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Opinión
Etiquetas:   Con el telar a cuestas  

La rutina u otro, el mismo

Ángel Sáez
Ángel Sáez
lunes, 9 de julio de 2007, 22:38 h (CET)
Una docena o decena (no es mi propósito exagerar; por eso, aunque se enfade conmigo algún conciudadano o paisano mío, reconozco que en todo algasiano anida o subyace un tipo muy dado a la hipérbole) de lectores habituales de las urdiduras (o “urdiblandas”) de servidor (a usted no se le escapa, para unos E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros) han juzgado oportuno dirigirme sendos correos intentando averiguar las razones auténticas por las que he dejado de escribir a diario mis artículos de opinión, porque no se tragan las aducidas otrora por el menda. Voy a esgrimir en los dos parágrafos que siguen a éste un texto alegórico-metafórico para ver si logro persuadirles, porque, como todo hijo de vecino o quisque con dos dedos de frente sabe (o debería saber), Demócrito de Abdera dijo o dejó escrito que “la mayor victoria que un hombre puede alcanzar es vencerse a sí mismo, y la más desastrosa derrota es ser vencido por sí mismo”; Pedro Calderón de la Barca sentenció que “vencerse a sí mismo un hombre es tan grande hazaña que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla” y que “vencer y perdonar es vencer dos veces”; y ya, para coronar, Victor Hugo trenzó aquello, incontrovertible, de que “nada tan estúpido como vencer; la verdadera gloria está en convencer”.

Una vez más, vuelven a sonar y resonar los acostumbrados y recurrentes acordes de esa melodía que me machaca los oídos y da la lata o late en mis sienes. Otra vez las circunstancias han decidido coaligarse; y quien habla de circunstancias y de coaliciones, seguramente, quiere referir que los astros se han alineado para plagiar nuevamente el guión y la función, y, asimismo, para volver a filmar y firmar una nueva versión, otra, de “Cómo hacer una cesta”.

De nuevo, otros/as mimbres (diferentes, sí, pero semejantes a los/as anteriores y a los/as posteriores), en las mismas manos del artesano, vienen a torcerse y retorcerse para acabar convirtiéndose o metamorfoseándose en el mismo, mas distinto, cesto o canastilla.


Post Scríptum

Insisto en que los textos que he urdido, urdo y/o vaya urdiendo durante el estío y aparezcan aquí serán todos ficticios, salvo que porten nota que exprese lo contrario, claro.

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