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Yo quiero ser dewardista

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 9 de julio de 2007, 11:38 h (CET)
A todos aquellos que nos hemos educado bajo la égida del cristianismo, y aunque no con tanta fuerza como en el protestantismo, se nos ha inculcado que el sufrimiento es la base del éxito. Nuestra moral judeo-cristiana establece desde hace siglos que el sacrificio y el dolor nos ayudaran a triunfar en la vida. Los padres que intentaban desasnarnos en aquellos colegios religiosos que olían a acido úrico, desinfectante y berza hervida intentaban inculcarnos cada día el concepto de pecado y sacrificio como muestra del camino que debíamos seguir para triunfar en esta vida y disfrutar en la otra de la visión de Dios por toda la eternidad. Difícil nos lo ponían, tanto que algunos pronto nos dimos cuenta que aquella manera de vivir no iba con nosotros y que no queríamos un camino lleno de espinas para llegar a la cima de una montaña en la que estuviéramos más solos que la una.

Años más tarde, ya en la Facultad y mientras nos peleábamos con los textos del denominado Derecho Natural, ahora Filosofía del Derecho, nos decantamos por aquellas corrientes filosóficas que no nos amenazaban con fuegos eternos ni con castigos ni nos ofrecían una presunta vida eterna a base de sacrificarnos en la actual. El hedonismo y los epicúreos pasaron a ser nuestros santos de cabecera, no entendíamos que cada día tuviéramos que sacrificar nuestra felicidad para ser felices. Queríamos la felicidad y el éxito sin tener necesidad de hipotecarlos al sacrificio. Pero todo esto se nos hacía, y se nos hace difícil, llevarlo a la práctica. Cada mañana, desde que el despertador resuena en lo más recóndito de nuestro cerebro, comenzamos una serie de renuncias y vamos hipotecando, trozo a trozo, nuestra felicidad en favor del sacrificio. La misma sociedad nos lo hace saber en cada momento, ya Dios en el Edén le dijo a Eva aquello de “parirás con dolor” y al padrecito Adán que “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Solo había dos humanos en el mundo y un ser supremo ya comenzó a jodernos la vida a toda la humanidad.

Por todo ello el otro día al descubrir la filosofía dewarista me dije: estos son de los míos. Hace más de 100 años que Tommy Dewar se hizo la siguiente pregunta: “¿Y si el verdadero éxito fuera alcanzar la cima disfrutando del camino?”. Disfrutar del camino, esta es la cuestión, llegar sin padecer, llegar disfrutando. El camino de la vida puede ser disfrutado sin tener que renunciar al éxito. Esta es la base del “Dewarism”, doctrina social, política y económica, basada en los escritos de Tommy Dewar. Este primer dewarista fue político, coleccionista de arte, filántropo, escritor y se convirtió en una figura pública en su época, dedicándose a expresar su particular modo de entender la vida y su pensamiento en los principales periódicos de la época.

Mis primeros conocimientos de esta doctrina o particular manera de entender la vida fueron hace unos días cuando acudí a un acto social en el que el diseñador Custo Dalmau expresaba su adscripción a esta corriente filosófica que, según él “combina inteligencia y pragmatismo, dos valores que trato de aplicar a mi propia vida”. Verónica Blume, excelente modelo de largas piernas, lucía una camiseta negra diseñada para la ocasión por Custo. En el admirable trasero de la modelo pude leer “Unas largas piernas suelen ser el camino más corto”. Les juro que las piernas eran largas y dignas de una también larga admiración pero el corto camino todavía no se por donde anda porque a continuación en otro admirable cuerpo, este el de Clara Mas, pude leer “disfruta ahora, otro ahora está llegando”. La primera frase es del propio Custo, la segunda pertenece al Dewarismo 36 ya que esta doctrina, a semejanza del Opus, también tiene sus máximas.

La carrera y la vida de Custo Dalmau tienen una cierta semejanza con la trayectoria vital y empresarial del fundador del Dewarismo. Ambos han conseguido convertir sus iniciales empresas locales en una marca global sin perder para nada la capacidad de hacer negocios disfrutando de la vida, la vida para ambos ha sido un juego pero ni Custo con sus mundialmente conocidas camisetas ni Tommy Dewar con su White Label olvidaron, en el momento apropiado, que hasta en los juegos hay que ganar. Tal vez por ello el dewarismo 17 dice aquello de “Nunca preguntes cómo va el negocio, sino dónde está”. No hay duda que alguien en esta mezcla de camisetas y whisky, aderezada con una presunta y hedonista corriente filosófica, ha pasado de preguntarse dónde está el negocio a lanzarse sobre él con todas sus fuerzas. Yo, de momento, me apunto a este dewarismo, seguidor, en algunas cosas, de aquel Epicuro de Atenas para quien el placer era el bien primero. Hoy el viejo filósofo ateniense en lugar de túnica luciría un colorido Custo y en su copa en lugar de un vino de resina tendría un dorado whisky. Creo que son muchos los seguidores del dewarismo que lo son sin saberlo. Vivir bien nos gusta a todos pero todos no pueden hacerlo.

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