristóbal Colón, ha recalado en nuestra tierra– no me atrevo a decir en España– uno de los bonzos del cine noteamericano; un líder en su patria y un monstruo de la pantalla. Nada más y nada menos que el señor Woody Allen. Un director, un guionista y un artista genial, que completa su curriculum con una acendrada afición al clarinete, que toca habitualmente con su propia banda. Debo decir, a fuer de sincero, que también ha demostrado ser un redomado “pelota” que ha sabido, con suma habilidad, meterse en el bolsillo a las autoridades del Tripartit catalán y, como no, a algunos ministros del Gobierno central. Hasta aquí nada de particular, si tenemos en cuenta que todos los gobiernos, y más si son socialistas o comunistas, en cuanto huelen a dólares se les hinchan las narices y se olvidan de todas las habituales zarandajas esas de la lucha de clases, la igualdad y la batalla contra al capitalismo; para intentar arrimarse a quien les puede convertir en nuevos ricos que, en definitiva, es de lo que se trata.

Pero vean ustedes que, precisamente, de aquellos de quienes esperábamos una reacción visceral en contra del competidor americano; una verdadera demostración de repulsa y rechazo hacia el representante de la odiada, capitalista y atrasada América, y la inmediata petición, al señor Zapatero, de que tal elemento fuera expulsado de inmediato de nuestra patria y, aún con mayor rapidez, de la independentista, comunistoide y libertaria Catalunya; nos encontramos, para asombro de propios y extraños, con que, en contra de su inveterado odio contra los ricos, los empresarios y los opulentos capitalistas, toda esta pléyade de los de la farándula no sólo no lo han repudiado, sino que se han rendido a sus pies pidiendo,¡qué digo!, implorando, que les tenga en cuenta para algún papelillo, aunque sea de comparsa, con tal de que sus nombres puedan figurar entre los ilegibles rótulos que siempre salen al final de las películas. Recibimiento de campanillas, con la presencia de los atrabiliarios consellers del Tripartito, los más terribles antisistema y enemigos declarados del señor Bush, que se deshicieron en sonrisas ante su majestad Allen, intentando chapurrear algo de inglés y, cuando no les salía, supliéndolo con una sonrisa idiota de disculpa y un encogimiento de hombros, que suele ser la forma habitual de disculparse de los paletos. Tampoco faltó la defenestrada ex–ministra de Cultura, Carmen Calvo, para hacer el correspondiente paripé y lucir el correspondiente modelito de la Vogue.

El visitante se mostró satisfecho de rodar en España (un lapsus lo tiene cualquiera, porque nombrar España en Catalunya es lo mismo que mentar la bicha en Andalucía), luego quiso hacer una fase para la posteridad diciendo que veía a Barcelona de la misma forma que hizo con Manhattan; con lo que se metió en el bolsillo a todos los de la Esquerra Catalana que se les caían las babas por los belfos como si fueran simples equinos. Pero ustedes seguramente se preguntarán, ¿y de la Bardem y su hijo qué? Pues nada, nada en absoluto, ni un susurro, ni una tos, ni tan siquiera un hipido. Pero no se maravillen de tan curiosa y antinatural actitud de la Bardem, la Pasionaria del siglo veintiuno; porque todo tiene su explicación y, en este caso, es muy sencilla: su retoño, el furibundo anti PP, el Juan Centella de los progres; señores, el fiel amigo de Zapatero ¡tiene un papel importante en el proyecto del señor Woody Allen! ¿Cómo iban a tirar piedras contra su propio tejado? ¡Todo tiene un límite! Está muy bien ir a manifestaciones antiamericanas; es muy saludable asaltar sedes del PP e, incluso, no está mal hacer declaraciones incendiarias contra los ricos, los poderosos, los que tienen el ochenta por ciento del dinero del país, hasta que… hasta que le tocan su propio bolsillo. ¿Cómo iba el señor Javier Barden a precindir de su cochazo o de sus magníficos trajes o de sus sustanciosas cuentas en los bancos?, sí, sí, precisamente aquellos a los que tanto criticaba de cara a la galería, pero que, no obstante, no vayamos a equivocarnos, es el mejor lugar para tener guardado el dinero propio.

Y es que, señores, los que tanto se quejan de las competencias que nos hacen las películas americanas, los que se pasan la vida pidiendo que haya una cuota detrminada de basura, o sea, de cine español; los que, en sus apariciones en público, sea en manifestaciones o sea en espectáculos, se rasgan las vestiduras ante el poderío americano; estos mismos se vuelven locos cuando los llaman desde allí para trabajar, aunque sólo sea de botones, en alguna de las películas yankis. Vean, vean, a la Lloll Bertan, al Lluis Homar y a la Mireia Ros (todos ellos catalanes y progres) como no han hecho ascos a trabajar con el señor Woody Allen. Siempre lo mismo, siempre prima el “ande yo caliente” y “la pela es la pela” ¿Qué le vamos a hacer? Suetonio ya dijo “el dinero no huele”.

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