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Consecuencias climáticas equiparables a las nucleares bélicas

Víctor Danílov-Danilián
Redacción
miércoles, 11 de julio de 2007, 23:13 h (CET)
Los cambios climáticos que se operan en el planeta, son siempre menos pronosticables.

El mundo ya hace balance de los daños que conllevan los cataclismos ambientales ocasionados por el calor anormal, inundaciones, sequías, huracanes y tornados. Según datos facilitados por el Ministerio para Situaciones de Emergencia de la Federación de Rusia, en el último decenio los cataclismos en el mundo se han duplicado: testimonio evidente de los trastornos climáticos.

A veces se adelantan argumentos a favor de que se trata de un fenómeno normal, que todo se debe a la variabilidad del clima que ha existido y existirá siempre. Hay quien alega al carácter abstracto de nuestros conocimientos y otras cosas por el estilo. Pero debemos mantenernos alerta frente al riesgo climático equiparable al de una guerra nuclear precisamente en el contexto de esa ambigüedad.

El caldeamiento global es un hecho que no puede ser ignorado, pero tampoco se debe olvidar que todo el sistema climático está desequilibrado. La temperatura global promedio de la atmósfera en contacto con la superficie se halla en constante ascenso, lo mismo que los cataclismos. En Rusia, como en muchos otros países, son siempre más frecuentes crecidas e inundaciones de consecuencias catastróficas que ocasionan más de la mitad de las pérdidas económicas, secuela de todos los peligrosos fenómenos hidrometeorológicos.

En el territorio del Distrito Federal Sur de Rusia las inundaciones y las sequías se alternan: las altas crecidas en la primavera y abundantes lluvias a comienzos del verano provocan inundaciones, pero luego durante los tres meses sucesivos no cae una sola gota de agua. Tal situación amenaza al Kubañ y al Territorio de Stávropol, dos importantísimos graneros rusos, y se traducirá en la pérdida de cosechas muy sensible para la economía del país. Tales guiones, secuela de los anormales desastres climáticos cada vez más frecuentes, conducen a desequilibrios económicos. Según evaluaciones del Banco Mundial de Reconstrucción y Desarrollo, en Rusia los daños anuales causados por diversos fenómenos hidrometeorológicos, incluidas las alteraciones climáticas, se calculan en 30-60 mil millones de rublos.

También el Extremo Oriente de Rusia, comprendidos los Territorios de Jabárovsk y Primorie, Kamchatka, Sajalín y las Kuriles, están expuestos a inundaciones, que, por lo regular, son consecuencia de tifones. Las inundaciones costeras invernales son muy características para los ríos de la cuenca del Océano Glacial Ártico. En 2001, como resultado del desbordamiento del Lena, el mayor río euroasiático, fue derrumbada la ciudad portuaria de Lensk. Se tuvo que evacuar a sus habitantes, construir una ciudad nueva con todas sus infraestructuras. Las pérdidas fueron enormes.

Por término medio, en Rusia el ascenso de la temperatura se registra a nivel de un grado, pero en Siberia es considerablemente más alto (4-6 grados). Como resultado, la frontera del permafrost migra hacia el Norte. Ya se registran procesos negativos relacionados con ese fenómeno, por ejemplo, se modifica la frontera entre la taigá y los bosques-tundra, por un lado, y la que pasa entre los bosques-tundra y la tundra. De comparar las fotografias hechas desde cosmos hace 30 años con las actuales, es evidente que las fronteras de esas zonas están replegándose hacia el Norte. Esta tendencia pone el peligro no sólo los oleoductos de línea, sino en general toda la infraestructura de Siberia Occidental y Noroccidental. Actualmente, la magnitud de esos trastornos no ha alcanzado aún el nivel desastroso para la infraestructura como consecuencia del derretimiento de los estratos gélidos, pero hay que prepararse para un desenlace peor.

El ascenso de la temperatura amenaza con engendrar colosales alteraciones en la biota (término que designa al conjunto de especies de plantas, animales y otros organismos) que comenzará a sufrir cambios de extraordinaria repercusión. Si el ascenso de la temperatura se mantiene a tan altas magnitudes, algunos ecosistemas se verán sustituidos. Por ejemplo, en lugar de bosques coníferos aparecerán foliáceos. Y debido a que el calentamiento viene acompañado de la inestabilidad climática, las temperaturas estivales podrán ser más altas y las invernales más bajas aún. Tales condiciones son dañinas para los bosques de ambos tipos: el calor es nocivo para los coníferos, mientras los inviernos fríos, para los foliáceos. Por esta razón, el proceso de cambio de la naturaleza hasta la estabilización del sistema climático promete ser dramático e inestable en extremo.

El ascenso de la temperatura es un factor muy peligroso para los pantanos y el permafrost acelerando el proceso de emisiones de dióxido de carbono y metano originarios de los mismos. Como consecuencias del caldeamiento los gasohidratos en el zócalo de los mares septentrionales degenerarán en gases, lo que aumentará el efecto invernadero en la atmósfera y, por consiguiente, reforzará ese proceso.

Como resultado de los abruptos cambios se está deteriorando el equilibrio ecológico, las condiciones de vida de muchos animales y plantas, por ejemplo, se reducirá el área habitada por osos blancos. Dentro de 20-40 años millones de gansos, eíderes y otras aves podrán perder la mitad de lugares de anidamiento. Como resultado del ascenso de la temperatura en 3-4 grados, la cadena nutriente del ecosistema de la tundra podrá experimentar cambios irreparables afectando a muchas especies.

Uno de los efectos más fastidiosos del calentamiento global es la invasión, rasgo característico del cambio de la biota que consiste en que en los ecosistemas comienzan a penetrar especies ajenas, por ejemplo, está avanzando hacia el Norte un insecto tan dañino como la langosta y su invasión ya amenaza a la Provincia de Samara (Región del Volga) y otras zonas del país. También se ha ampliado mucho la zona de invasión de garrapatas. Cabe señalar que los insectos dañinos están migrando con más rapidez al Norte que se repliega la frontera de la taigá y los bosques-tundra. Al penetrar en los ecosistemas ajenos, actúan como especies-gángster (término científico) eliminando todo mediante su activa reproducción. Es indudable que los cambios climáticos crean condiciones favorables para todos estos fenómenos negativos y estimulan la propagación de enfermedades. Por ejemplo, el mosquito anofel, habitante de las zonas subtropicales, ya alcanzó la Provincia de Moscú.

Algunos científicos afirman que el repliegue de la frontera agrícola al Norte sirve a los intereses económicos de Rusia. En realidad, se prolonga el período de vegetación, pero el efecto es insignificante, porque este momento positivo podrá llevar implícito el creciente riesgo de fuertes heladas primaveras que se traducirá en fracasos de cultivos.

¿Tal vez, el calentamiento permita a Rusia ahorrar energía eléctrica en la calefacción? A este respecto es útil rememorar el ejemplo de EEUU que en el acondicionamiento de aire gasta más energía que Rusia en la calefacción.
La humanidad ya no podrá darse el lujo de pasar por alto la grave amenaza del cambio climático. Es imposible tratar de enfrentarse a la naturaleza. Pero sí, se puede disminuir al máximo el daño que la gente ocasiona a la naturaleza, problema que fue incluido en la agenda política del siglo pasado. En 1988 la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) constituyeron el Grupo intergubernamental sobre cambio climático: foro que agrupa a miles de científicos, incluyendo rusos. En 1994 entró en vigor la Convención Marco de la ONU sobre el cambio climático respaldada a la fecha por 190 países que determinó lineamientos de la cooperación internacional, cuyo primer fruto fue el Protocolo de Kyoto aprobado en 1997. Es indudable que la intensa actividad económica ejerce influencia negativa en el clima. El Protocolo de Kyoto planteó la tarea de reducir la carga antropógena sobre la atmósfera deteniendo las emisiones de gases nocivos (CO2, metano y otros). Tras haber ratificado el Protocolo de Kyoto, Rusia con otros 166 países contribuye a cumplir la tarea planteada. ¿De qué forma? Mediante la introducción de nuevas tecnologías "limpias", elevando la cultura de trabajo y vida. Indudablemente, el saneamiento de la atmósfera por la humanidad ayudará a restablecer el equilibrio climático.

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Víctor Danílov-Danilián, director del Instituto de Hidrología, para RIA Novosti.

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